Amaia
Estos días están siendo más que agotadores. Mireia está empezando a caminar y, aunque mis padres me ayudan en todo lo que necesito, ya que sigo viviendo con ellos para poder ahorrar más rápidamente, yo soy la que debo criarla. Es mi hija, yo decidí tenerla y es mi responsabilidad, no puedo aprovecharme de ellos.
Aunque estoy agotada, ahora estoy mejor que hace unos años, donde parecía que todo lo que tocaba se destruía, y donde lo único en lo que podía pensar era en dormir y llorar. Porque sí, en esos tiempos salía con mis amigos, con esa familia que elegí con el corazón, y reía y celebraba, pero por dentro era una persona a la que le costaba no derrumbarse cada día y me encontré más de una vez deseando acabar con todo.
Pensando en todo ello, voy de camino al local de tatuajes de mi amiga Helena. La conocí en una clase de natación a la que llevé a Mireia cuando estaba recién nacida, ya que había leído que era muy bueno para los bebés, y nos hicimos amigas al instante. Somos muy parecidas en la forma de ser, en el aspecto físico, sin embargo, somos muy distintas.
Helena es una mujer de 1,80, esbelta, con una piel de porcelana, cubierta de algunos de sus mejores diseños hechos tatuajes, con los ojos verdes como esmeraldas y un pelo rojo y rizado que es la envidia de cualquiera que se cruce con ella.
Yo, sin embargo, mido un 1,68, tengo un cuerpo lleno de curvas, que a veces me acomplejan un poco, con el pelo rizado de color negro azabache y unos ojos color miel que a mí me parecen de lo más simple. Es decir, soy una más del montón.
Voy llegando a mi destino, escuchando "Sweet Child O' Mine", mi canción favorita, cuando, al doblar una esquina, choco contra un muro de puro músculo. Todo ocurre tan rápido que no me da tiempo a reaccionar, y me quedo esperando chocar contra el suelo, pero eso no llega a pasar porque unos brazos rodean mi cintura.
Me quito los cascos con la intención de decirle al "muro humano" que debería ir con un poco de más cuidado, pero al levantar la vista me quedo hechizada por los ojos azules más bonitos que haya visto en mi vida, los cuales me miran con una mezcla de sorpresa e ira que hace que vuelva en mí.
-Siento el choque, y gracias por no dejar que me cayera, pero ¿No crees que deberías ir un poco más lento al doblar una esquina? ¿Y no ir pendiente del teléfono? Un poco más y me mandas a la otra calle de un salto. - me voy enfadando más a medida que le hablo porque, aunque no he caído al suelo gracias a él, ahora mismo me duele todo el cuerpo después del choque que hemos tenido.
-¿Yo? ¿Así que la culpa es mía? Las mujeres como tú siempre creen llevar la razón, nunca se equivocan, van caminando como si el mundo les perteneciera, no piden disculpas, son unas…-
-¡Eh, quietecito ahí! Yo sí te he pedido perdón por el choque y hasta te he dado las gracias por no dejar que mi trasero besará el suelo, ¡Pero reconoce que no ibas muy pendiente y ya está! Y así acabamos con esta discusión absurda.- le corto antes de que empiece a insultarme.
-En eso estamos de acuerdo, esta discusión es absurda, así que me voy, tengo cosas más importantes que hacer que estar perdiendo el tiempo con gente tú- dice el hombre mientras se va.
-¡Pero será estúpido!- grito mientras entro en el local de Helena y la escucho reír animadamente con uno de sus compañeros.
-¡Ay Helena no sabes lo que me acaba de pasar! ¡Es surrealista!- digo acercándome al mostrador donde están.
-Cuéntame guapi, mientras miramos el diseño para tu primer tatuaje- me contesta dirigiéndose a su cabina.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Este es mi primer libro. Espero que les guste y lo disfruten.
Amalia RuCo
#4838 en Novela romántica
#1769 en Otros
#514 en Humor
enemies to lovers, comedia romántica odio-amor, romance peleas y humor
Editado: 16.02.2026