Amaia
El paseo y la cena con Lucca y Mireia fueron increíbles. No sólo por lo bien que lo pasamos escuchando a los grupos que estaban tocando música o por la comida que estaba buenísima, sino por cómo se comportaba Lucca con nosotras.
Cuando yo quería acercarme a algún stand para ver qué vendían, Lucca insistía en quedarse con Mireia, y cuando estábamos cenando y a ella le entró hambre, fue él quien le dio de comer, y fue quién después la durmió e insistió en llevar su carrito el resto de la noche.
Eran detalles que podían parecer muy simples, pero para mí eran enormes. Lucca tenía esos pequeños gestos que me hacían inmensamente feliz, y que hacían que no pudiera evitar compararlo con mi ex.
Al principio de mi relación con Nacho, todo parecía ser de color de rosa. Se comportaba como un príncipe azul, me regalaba flores y chocolates sin razón, e incluso, cuando nos fuimos a vivir juntos, me dejaba notitas de amor por la casa.
Pero todo eso cambió cuando nos casamos y me quedé embarazada. Ahí es cuando empezaron los celos y las peleas. Tenía celos hasta de mis hermanos, lo que hizo que me alejara un poco de ellos.
Cuando estaba embarazada de 6 meses, descubrí que tenía una amante. Una compañera de trabajo llamada Rocío, con la que yo había coincidido un par de veces y que no me había dado muy buena espina.
La noche que me enteré y lo confronté, tuvimos una pelea monumental y yo decidí irme de la casa. Le había perdonado muchos insultos y comportamientos, pero no podía perdonarle una infidelidad y menos cuando estaba embarazada de nuestro hijo, un niño al que habíamos decidido llamar Rafael.
Pero él no quería que me fuera. Decía que era su mujer y que a él nadie le dejaba, así que cuando estaba bajando las escaleras de nuestra casa, intentó detenerme y, al forcejear, yo caí por las escaleras.
Al día siguiente, cuando desperté en el hospital, me enteré que había perdido a mi bebé.
En ese momento, toda mi vida se vino abajo, pero, aunque estaba muerta de dolor, decidí que no le aguantaría ni una más y me divorcié.
De eso hacía ya 4 años y, a pesar de que me había costado sudor y lágrimas, había conseguido superarlo.
Ahora tengo a mi hija, un rayito de sol que es un auténtico terremoto, pero que trae felicidad a mi vida, aunque jamás podré olvidar a Rafael, mi bebé, mi pequeña mariposita.
Y estoy pensando en eso mientras Lucca, Mireia y yo vamos paseando hacia el coche. En ese momento, no puedo evitar tocarme el hombro, donde Helena me hizo el tatuaje de mi mariposa.
-¿Estás bien?- dice Lucca deteniéndose. -¿Te molesta el tatuaje?- pregunta preocupado.
-No, no te preocupes. Estaba pensando y ha sido un gesto inconsciente.-
-Sí, he notado que estabas pensativa. ¿Estás segura de que va todo bien?-
-Sí, de verdad, no quería preocuparte. Sólo he recordado algunas cosas y me he puesto melancólica.- digo quitándole importancia y empezando a caminar de nuevo.
-¿Quieres hablar de ello?-
-Quizás en otro momento. No son cosas muy agradables y no quiero empañar esta noche tan maravillosa.- digo sonriéndole un poco. -Me lo he pasado muy bien contigo.-
-Yo también lo he pasado bien. Si no quieres hablar ahora me parece bien, pero podemos hablar cuando tu quieras, de lo que sea. ¿Vale?-
-Sí. Prometo que te lo contaré cuando esté preparada.- le digo con una sonrisa tranquilizadora.
En ese momento, llegamos a su coche y, después de ajustar la sillita para Mireia, emprendemos el camino hacia mi casa, que es bastante corto, ya que vivo a unos 15 minutos del parque donde estábamos.
Lucca insiste en bajarse del coche para ayudarme y acompañarme hasta el portal, ya que dice que es lo que hace un verdadero caballero, y yo no le discuto porque sé que es inútil, es un cabezota.
-Avísame cuando llegues a tu casa, por favor.- digo cuando llegamos a mi portal.
-No te preocupes, yo te aviso.- dice antes de acercarse y besarme.
El beso empieza lento sin intención de ir más allá, ya que estamos en la calle y estamos con Mireia, pero no tarda en convertirse en algo más.
Ninguno de los dos quiere parar el beso, pero es Lucca quien lo detiene. Parece que el ha recobrado la cordura antes que yo.
-Entra antes de que cometa una locura.- dice suspirando.
-Si, será lo mejor.- digo sonriéndole. -¿Hablamos después?- le digo abriendo el portal.
-Sí. Hasta luego bellissima.- dice guiñándome un ojo, y yo entro en el portal.
Después de entrar en casa y acostar a Mireia en su cuna, me pongo el pijama y me tumbo en la cama. Es entonces cuando cojo el móvil para avisar a mi hermano de que ya estoy en casa y, después de hacerlo, veo que tengo un mensaje de Lucca.
Lucca: Ya en casa, bellissima. Un beso.
Amaia: Que descanses tu también. Besos.
No han pasado ni dos segundos cuando me llega otro mensaje suyo.
#3359 en Novela romántica
#1047 en Otros
#383 en Humor
enemies to lovers, comedia romántica odio-amor, romance peleas y humor
Editado: 07.03.2026