¿ Dónde estabas cuando te buscaba ?

Capítulo 29- Un nuevo incendio

Lucca

Cuando ya estamos dentro del supermercado, siento como si alguien nos estuviera observando, pero no veo a nadie sospechoso, así que supongo que es porque todo esto me está volviendo un paranoico.

Por si acaso, estoy pendiente de donde están Amaia y Zara en todo momento. Mireia está conmigo, ya que no ha consentido separarse de mí, así que la he sentado en el asiento para bebés del carrito de la compra, y ella va encantada señalándome todas las cosas que le llaman la atención.

Cuando cogemos todo lo que nos hace falta y algún que otro caprichito, pagamos todo en la caja y nos dirigimos hacia el coche. Pero no hemos llegado hasta él cuando Zara hace que nos detengamos.

-Papi, el hombre que está en ese coche nos está mirando mucho y, cuando estábamos comprando, también lo he visto mirándonos a mami y a mi.- dice señalando un coche, pero no me da tiempo de ver quién está dentro, porque el coche arranca inmediatamente y sale muy rápido del aparcamiento.

A lo que sí me ha dado tiempo es a ver la matricula: 9077-CBC. Para que no se me olvide, la apunto en el bloc de notas del móvil. Después se la daré a David para ver qué puede averiguar.

Aparte de eso, el coche es un Seat Córdoba plateado. Es bastante común.

-¿Tú has podido ver quién era? Porque yo no he conseguido verle la cara y el coche no lo reconozco.- me pregunta Amaia cuando montamos a las niñas en el coche.

-No, yo tampoco le he visto la cara, pero he podido apuntar la matricula.- le contesto yo. -Será mejor que volvamos a casa y llamemos a tu hermano David para ver si él puede averiguar quién nos estaba siguiendo.-

-¿No crees que puede ser que haya sido una equivocación y que nos estemos volviendo un poco paranoicos por culpa de los mensajes?- vuelve a preguntar ella.

-En circunstancias normales, pensaría que Zara se lo ha imaginado, pero, teniendo en cuenta todo lo que está pasando, creo ha sido totalmente real.- contesto haciéndole un gesto para que suba al coche.

-¿Qué pasa papá?- pregunta Zara preocupada cuando nos montamos en el coche.

-No pasa nada mi amor. Seguro que ese hombre se ha equivocado.- digo para tranquilizarla.

-Papá tiene razón.- dice Amaia. -Vamos a casa a jugar en la piscina, ¿Te parece? Me tienes que ayudar a enseñar a Mireia a nadar. Tiene que estrenar sus manguitos.- comenta cambiando de tema para distraer a Zara.

-¡Es verdad!- contesta ella. -Papi, le hemos comprado unos manguitos súper chulos a Mireia. Mami me ha pedido que, como yo nado muy bien, la ayude a enseñarle a Mireia. ¿Verdad bichito?- cuenta emocionada.

-¡Shiii!- grita Mireia muy contenta.

-Pues entonces cuanto antes lleguemos a casa mejor.- les digo yo. -Pero antes de bañarse en la piscina hay que guardar las compras entre todos.-

-Sí, papá. Yo siempre ayudo.- contesta Zara.

Mientras conduzco a casa, voy pensando en ese hombre. No he podido verle la cara, pero creo firmemente que era Nacho.

Me preocupa bastante como pueda afectarle a Amaia. Ya está teniendo bastantes pesadillas y está muy nerviosa, así que me da miedo que, si se confirma que era Nacho, empiece a tener ataques de pánico cómo el que tuvo el día que supo que estaba de vuelta en Madrid.

Cuando llegamos a casa, hago el amago de ir a la habitación para llamar a David, pero veo que Zara está muy pendiente de lo que estoy haciendo, así que lo que hago es mandarle un mensaje contándole lo que ha pasado y diciéndole la matrícula del coche para ver qué puede averiguar.

No han pasado ni 5 minutos, cuando él ya me ha respondido, pero lamentablemente es para decirme que en estos momentos no puede ayudarnos. Está en una fiesta de cumpleaños con su hijo que durará casi todo el día, así que hasta la por la noche no podrá averiguar nada.

El resto del día lo pasamos en el jardín, jugando en la piscina o tumbados en las hamacas. La verdad, es que no nos ha dado tiempo de aburrirnos porque Amaia se ha inventado un montón de actividades para mantener a las niñas entretenidas.

Zara no ha vuelto a decir nada sobre el hombre del supermercado, pero Amaia ha estado bastante pensativa, aunque he preferido no decirle nada hasta que las niñas se duerman.

Estamos los 4 sentados en el jardín, cuando vemos que Mireia está que se cae de sueño, pero cuando Amaia va a cogerla en brazos se niega porque quiere que la duerma yo, así que yo la cojo a ella y Amaia a Zara y nos dirigimos a la habitación de las niñas.

No pasa mucho tiempo hasta que se duermen. Parece que no haber parado en todo el día les ha agotado. Así que conecto el vigila bebés y nos vamos al salón.

-¿Estás bien?- le pregunto a Amaia cuando nos sentamos en el sofá.

-Sí. Es sólo que tengo el estómago un poco revuelto. Me habrá sentado mal algo que he comido.- contesta ella. -¿Te ha vuelto a escribir David?-

-Si, pero sólo para decirme que acababa de llegar a casa. Ha dicho que se iba a poner a investigar de inmediato y que cuando supiera algo nos avisaba.-

-Está bien. Entonces pongamos un rato la tele.- dice encendiendo la televisión.




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