¿ Dónde estabas cuando te buscaba ?

Capítulo 39 - Mellizos

Lucca

Cuando llegamos a la casa de la abuela de Nacho, donde el localizador dice que están las chicas, la policía ya tenía esposados en el jardín delantero a Nacho, a su hermana Carmen y a otros 2 hombres que no conocía de nada.

En el momento en el que vi a Nacho, no pude evitar lanzarme hacía él y pegarle un puñetazo que hizo que cayera al suelo. Entonces, me puse encima suya y, mientras le daba otro puñetazo, le grité que me dijera donde estaban Bea y Amaia.

No pude seguir pegándole porque un par de policías me separaron de él, que se reía como un loco, pero no me decía absolutamente nada. Parecía que le había gustado que yo perdiera el control y le hubiera pegado.

Fue ahí cuando escuché a un policía decir que las había encontrado, lo que hizo que fuera corriendo, junto a David, Rodri y mi hermano, hacía un cobertizo que estaba al final del jardín.

Cuando llegué hasta ellas, vi que Rocio estaba allí también, pero decidí no echarle cuenta, ya que para mí dejó de existir en el momento en el que decidió abandonar a nuestra hija. No tenía por que continuar en una relación conmigo, pero que abandonara a Zara, para mí fue el mayor crimen que pudo cometer.

Bea parecía estar bien, pero Amaia empezó a tambalearse, así que la cogí en brazos y le dije a la policía que teníamos que ir al hospital debido a su embarazo.

Yo me fui con Bea y Amaia en el coche patrulla. No pensaba dejarlas fuera de mi vista a ninguna de ellas hasta estar completamente seguro de que Nacho iba a estar fuera de nuestras vidas para siempre.

Lo único que me alegró fue saber que ni Nacho ni ninguno de sus secuaces les habían hecho daño. Si eso hubiera pasado, me habría vuelto loco.

Ahora estamos en el hospital esperando a que un médico venga a revisarlas para poder irnos a casa a descansar.

Bea está andando por la habitación, ya que, según ella, ha pasado mucho rato sentada y necesita caminar.

Amaia, sin embargo, está tumbada en una camilla. Aunque parece que tiene mejor cara, sigue algo mareada y está muy cansada.

-¿Qué te ha pasado en la mano?- me pregunta Amaia al ver que tengo los nudillos de la mano derecha un poco lastimados.

-No te preocupes. No es nada importante.-

-Lucca, no me mientas.- dice con cara severa.

-Está bien. Le pegué un par de puñetazos a Nacho. Cuando lo vi no pude resistirme. No sabía donde estabais o si os había hecho daño.-

-¡Muy bien hermanito! ¡Ese cabrón se lo merecía!- dice mi hermana Bea.

-No te voy a decir que me dé pena que le hayas pegado, porque se lo merecía y porque yo también quería pegarle. Pero podía haberte hecho daño. ¡Está loco!- dice Amaia acariciándome la mano.

-Estaba esposado y ni siquiera intentó evitar mis golpes. Parecía que le gustaba que le pegara.- le contesto yo, pero no me da tiempo de decir nada más porque, en ese momento, entran un médico y un par de enfermeras con un ecógrafo.

Después de hacerles un par de pruebas rutinarias, ven que, tanto Bea como Amaia, están un poco deshidratadas. Desde que las secuestraron, no han bebido nada y tampoco han comido.

Como Bea no ha tenido ningún malestar, deciden que es suficiente con que tome un suero vía oral y con que coma algo, aunque no dejaran que se vaya hasta que la deshidratación haya desaparecido.

A Amaia, como está embarazada y está un poco mareada, le han puesto un suero vía intravenosa y, para asegurarse de que todo está bien con el bebé, han decidido hacerle una ecografía.

Como quiere darnos un poco de intimidad, Bea decide salirse a la sala de espera con Rodri, David y Tony mientras le hacen la ecografía a Amaia. Dice que es la primera ecografía y que la tenemos que vivir nosotros dos solos.

Se suponía que la primera ecografía iba a ser dentro de 2 semanas, pero me alegro de que vayan a hacerle una ahora, así podré estar tranquilo de que el estrés no le ha hecho daño al bebé.

-Bueno, vamos a ver como está el bebé. Voy a ponerte un gel en la barriga que va a estar bastante frío.- le dice el doctor a Amaia.

En ese momento, el doctor empieza a pasar el ecógrafo por el vientre de Amaia y empieza a sonreír.

-Es la primera ecografía que te haces, ¿Verdad?- le pregunta a Amaia.

-Sí. Estoy de 6 semanas, así que la primera ecografía me la tenía que hacer dentro de 2 semanas. ¿Por qué? ¿Va todo bien?- contesta ella preocupada y yo estoy igual que ella.

-Sí, tranquila. Todo va perfectamente. Los bebés están muy bien.- dice el doctor mirándonos a ambos.

-Menos mal.- digo yo soltando el aire que no sabía que estaba reteniendo. -Un momento, ¿Ha dicho bebés?- pregunto mirando a Amaia, que me devuelve la mirada con lágrimas en los ojos.

-Sí. Vais a tener mellizos. Enhorabuena.- contesta el doctor. -¿Queréis escuchar sus corazones?-

-Sí, por favor.- dice Amaia en un susurro.

Yo no puedo decir nada. No puedo parar de mirar la pantalla y mirarle el vientre a Amaia. ¡Vamos a tener mellizos! No puedo creérmelo.

Es entonces cuando escucho el sonido más bonito que he escuchado desde que Zara y Mireia me dijeron papá por primera vez. Cuando escucho el latido de mis bebés, ya no aguanto más y se me saltan las lágrimas.




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