Lucca
Salgo de trabajar algo cansado. Aunque no ha habido apenas avisos durante mi turno, no he conseguido dormir mucho.
Entre la investigación de los incendios y la amenaza que hemos recibido, últimamente me cuesta dormir más que antes.
No le he dicho nada Amaia porque desde el cumpleaños de Mireia, ha estado teniendo pesadillas y, contarle que yo tampoco estoy durmiendo bien, sería preocuparla aún más de lo que ya está.
La convivencia con ella y con Mireia está siendo maravillosa, aunque, al principio, Amaia era reacia a traer sus cosas a mi casa. Les pidió a sus hermanos que le trajeran lo indispensable, pero cuando me enteré fui a casa de sus padres a por los juguetes de Mireia y a por toda la ropa que pude.
Me enfadé bastante porque quiero que estén lo más cómodas posibles mientras estén en mi casa, aunque, si soy sincero, por mi se quedarían a vivir con nosotros para siempre.
Adoro llegar a casa de trabajar y que haya alguien esperándome. Normalmente, mi casa está vacía cuando vuelvo después de un turno de 24 horas porque Zara se queda con mis padres mientras estoy trabajando. Pero ahora, cuando vuelvo a casa, tengo a 3 personas esperándome y no sé cual de ellas se alegra más al verme llegar.
Zara siempre se ha alegrado mucho al verme, y Amaia me recibe con los brazos abiertos y me pregunta como ha ido mi turno. Pero es Mireia la que me ha sorprendido. Ella, cuando me ve llegar, grita y viene corriendo a saludarme.
Mireia empezó a llamarme papá el día de su cumpleaños y, aunque creí que simplemente había repetido lo que había dicho Zara, ha seguido haciéndolo.
Al principio, Amaia pensó que me había molestado que me dijera papá, pero no pudo estar más equivocada. En el momento en que la palabra salió de la boca de Mireia, me di cuenta que realmente quiero ser su padre y que ella me vea así me hace inmensamente feliz.
Mi familia es la mejor muestra de que padre no es el que engendra, sino el que cría. Enrique no es mi padre biológico. Él conoció a mi madre cuando yo tenía 4 años y se casaron un año después. Desde el primer momento, se comportó como un padre con Helena, con Tony y conmigo, y, cuando Bea y las mellizas nacieron, no hizo distinciones entre nosotros. Para él, los 6 somos sus hijos.
Voy pensando en ello cuando llego a casa, pero, al entrar por la puerta, no me da tiempo de pensar en nada más porque mi hija viene corriendo a recibirme.
-¡Papi!- dice cuando llega hasta mí y se tira a mis brazos.
-Hola peque. Te echado de menos. ¿Dónde están Amaia y Mireia?- le pregunto abrazándole.
-En la cocina. Te estamos haciendo el desayuno. Yo he ayudado.-
-¡Que bien! Seguro que está riquísimo.- le contesto mientras me dirijo a la cocina con Zara aún en mis brazos.
-¡Papi!- grita Mireia nada más que entro en la cocina.
-Hola bichito.- contesto yo dejando a Zara en el suelo y agachándome para darle un beso. -Hola bellissima.- le digo a Amaia dándole un abrazo y un beso. -¿Qué tal están mis chicas favoritas?-
-Bien. Nos hemos despertado temprano, así que hemos recogido un poco y te hemos preparado el desayuno.- contesta ella mientras hace zumo de naranja. -¿Vienes muy cansado?-
-No. La noche ha estado tranquila y he podido dormir.- miento y me siento en la mesa para que Amaia no lo note. -He pensado que, después de salir a comprar al supermercado, podíamos pasar la mañana jugando en la piscina. ¿Qué os parece?- digo mientras como.
-A mí me parece perfecto. La nevera está algo vacía y hacen falta pañales para Mireia.-
-¡Siiii! ¡Me encanta hacer compras!- dice Zara emocionada.
-Muy bien. Entonces ve a tu cuarto a vestirte.- le digo a Zara y ella va corriendo a cambiarse.
-Lucca tenemos que hablar de algo.- dice Amaia cuando Zara se va.
-¿De qué? ¿Ha pasado algo?- pregunto preocupado. Tengo miedo de que ahora sea ella la que haya recibido un mensaje amenazante.
-No, no ha pasado nada. Es sobre Zara.- contesta ella intentando tranquilizarme.
-¿Qué es lo que ha pasado? ¿Se ha portado mal o algo?- pregunto. Aunque Zara es muy buena niña, hay veces que saca su vena rebelde.
-No. Se ha portado igual de bien que siempre.- dice ella. -Esta mañana, cuando cogí el vigila bebés para ver si las niñas estaban bien, vi que, aunque era muy temprano, ya estaban despiertas y estaban jugando. Cuando encendí el sonido, escuché que Zara le decía a Mireia que ahora ella era su hermana mayor y que la iba a proteger.- me cuenta sonriendo.
-Eso es bueno ¿No?- pregunto antes de que siga hablando.
-Claro que sí. Pero no es eso lo que quería comentarte. Déjame terminar, por favor.- dice ella riñéndome.- Lo que quería contarte es que Zara quiere llamarme mamá. Le estaba pidiendo permiso a Mireia para que ella no se enfadara. No me ha llamado así aún porque le da miedo que yo no quiera que me llame así.- dice ella y se queda callada, supongo que esperando ver mi reacción.
-Y, ¿A ti te molestaría que ella te llamara mamá?- pregunto antes de darle mi opinión para no condicionarla.
#5990 en Novela romántica
#2248 en Otros
#605 en Humor
enemies to lovers, comedia romántica odio-amor, romance peleas y humor
Editado: 01.04.2026