¿dónde está tu corazón? #2

Capitulo 5: ¿Biblioteca es igual a casi?

*IRINA GIBSON.*

El plan era simple. Según Olivia Reynolds.

Olivia, la nerd oficial de las Muñecas de Porcelana, había hecho un PowerPoint. Literal. Un PowerPoint titulado: "Operación Corazón Prestado: Cómo hacer que Irina Gibson admita que le gusta Travis Sullivan sin que prenda fuego nada".

Diapositiva 1: Llevarlos a la biblioteca. Lugar silencioso. Nadie va.
Diapositiva 2: Dejarlos solos.
Diapositiva 3: Que pase lo que tenga que pasar.

— Es un plan de mierda — dije.

— Es un plan científico — corrigió Olivia, ajustándose los lentes—. Tiene un 85% de efectividad según mis cálculos.

— ¿Y el otro 15%? — preguntó Brenda Crawford.

— Que Irina le pegue o prenda fuego un libro.

Todas me miraron.

— No voy a prender fuego nada — prometí. Cruzando los dedos atrás.

Entonces, martes, última hora. Hora libre porque el profesor faltó.

Las Muñecas me empujaron a la biblioteca. Literal. Mía Mason y Laila Kennedy me agarraron de los brazos.

— ¡Tenés que devolver un libro! — dijo Mía.

— ¡Yo no saco libros!

— ¡Ahora sí! — dijo Pía Fox, poniéndome un libro random en la mano. Era "Orgullo y prejuicio". Pesadísimo.

Entré. Y adentro, en la mesa del fondo, estaba Travis. Con otro libro. Obviamente. Él sí lee.

— ¿Qué hacés acá? — le digo.

— Olivia me dijo que tenías que devolver un libro y que necesitabas ayuda — dice, confundido—. Me dijo que no sabés ni donde se devuelven.

— ¡OLIVIA!

Olivia estaba en la puerta, con Erin, Yasmin, Vanessa Ford, Brenda, Kala, Laila, Mía y Pía, todas espiando por la ventanita. Hicieron la seña de "te dejamos sola" y se fueron. Bueno, se escondieron atrás de una estantería. Muy disimuladas.

Me siento enfrente de Travis.

— Me tendieron una trampa — digo.

— A mí también — dice él—. Pero no me quejo.

Silencio de biblioteca. De esos que pesan.

Travis me mira el libro que tengo.

— ¿Orgullo y prejuicio? ¿Vos?

— Pía me lo dio. Dijo que era sobre mí. Que soy orgullosa y prejuiciosa.

— No sos prejuiciosa — dice—. Solo orgullosa.

— Gracias, ¿supongo?

Se ríe. Se acerca un poco más.

— ¿Estuviste pensando en lo que te dije? ¿Lo del corazón?

— ¿Qué parte? ¿La parte de que me querés prestar el tuyo? Muy raro, Sullivan. Muy de vampiro.

— No de vampiro — se ríe—. De... no sé. De que si no tenés uno, yo te presto el mío hasta que encuentres el tuyo.

— ¿Y si no lo encuentro nunca?

— Entonces te quedás con el mío. No lo necesito tanto.

Lo miro. De verdad lo miro. Travis Sullivan no es solo el chico bueno que estaciona mal. Tiene ojeras. Como si no durmiera.

— ¿Por qué hacés esto? — le pregunto más bajo—. En serio. Yo soy un desastre. Prendo fuego autos. Robé una tienda. Mi grupo de amigas da miedo. Tu ex es mi mejor amiga. ¿Por qué yo?

Se encoge de hombros. Pero no es un "no sé". Es un "tengo miedo de decirlo".

— Porque el primer día que te vi, en primer año, estabas sentada sola en el comedor. Todos te tenían miedo porque habías gritado en clase. Y vos estabas ahí, comiendo sola, con tu campera toda rota. Y pensé... "esa chica no necesita que la salven, necesita que alguien se siente al lado".

— ¿Y por qué no te sentaste?

— Porque me dio miedo. Hasta el viernes pasado. Que te vi presa y pensé "ahora sí, ahora no me da miedo".

Me quedo sin aire. Porque nadie me había dicho algo así nunca.

Ni mis papás. Ni siquiera las Muñecas. Ellas me quieren, pero me aceptan como soy. Él... él me ve distinto.

— Travis...

— ¿Sí?

— ¿Te puedo...? — no sé como decirlo—. ¿Te puedo prestar algo yo también? Como para no sentir que solo yo te debo.

— ¿Qué me vas a prestar? ¿Un encendedor?

— ¡No! — me río, y me sale una risa rara, no sarcástica—. Te presto a mis muñecas. A mis amigas. Si algún día necesitás a alguien que prenda fuego algo por vos, ellas lo hacen.

— ¿Incluida Vanessa?

— Vanessa Ford es la primera que prende fuego algo. No parece, pero es la más loca de todas. Solo que lo disimula bien.

Nos reímos. Y en esa risa, nos acercamos sin querer. Mucho. Quedamos a 10 centímetros.

Puedo ver sus ojos. Verdes. Puedo oler su perfume caro. Puedo ver que él también está nervioso.

— Irina — susurra.

— Travis...

Y ahí, justo ahí, cuando estamos a punto de...

— ¡PROFESOR! ¡VIENE EL PROFESOR! — grita Brenda Crawford desde la puerta, rompiendo todo el silencio de la biblioteca.

Nos separamos de golpe. Como dos nenes que los descubren robando.

Entra la bibliotecaria. Nos mira.

— ¿Qué hacen?

— ¡Estudiando! — dice Olivia, apareciendo de la nada con su modo nerd—. ¡Orgullo y prejuicio! ¡Estamos analizando el capítulo 3!

La bibliotecaria nos mira raro y se va.

Las 9 Muñecas aparecen atrás de la estantería.

— ¡CASI! — grita Pía Fox, que seguía grabando.

— ¡Estuvieron a un segundo! — dice Erin.

— ¡Yo vi chispas! — dice Yasmin Duncan.

Vanessa Ford me mira y me hace una carita de "te lo dije".

Travis está rojo como un tomate. Yo también, seguro.

— Bueno — digo, levantándome rápido—. Me voy. Tengo que... prender fuego algo. Digo, no. Tengo que irme.

— ¿Mañana me prestás otra vez a tus muñecas? — me pregunta Travis, bajito para que solo yo escuche.

— ¿Mañana?

— Para comer helado. En lo de Mía. Como el viernes.

Lo pienso. Con 9 muñecas mirándome con ojos de "decí que sí".

— Dale. Pero si volvés a estacionar mal, te dejo.

— Trato.

Salimos de la biblioteca. Las 10 juntas adelante, Travis atrás, como nuestro guardaespaldas personal.

Y mientras caminamos, Olivia me pasa un papelito. Como siempre.

_Actualización: Operación Corazón Prestado - 90% efectiva. Faltó 10% por culpa de Brenda._

Brenda le saca la lengua.




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