Amaia
Confirmar que el hombre que nos siguió ayer en el supermercado fue Nacho, hace que me tiemble todo el cuerpo. Ha estado cerca de las niñas y, sabiendo el carácter que tiene, me da pánico que pueda hacerles daño.
Lo que más me ha impactado es enterarme de que le han diagnosticado con un trastorno límite de la personalidad. Eso no me lo esperaba para nada.
Después de que David nos lo contara, busqué los síntomas de la enfermedad en internet y muchos de ellos ya los tenía cuando estábamos juntos.
Los cambios de humor, la ira, la ansiedad, el miedo al abandono, su impulsividad excesiva, eran algo con lo que vivíamos día a día, pero nunca pensé que fuera porque estaba enfermo.
A pesar de ello, no puedo sentir empatía por él, porque, aunque puede que sus acciones fueran debido a una enfermedad, me hizo pasar un auténtico infierno en muchas ocasiones.
Cuando mi hermano llegó a casa de Lucca, inmediatamente le explicamos la relación que habíamos encontrado entre cada incendio con un momento en específico de mi vida con Nacho.
El piso en el que vivía cuando estudiaba en la universidad y donde Nacho y yo pasamos mucho tiempo hablando de cómo queríamos que fuera nuestra vida; el restaurante donde tuvimos nuestra primera cita; el cenador del parque donde me pidió matrimonio; la joyería donde compro mi anillo de compromiso; y, por último, la cafetería donde su hermana nos había presentado.
Era demasiada casualidad que esos sitios en concreto se hayan quemado justo cuando él ha vuelto a la ciudad.
También le conté a David lo que sabía sobre el incendio que Nacho había provocado siendo un adolescente, y eso fue lo primero que mi hermano se puso a investigar.
Mientras, su ordenador estaba realizando una búsqueda de las cámaras de seguridad que hay cerca de los lugares que se han quemado para saber si el coche de la abuela de Nacho estuvo en esos sitios cuando los incendios ocurrieron.
Lucca, por su parte, lo que hizo fue mostrarle a David toda la información que había sobre los incendios, pero tampoco es que hubiera demasiada. No había testigos en ninguno de los incendios y sabían que habían sido provocados porque se había utilizado gasolina como acelerante.
Yo, la verdad, es que no podía ayudar mucho en la investigación. Lo único que pude hacer fue pensar en más sitios que fueran significativos para Nacho y para mí y, hasta ahora, sólo me habían venido a la mente 3: el piso dónde vivía Nacho cuando nos conocimos, que es dónde vivimos antes de casarnos; la casa dónde vivimos después de casarnos; y la clínica donde iba a hacerme las ecografías durante mi embarazo.
Durante la noche, yo seguía encontrándome con el estómago revuelto y un poco mareada, por lo que, tanto David como Lucca, insistieron en que me fuera a dormir a la cama, pero no fui capaz de hacerlo.
El pensar en alejarme de ellos, aunque fuera solo unos metros, hacía que el corazón me fuera a mil por hora, así que decidí, ante su insistencia, echarme un rato en el sofá del salón mientras ellos estaban trabajando sentados en los sillones.
A pesar de ello, tampoco es que pudiera dormir mucho, porque me despertaba sobresaltada cada poco rato, así que ahora, que ya es por la mañana, estoy agotada y sigo encontrándome mal.
Lucca ha llamado a su jefe nada más que ha amanecido para explicarle que ha descubierto información nueva sobre los incendios y para pedirle que avise a los investigadores para contarles todo lo que sabe.
Hemos decidido, que él se adelante al parque de bomberos, mientras David y yo recogemos a Alicia y a Héctor de su casa para llevarlos, junto a Mireia y Zara, a casa de mis padres.
Cuando llegamos a casa de mis padres, les explicamos rápidamente a ellos y a Rodri lo que está ocurriendo y les pedimos que salgan lo menos posible y que tengan mucho cuidado.
Estando allí, empieza a dolerme la cabeza, por lo que voy al baño a buscar una pastilla. Al abrir el mueble, veo mis productos de higiene femenina y, es entonces, cuando me doy cuenta de que tenía que haberme bajado el periodo hace más de 1 semana.
Es poco tiempo de retraso, pero yo soy muy regular, así que me preocupo bastante.
Llevo muy poco tiempo con Lucca y, con todo lo que está pasando, sería una locura estar embarazada.
Puede ser por todo lo que está pasando, pero eso no me tranquiliza demasiado.
Para estar segura, cuando salimos de casa de mis padres, le digo a David que hay que pasar por una farmacia con la excusa de que tengo que comprar unas pastillas, y compro una prueba de embarazo, que ahora llevo escondida en el bolso.
Cuando por fin llegamos al parque de bomberos, nos llevan directos al despacho del capitán, donde ya están también los investigadores y Lucca, que ya les ha explicado gran parte de lo que sabemos, así que David y yo les explicamos el resto.
Ellos me hacen muchas preguntas, y pareciera que creen que lo acuso para vengarme de él, pero las pruebas son las que están.
Yo lo quiero lo más lejos posible de mí. Por eso le puse una orden de alejamiento.
En ese momento, rodeada de tanta gente que no conozco, me empiezo a sentir mal y a marearme y, aunque Lucca se da cuenta y viene hacia mí, no le da tiempo a llegar porque yo me desmayo y caigo al suelo inconsciente.
#5990 en Novela romántica
#2248 en Otros
#605 en Humor
enemies to lovers, comedia romántica odio-amor, romance peleas y humor
Editado: 01.04.2026