Laura nunca había odiado tanto una ciudad.
El ruido, el tráfico, la prisa… todo le parecía ajeno después de la calma de las montañas.
Entregó el reportaje con éxito. Sus jefes estaban encantados.
—Es el mejor trabajo que has hecho —le dijeron.
Pero ella solo pensaba en un hombre moreno de ojos color avellana que partía leña al amanecer.
Una noche abrió su portátil para escribir otro artículo.
Pero no pudo.
Porque el único lugar sobre el que quería escribir… era el que había decidido dejar.
Y el único hombre sobre el que quería escribir… no estaba allí.
Esa misma noche compró un billete.
Solo ida.