¿ Dónde estabas cuando te buscaba ?

Capítulo 16 - Un pasado entrecruzado

Amaia

Hace 4 años, estaba casada y embarazada de 6 meses. Mi marido Nacho trabajaba en el departamento de marketing de una empresa tecnológica y me puso los cuernos con una de las recepcionistas.

Cuando me enteré lo confronté y, mientras peleábamos porque yo quería abandonarlo, caí por unas escaleras y perdí al bebé que estaba esperando.

Después de salir del hospital, me divorcié de Nacho y no volví a verlo. Fueron momentos bastante duros, donde apenas era capaz de levantarme de la cama, y mucho menos ir a trabajar, por lo que pedí una excedencia.

Dos años después, cuando ya había aprendido a aceptar todo lo que había pasado y a vivir con ello, decidí tener un hijo por mi cuenta, no para sustituir al que había perdido, porque eso era imposible, sino porque seguía queriendo ser madre. Como no tenía pareja ni quería tenerla, me hice una fecundación in-vitro con un donante.

Fue un proceso muy duro, pero supe que todo había merecido la pena cuando tuve a mi hija en mis brazos, a Mireia, mi pequeño milagro (*).

Cuando Mireia tenía un par de meses, salí con mi familia a celebrarlo. Me dirigía al coche con ella y con mi hermano Rodri, cuando vimos a una pareja joven que estaba peleando y de pronto él le pego a ella.

Rodri quería acercarse para detenerlo, pero como no sabía como iba a reaccionar la chica, decidí acercarme yo y que él se quedara con la niña mientras avisaba al resto de mi familia, que aun debían de estar cerca, y llamaba a la policía.

Había escuchado muchas veces en las noticias como, cuando un hombre salía en defensa de una mujer que estaba siendo maltratada, ella al final decidía ponerse de parte de su maltratador, y no quería que mi hermano se metiera en un lío.

No había terminado de acercarme a la pareja, cuando él la tiró al suelo de una bofetada, así que aceleré el paso y me metí en medio de los dos, por lo que yo también recibí un par de golpes.

En ese momento, llegó mi familia y, minutos después, también llego la policía, quienes se llevaron al chico detenido cuando llego la ambulancia a la que habían llamado.

A la chica y a mí nos llevaron al hospital. Allí supe que ella se llamaba Bea, que tenía 18 años y que estaba embarazada de 3 meses. El chico era su novio, y le pegaba porque decía que el hijo que estaban esperando no era suyo. No era la primera vez que la maltrataba, aunque nunca había ido tan lejos.

Poco después, llegaron Isabel y Enrique, los padres de Bea, y no pararon de agradecernos por lo que habíamos hecho.

Su madre me contó que era enfermera y que trabajaba en una asociación de mujeres maltratadas. Me dijo que no entendía como no se había dado cuenta de que su hija estaba siendo maltratada y fue cuando le conté que yo había sido maltratada psicológicamente por mi exmarido y no me había dado cuenta de ello hasta tiempo después cuando exterioricé lo que él me hacía con una terapeuta.

Aunque no tuve que quedarme esa noche en el hospital, seguí en contacto con Bea y con Isabel, que me invitó a acudir a la asociación, cosa que hice porque toda esa situación me había traído malos recuerdos.

Por esa misma época, también conocí a Helena en unas clases de natación para bebés a las que llevé a Mireia y nos hicimos amigas al instante. Ella también era madre soltera y nos parecíamos en muchas cosas.

La sorpresa vino cuando, un mes después, Helena me enseñó una foto de su familia y vi que Isabel era su madre y, por lo tanto, Bea su hermana.

Ese día fui a la asociación para hablar con Isabel y le conté que había conocido a su hija mayor. Le pedí que no le contara a Helena nada de como nos habíamos conocido. Había tenido malas experiencias con mis amistades en mi adolescencia y tenía miedo de que, si Helena se enteraba de que yo había “salvado” a su hermana, nuestra amistad, que estaba comenzando, fuera más por gratitud que por otra cosa.

Ella aceptó, ya que conocía mis miedos e inseguridades, y habló con su marido y con Bea para que, cuando Helena nos presentara, hicieran como si no me conocieran.

Cuando termino de contarle todo a Lucca veo que esta muy serio y me da miedo de que se haya enfadado por haberle ocultado la verdad.

-¿Estás enfadado conmigo?- digo preocupada.

-¿Enfadado? Claro que no. Salvaste a mi hermana. Eso sólo me confirma lo que ya sabía, que eres una mujer extraordinaria.- dice tomándome de la mano y haciendo que me siente en su regazo. -Puedo entender un poco el que no quisieras decírselo a Helena cuando la conociste, pero si creo que deberías contárselo ahora que vuestra amistad está más que consolidada. De hecho, creo que todos mis hermanos deberían saberlo, aunque creo que Tony ya lo sabe.-

-¿Qué Tony lo sabe? ¿Por qué piensas eso?-

-Por qué tiempo después de que pasara lo de Bea, le dije que me encantaría saber quien era la persona que le había ayudado para agradecérselo y él me dijo que sabía quién era pero que esa persona no quería que nadie supiera que había sido ella. En ese momento no le di mayor importancia, pero ahora me cuadra un poco.-

-Ni tu madre ni tu hermana me han dicho que él lo supiera. Quizás se haya equivocado de persona.- digo extrañada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.