¿dónde está tu corazón? #2

Capitulo 9: ¿Irse es igual a dejar?

IRINA GIBSON.

Jueves. Entrenamiento de fútbol. Voy a ver a Travis porque sí, ahora soy la novia que va a ver los partidos. Asco, pero me gusta.

Están todos gritando. Travis mete un gol. El entrenador lo abraza. Y después lo llama aparte. Con un sobre.

Lo veo desde la tribuna con las Muñecas.

Brenda Crawford: "¿Qué es ese sobre?"
Olivia Reynolds: "Según mi análisis, es una carta oficial. Logo de universidad. Probablemente beca."
Vanessa Ford se pone seria. Ella ya pasó por esto con Jordan. Jordan también tuvo beca pero se quedó por ella.

Travis viene corriendo. Feliz. Pero con cara rara.

— Me dieron la beca — dice—. Completa. En Córdoba. Fútbol profesional. Me voy en dos meses.

Silencio. Las 10 Muñecas nos quedamos mudas.

— ¿Córdoba? — digo yo—. ¿Córdoba queda a 700 kilómetros, Sullivan?

— 702 — dice Olivia, bajito.

— ¿Y te vas a ir? — digo. Y me sale feo. Me sale con mi voz de "no me importa nada".

— Es mi sueño, Irina. Desde chiquito.

— Ah. Tu sueño. Perfecto. Andate entonces. Que te vaya bien.

Me doy vuelta y me voy. Dejo a Travis ahí, con el sobre en la mano.

— ¡IRINA! — grita Vanessa Ford. Pero no me freno.

Esa noche, grupo de Muñecas de Porcelana explota.

Brenda: "Sos una tarada, lo dejaste ahí"
Mía Mason: "Irina, está llorando, lo vi"
Laila Kennedy: "Te está esperando en tu ventana"
Pía Fox manda foto: Travis está sentado en la vereda de mi casa. Con la campera. Hace frío.

Olivia me llama.

— Irina, según el libro que leíste, Orgullo y Prejuicio, Elizabeth aleja a Darcy por orgullo y después se arrepiente. ¿Estás haciendo eso?

— No estoy haciendo nada, Olivia. Él se va. Se va a ir igual. Mejor que se vaya ahora y no que me deje después.

— No te va a dejar — dice Olivia—. Te quiere.

— Todos se van. Mis papás se van a trabajar. Ustedes se van a ir a la universidad. Él también se va. Todos se van. Mejor no tener corazón, ¿entendés? Mejor no sentir.

Cuelgo.

Me asomo por la ventana. Travis sigue ahí.

Bajo. En pijama.

— ¿Qué hacés acá?

— Esperándote — dice—. Porque sabía que ibas a hacer esto. Tu modo "no tengo corazón, aléjense".

— Y funciona. Andate.

— No.

Me agarra la cara. Me obliga a mirarlo.

— Irina Gibson, ¿vos creés que me voy a ir a Córdoba y me voy a olvidar de vos? ¿De vos que prendiste fuego un auto por aburrimiento? ¿De vos que me enseñaste a pegarle a alguien por defender a tus amigas? ¿De tus 9 muñecas locas que ahora son mi familia también?

— Vas a conocer a otras. Chicas normales. Que no prenden fuego cosas.

— No quiero normales. Quiero a vos. Y me voy a ir a Córdoba. Sí. Pero quiero que vengas conmigo. No literal. Quiero que sigamos. A distancia. Que me esperes. Que yo te espere.

— ¿A distancia? ¿Vos y yo a distancia? No sabemos ni estar cerca sin pelearnos.

— Entonces aprendemos — dice—. Yo te presté mi corazón. Ahora vos prestame el tuyo para que me lo lleve a Córdoba y no me sienta solo.

Me largo a llorar. Yo. Que no lloro nunca.

— No quiero que te vayas.

— Yo tampoco. Pero si me quedo y no voy por tu culpa, te voy a odiar un poco. Y no te quiero odiar nunca.

Ahí entiendo. Como entendió Vanessa con Jordan en el Libro 1. Amar también es dejar ir.

— Andate — le digo—. Andate a Córdoba. Sé el mejor. Pero volvés. Me prometés que volvés por mí.

— Te lo prometo — dice—. Cada fin de semana. Cada vacación. Y vos me prometés que no vas a prender fuego nada mientras no estoy.

— No prometo eso.

Se ríe. Me besa. En la vereda. Con frío.

Arriba, en mi ventana, están las 9 Muñecas espiando. Vanessa Ford llora. Porque ella ya vivió esto.




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