¿ Dónde estabas cuando te buscaba ?

Capítulo 5 - Primeras chispas

Lucca

Termino mi turno de 24 horas bastante cansado. Ha habido algunas llamadas sin importancia, lo que ha hecho que el jefe nos ponga a hacer ejercicio, según él “para mantenernos en forma”. Estoy de acuerdo en que estos ejercicios nos ayudan a ser más ágiles en el trabajo, y que nos benefician a todos, pero estoy agotado.

Ahora tengo por delante 48 horas libres para descansar, pero no creo que pueda descansar mucho pasándolas en casa de mi hermana con mis hermanos, mi hija y mis sobrinos. Además, también estará la amiga que mi hermana lleva intentando presentarme desde hace unos meses. Pretende juntarnos y no entiende que, desde que estuve con “la innombrable” no quiero tener una relación. No puedo permitir que me destruyan como hizo ella. Ya no estoy yo sólo, tengo a Zara y ella es más importante que cualquier otra cosa. Puedo divertirme con las mujeres, disfrutarlas, pero nada más.

Llego a casa de mi hermana rezando porque se comporte y llamo a la puerta escuchando el jaleo que están montando en la piscina.

-Soy Lucca, ¿es que no me vais abrir?- digo animadamente. Ahora que los estoy escuchando, si que me apetece divertirme con ellos durante estos dos días.

En ese momento se abre la puerta, pero no la abre nadie de mi familia, si no la mujer con la que me choqué ayer antes de mi turno. Esta vez va vestida con mucho menos ropa y, si ayer pensé que tenía buen cuerpo, hoy lo estoy confirmando. Va descalza, con una toalla enrollada en la cintura y un bikini que muestra su hermoso cuerpo lleno de curvas, con esa melena negra que lleva suelta hasta la cintura.

¡Joder! No puedo dejar que ni ella ni mi familia me vean mirándola embobado porque no pararan de hacer bromas. Así que respiro y la miro a los ojos con fingida molestia y veo que ella esta tan sorprendida como yo de verme, así que supongo que me ha reconocido.

-¡Tienes que estar de coña!- la oigo decir.

-¿Qué haces tu aquí?- decimos molestos los dos a la vez.

En ese momento, llega mi hermana Helena. -¡Lucca, por fin! Amaia, este es mi hermano Lucca. Lucca, esta es mi amiga Amaia. Ya te hablé de ella. Su hija y ella se van a quedar todo el fin de semana con nosotros. Vamos, los demás nos esperan y los niños quieren comer ya- dice llevándose mi mochila, lo que hace que Amaia y yo nos quedemos totalmente solos.

Antes de que ella siga a mi hermana, decido tomar yo la iniciativa y molestarla un poco.

-¿Así que tú eres Amaia, la gran amiguísima de mi hermana? No sabía que Helena tenía amigas que se divierten chocándose por la calle con hombres increíblemente atractivos sólo para sentir un poco de calor humano.- digo viendo como se le cambia la cara a medida que voy hablando y, cuando termino, me doy cuenta de que me estoy comportando como un auténtico patán. Y la tristeza y el dolor que veo en su mirada hacen que me sienta aún peor. Pero su expresión cambia en cuestión de segundos y se acerca tanto a mí que puedo oler su perfume, una mezcla de cítricos que hace que me apetezca estar todo el día cerca de ella.

-Da gracias que estamos en casa de tu hermana y que hay niños, que sí no te enseñaría a comportarte. Aunque no creo que un chulito engreído como tú entienda algo que no sea levantar pesas y hacer musculitos- y acto seguido se va sin darme tiempo para contestarle. ¡Si que tiene carácter!

Decido respirar un poco antes de ir hacia donde están todos, cuando aparece mi hermana Reyes con una niña que no conozco, así que supongo que es la hija de Amaia.

-Hola enana- digo revolviéndole el pelo a mi hermana. -¿Quién es esta pequeñaja?-.

-Es Mireia, la hija de Amaia. Mireia dile hola a mi hermano-

La niña, que es una hermosura al igual que su madre, me saluda con la manita y me lanza un beso.

En ese momento, escucho a mis hermanas diciendo que vayamos a comer, así que salimos al jardín. Saludo a mis hermanas más pequeñas mientras busco a mi hija con la mirada, y cuando encuentro dónde está veo algo que me gusta y me disgusta a la vez. Veo a Zara hablando y riendo con Amaia mientras ella le está limpiando la cara. Es algo inocente, sin importancia, pero no sé por qué me molesta y, cuando me doy cuenta, me estoy dirigiendo hacia ellas.

-¡Paaaapiiiiii!- grita mi hija abrazándome en cuanto me ve -¡Has tardado mucho en llegar! Mira, ella es Amaia. Es amiga de la tita Helena, y también mía. ¿A qué es muy guapa?-

-Si, ya la conozco- digo ignorando el último comentario de mi hija. -Deberías ir con tus tías antes de que se coman todas las hamburguesas- digo señalando hacia mis hermanas.

-¡Noooooo!- grita ella, cosa que me hace reír. Mi hija odia que se coman su comida.

-¿No deberías ir con tu hija en vez de dejarla con una adolescente?- digo una vez que mi hija se marcha, cosa que hace que Amaia cambie la expresión de ternura que tenía mirando a Zara a una de autentica furia.

-Mi hija está muy bien cuidada por esa adolescente y por los adultos que hay a su alrededor.- dice acercándose a mi -Y si he dejado a mi hija con ellos unos minutos, es por que he visto a tu hija muy triste porque tú aún no habías llegado. Perdón por acercarme a ella cuando he notado que estaba llorando. Perdón por limpiarle las lágrimas. Y perdón por intentar animarla haciéndole sonreír. Te diría que no lo haré más, pero mentiría, y a mi me enseñaron a no mentir.- dice antes de irse y dejarme una vez más con la palabra en la boca, aunque esta vez no sé qué podría haberle contestado, ya que me ha dejado sin palabras.




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