El día comenzaba con una brisa fresca, de esas que invitan a caminar sin rumbo fijo. Noa estaba en la universidad, terminando una de sus clases más pesadas, cuando sintió una palmada en el hombro.
–¿Listo para un descanso? –preguntó Ethan con su sonrisa cálida de siempre.
Noa asintió con una leve sonrisa. Últimamente, se había sentido más cómodo con Ethan, al punto de que el contacto físico ya no le resultaba raro. Caminaban juntos hacia la cafetería, bromeando sobre sus profesores y las clases interminables.
Mientras esperaban sus cafés, Ethan se inclinó un poco más de lo normal hacia Noa.
–Me he dado cuenta de que últimamente pasamos más tiempo juntos. Me agrada.
Noa lo miró con curiosidad antes de responder.
–Eres una de las pocas personas con las que puedo hablar sin preocuparme por ser juzgado. Se siente... bien.
Ethan sonrió ante la confesión. Noa no era de los que expresaban fácilmente lo que sentían, así que cualquier pequeño gesto o palabra significaba mucho.
El resto del día transcurrió con normalidad hasta que, por la tarde, decidieron estudiar juntos en la biblioteca. En algún momento, mientras revisaban unos apuntes, Noa, sin darse cuenta, apoyó su cabeza en el hombro de Ethan. Este se quedó inmóvil por un instante, sintiendo una calidez inesperada en su pecho. No quiso moverse, disfrutando del momento.
–Si te incomodo, dímelo –murmuró Noa, notando que no había pensado antes de actuar.
–No me incomoda en lo absoluto –respondió Ethan con una sonrisa.
La interacción entre ellos se volvía cada vez más natural. Noa no lo notaba del todo, pero Ethan sí. Se estaba enamorando poco a poco.
Más tarde, Noa decidió visitar a Jack y Max. Como siempre, la dinámica entre ellos era un ir y venir de bromas.
–Míralo, todo un estudiante universitario ocupado –bromeó Jack al verlo entrar.
–¿Y tú qué? ¿No tienes nada mejor que hacer que molestarme? –replicó Noa, tomando asiento sin invitación.
Max soltó una carcajada mientras le pasaba un refresco.
–¿Y qué tal la vida universitaria? –preguntó Jack.
–Bueno, la verdad es que es bastante estresante, pero he tenido ayuda –respondió Noa, sin pensar demasiado.
–Déjame adivinar –intervino Max con una sonrisa maliciosa–. Ethan, ¿verdad?
Noa rodó los ojos.
–Sí, Ethan. No sé qué les molesta tanto, es un buen amigo.
Jack alzó una ceja.
–No es que nos moleste, pero Lucas… ya sabes. No parece llevarse bien con él.
Noa suspiró.
–No entiendo qué tiene Lucas en contra de Ethan. Es decir, el tema ya se solucionó un poco, pero sigue sin gustarle.
Jack y Max intercambiaron miradas.
–Solo ten cuidado –dijo Jack, alzando su refresco en señal de brindis.
Noa no pudo evitar sonreír. Sabía que lo decían porque le querían. Se sintió agradecido de tenerlos en su vida.
Cuando regresó a casa, revisó su teléfono. Un mensaje de Ethan aparecía en la pantalla:
Ethan: ¿Sigues despierto? Me sobró comida, ¿quieres que te lleve algo?
Noa sonrió para sí mismo antes de responder.
Noa: No hace falta, pero gracias. Nos vemos mañana.
Se sentía cada vez más cómodo con Ethan. Y, aunque aún no lo sabía, Ethan sentía que, con cada día que pasaba, su cariño por Noa solo crecía más y más.