El tobillo de Laura mejoró lo suficiente para poder caminar distancias cortas. Alejandro insistió en acompañarla en su primer paseo.
El paisaje brillaba bajo el sol. La nieve crujía bajo sus botas y el aire era tan puro que dolía respirar.
—Es el lugar más bonito en el que he estado —dijo Laura.
—A mí me parecía vacío —respondió él.
Laura entrelazó sus dedos con los suyos.
—Ya no lo está.
Alejandro la miró con una intensidad que la dejó sin aliento.
—No sabes lo que has cambiado desde que llegaste.
—Tú tampoco sabes lo que has cambiado tú.
Se detuvieron en un mirador natural. Las montañas se extendían hasta perderse en el horizonte.
Laura sacó la cámara y lo fotografió sin avisar.
—¿Por qué haces eso?
—Porque quiero recordar cómo me miras.
Alejandro la atrajo hacia sí y la besó bajo el cielo azul de invierno, mientras el mundo parecía detenerse solo para ellos.