Amaia
Salgo de la ducha y, antes de liarme la toalla en el cuerpo, no puedo evitar mirar mi vientre.
Estoy embarazada de 9 semanas y, como voy a tener mellizos, ya empieza a notárseme un poco la barriga, algo con lo que Lucca está encantado. Cada vez que estamos solos, le gusta acariciarme la barriga y hablarles a los bebés diciéndoles lo mucho que los quiere. Él quisiera hacerlo más, pero Zara aún no sabe de mi embarazo, así que tiene que controlarse.
La semana pasada tuvimos la ecografía de las 8 semanas y todo fue perfecto. Según la doctora, los bebés se están desarrollando adecuadamente.
Me encantó volver a escuchar sus corazones ya que, cuando nos enteramos de que íbamos a tener mellizos, me quedé tan impactada que no disfruté el momento tanto como me hubiera gustado.
Ya sólo tengo náuseas al levantarme y no he vuelto a desmayarme. Si es verdad que me encuentro más cansada de lo normal, así que la doctora ha decidido mandarme unas vitaminas, pero a parte de eso estoy perfectamente.
Como Nacho ya está detenido, nuestra vida ha vuelto a la normalidad, así que no estoy estresada como estaba antes.
Los primeros días después del secuestro, estuve más inquieta porque volver a verlo me trajo muy malos recuerdos y tuve algunas pesadillas, pero cómo he vuelto a tener sesiones con mi psicóloga he conseguido estar más relajada.
A pesar de ello, no estaré totalmente tranquila hasta que pase su juicio y esté segura de que ni él ni su hermana volverán a molestarnos.
Dejo de pensar en ellos, voy a la habitación y me dirijo hacia el armario para ver qué ropa me pondré para salir.
Helena, Clara y Bea se han empeñado en que esta tarde salgamos de compras porque dentro de poco habrá mucha de mi ropa que ya no me servirá. Yo creo que aún no necesito ropa porque tengo muchos vestidos que podré ponerme hasta que mi barriga crezca, pero sé que es imposible discutirles, así que voy a ir de compras con ellas para darles el gusto.
Al final, me decido por un vestido que me llega por los tobillos y por unos zapatos cómodos y voy al salón a esperar a que vengan a por mí.
Zara y Mireia van a quedarse con Lucca, ya que, según él, me merezco una tarde de chicas sin tener que estar cuidando de nuestras hijas.
A mí me encanta pasar tiempo con mis niñas, pero sí que es verdad que me apetece mucho pasar un rato con las chicas sin tener que estar controlándome para no decir nada sobre el embarazo.
Ahora mismo, los 3 están jugando en un columpio que Lucca instaló el otro día en el jardín y yo me quedo mirándolos embobada. Me encanta ver cómo Lucca trata a Mireia. La trata cómo si fuera su propia hija y eso hace que me enamore más de él.
Para mí, Lucca es el hombre perfecto y agradezco todos los días a la vida por haberlo conocido, aunque los últimos días lo veo un poco raro.
Está algo inquieto y lo he visto cuchicheando un par de veces con Helena, por lo que creo que están tramando algo. Mi cumpleaños es en 2 semanas, así que supongo que tendrá que ver con eso. Estarán preparando una fiesta sorpresa o algo así.
Helena me manda un mensaje de que me están esperando fuera, de modo que me despido de las niñas y de Lucca y salgo de casa.
Cuando llegamos al centro comercial, las chicas me llevan a unas cuantas tiendas y me hacen probarme un montón de ropa. Yo pensaba comprarme un par de prendas nada más, pero ellas deciden comprarme más ropa, así que, cuando damos por terminadas las compras, llevamos unas cuantas bolsas cada una porque ellas también se han comprado ropa.
Después vamos a tomarnos algo y pasamos el resto de la tarde entre risas haciendo planes para la despedida de soltera de Clara.
Cuando las chicas vuelven a dejarme en casa, les doy las gracias por haberme obligado a salir. Aunque estoy algo cansada, me ha venido bien salir a divertirme.
Me despido de ellas y, al entrar en casa, veo que hay un camino de velas que se dirige hacia el jardín, por lo que dejo las bolsas en el sofá y me dirijo hacia allí.
-¡Sorpresa!- gritan Lucca y Zara cuando salgo al jardín. Mireia también grita, pero lo hace unos segundos después, lo que nos hace reír a todos.
Cuando miro a mi alrededor, veo que el jardín está decorado igual que lo estuvo en mi primera cita con Lucca, sólo que ahora la mesa está preparada para 4 personas.
Supongo que por eso las chicas insistieron tanto en que saliéramos esta tarde, para que Lucca pudiera prepararme esta sorpresa. Me enfadaría con ellas por mentirme porque no me gustan las mentiras, pero, cuando son por algo tan bonito como esto, están justificadas.
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Editado: 01.04.2026