¿ Dónde estabas cuando te buscaba ?

Capítulo 9 - Primer beso

Lucca

Escucho toda la conversación y oigo cosas bastante interesantes. “Le parezco súper sexy” pienso, y no puedo evitar sonreír.

De pronto veo que se levanta y, por el susto de que me vea, le doy sin querer un golpe al mueble y ella se da cuenta. Podría intentar huir, pero creo que es mejor quedarme para conseguir que me escuche y, al menos, me perdone.

-¿Qué demonios haces tú aquí?- dice un poco enfadada.

-He venido para que hablemos. Quería disculparme.-

-¿Disculparte? Y ¿Por qué exactamente? Porque me has ofendido varias veces. Ésta es la vez que más te has pasado, pero tampoco es que las otras veces te comportarás bien.- dice cruzándose de brazos y apoyándose en la pared.

-Por todo. Como bien has dicho antes, siempre me he comportado contigo como un patán y, esta vez ha sido mucho peor. He dicho cosas que no pienso y que te han hecho mucho daño, y lo siento de verdad.- digo poniendo toda la sinceridad que puedo en mis palabras.

-¿Si te pregunto por qué lo has hecho vas a ser totalmente sincero?- me pregunta y yo asiento. -¿Entonces…?-

-Lo he hecho porque me gustas y me puso celoso verte así con mi hermano.- digo y veo como ella se sorprende por mis palabras. -Mi anterior relación ha hecho que sea muy desconfiado. Hacía mucho tiempo que no me permitía el que me gustara alguien de ese modo y, darme cuenta de que tú lo has hecho en tan poco tiempo, me ha vuelto loco.- digo diciéndole lo que siento.

-No puedes pagar conmigo lo que te han hecho en tus relaciones anteriores, así como yo, si tu me gustases, no debería hacer lo mismo.- dice y yo sonrío pícaramente. -¿De qué te ríes? El que te rías ahora no te va a beneficiar en nada, sólo hará que tenga más ganas de matarte.- dice poniéndose un poco altiva.

-Me rio porque ya sé que te gusto.- digo acercándome a ella hasta que la tengo atrapada entre mí cuerpo y la pared, poniendo mis manos a ambos lados de su cabeza.- Además, también has dicho que soy “guapísimo y súper sexy”.- digo dejando mis labios a un par de centímetros de los suyos.

-Eso no quiere decir nada. Aun así, ahora mismo sigo enfadada contigo.- dice un poco nerviosa.

-Si, pero quiere decir que estas abierta a la posibilidad de perdonarme, y de momento eso me sirve.- digo y, a continuación, le doy un beso lento. Ella no me aparta, cosa que me demuestra que yo también le gusto. -Deberíamos volver al cumpleaños, si no Zara vendrá a buscarnos y será peor.- digo apartándome cuando consigo controlarme.

Ella sólo asiente, no dice nada.

-Ahhh, y Amaia.- digo esperando que me mire.- Tu hermano tiene razón, eres una mujer hermosa. Yo, de hecho, diría increíblemente hermosa, entre muchas otras cosas.-

-Que digas esas cosas no va a hacer que te perdone más rápido.- me contesta.

-Lo sé.- digo acercándome una vez más.-Pero no las digo por eso, las digo porque las siento.- y la beso una vez más. -Vamos.- digo ofreciéndole la mano, pero ella la rechaza y pasa de largo. Parece que no me lo va a poner fácil, y con razón, pero esos dos besos que le he dado sólo han hecho que compruebe lo mucho que me gusta.

Volvemos a la fiesta y veo que Zara se lo esta pasando genial. Me encanta verla tan feliz. No entiendo como su madre no quiere vivir estos momentos con ella. Para mi es impensable.

Sigo un rato más viendo como los niños juegan y como Zara, desde que ha visto a Amaia, no se separa de ella y de Mireia y como ambas intentan que la pequeña ande un poco.

Pero de pronto, mi hija se acerca con Mireia. -Papi, Amaia me va a acompañar a hacer una cosa. ¿Puedes quedarte con Mireia? ¿Por fis?- me pregunta y yo automáticamente miro a Amaia, quien asiente, por lo que la cojo en brazos y le digo a Zara que vaya, pero que no tarde.

Estoy meciendo un poco a Mireia, porque, como no me conoce, me da miedo que empiece a llorar. Ella está tranquila, pero de pronto señala una mesa donde está el bolso que Amaia utiliza para sus cosas y dice –Uka, gua-. “¿Se ha aprendido mi nombre?” Es lo primero que pienso, pero después me doy cuenta de que creo que está pidiendo agua.

-¿Quieres agua Mireia?- digo llegando hasta el bolso.

-¡Shi!- contesta, así que busco su botellita y le doy el agua, y después de mecerla durante un ratito, me doy cuenta de que se ha quedado dormida.

Amaia

Acompaño a Zara a ponerse el traje de hada que le he hecho con ayuda de mi madre. Le escuche decir varias veces que quería un traje de hada de la primavera y me puse de acuerdo con su abuela para que nadie se lo regalara.

Cuando le he dado su regalo y ha visto lo que era, ha querido ponérselo inmediatamente, así que, después de dejar a mi hija con Lucca, voy con ella a la habitación para ponérselo.

Mientras ayudo a Zara y ella parlotea sobre lo mucho que le gusta su vestido, no puedo evitar pensar en su padre y todo lo que ha pasado antes cuando estábamos solos.

Me ha dicho que le gusto y, aunque parecía sincero, no puedo evitar dudar de él, ya que no entiendo por qué le gusto si puede tener a cualquier mujer que quiera. Además, me da la impresión de que está acostumbrado a que las mujeres vayan detrás suya y a que ninguna le diga que no. Sólo por eso me apetece llevarle la contraria, para ver cómo reacciona.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.