¿ Dónde estabas cuando te buscaba ?

Extra 1 - Nacimiento de los mellizos

Amaia

Son las 5,00 de la mañana y estoy despierta dando vueltas en la cama porque no encuentro una postura cómoda para volver a dormir. Lleva siendo así desde hace casi 1 mes.

Ya estoy embarazada de 8 meses y, cómo me cuesta bastante dormir y me muevo mucho, Lucca me ha dejado la cama de matrimonio para mí sola y él duerme en una cama plegable que ha puesto en nuestra habitación por sí a mí me hace falta algo.

No me gusta que tenga que dormir en una cama plegable, pero durmiendo conmigo en la cama no dormía mucho porque yo no lo dejaba dormir por moverme tanto, así que al final así duerme más.

Yo me he tenido que comprar un cojín especial para embarazadas y, al principio, funcionaba, pero ya no sirve de nada. Mi enorme barriga hace que no esté cómoda de ninguna de las maneras.

El pobre de Lucca ha tenido mucha paciencia durante todo el embarazo. Yo soy una persona que me gusta hacer las cosas por mí misma y él, teniendo toda la razón del mundo, me decía que no podía estar haciéndolo yo todo porque podía hacerme daño yo o hacérselo a los bebés.

En mi primer embarazo, sí podía hacer muchas de las cosas que Lucca no me ha dejado hacer, pero es lógico que, al estar embarazada de mellizos, tengo las cosas más limitadas.

Cómo ya estoy desesperada de dar tantas vueltas, me levanto de la cama como puedo y me pongo a caminar por la habitación para relajarme.

He tenido un embarazo bastante bueno, pero desde hace un mes se me está haciendo bastante pesado.

La doctora me ha dicho que es bastante normal en un embarazo de mellizos, sobre todo en mi caso porque los bebés son bastante grandes, pero aún así ha llegado un momento en el que ya se me hace todo cuesta arriba y estoy deseando tener a los niños ya.

Justo estoy pensando en eso, en que estoy deseando que mis hijos nazcan ya, cuando siento una pequeña contracción e, inmediatamente después, rompo aguas.

Afortunadamente, estoy muy cerca de la cama, por lo que me siento en el lado que da a donde duerme Lucca.

-Lucca, despierta por favor.- le digo para que se despierte.

-¿Qué pasa amor?- me pregunta él medio dormido.

-Los bebés ya vienen.- le contesto y, al principio, parece que no reacciona, pero de pronto se levanta como un resorte.

-¿Estás segura?-

-Sí. Acabo de romper aguas.- le digo señalando el suelo.

-Vale. Quédate aquí sentada que voy a despertar a mi madre y a tu hermano. Tardo sólo un segundo.- dice levantándose de la cama y saliendo corriendo de la habitación.

Como sabíamos que el parto podía adelantarse, tanto Isabel como Rodri han estado viviendo con nosotros en las últimas 2 semanas.

Isabel es enfermera, así que decidió quedarse con nosotros para ayudar en caso de que hubiera algún problema, y Rodri se vino también para quedarse con las niñas cuando me pusiera de parto.

Me da otra contracción justo cuando Isabel entra en la habitación corriendo.

-¿Cómo estás cariño?- me pregunta sentándose junto a mí. -Vamos a quitarte la ropa mojada y nos vamos al hospital.-

-Estoy bien. Hasta ahora sólo he tenido 2 contracciones y no han sido demasiado fuertes.- le contesto mientras me levanto para cambiarme de ropa.

-Vale, pues no te preocupes por nada que en un momento estaremos en el hospital y todo va a ir estupendamente, ya lo verás.- me dice para tranquilizarme y, no se si es su voz o la forma en que me habla, pero consigue que me relaje.

Lucca

Cuando Amaia me despertó diciéndome que estaba de parto, me levanté rápidamente para avisar a mi madre y a Rodri de que había llegado el momento.

Mi madre y yo hemos estado durmiendo todos estos días con ropa que nos sirviera para salir directamente sin tener que cambiarnos, así que es algo que teníamos adelantado. Además de que las bolsas de los bebés estaban en el maletero del coche, para que no se nos olvidaran con los nervios.

Desperté primero a mi madre, que estaba durmiendo en la habitación de invitados, para que fuera con Amaia, ya que no quería que estuviera mucho tiempo sola, e inmediatamente fui al salón a por Rodri, que me acompañó a la habitación para ayudarme a llevar a Amaia al coche.

Cómo yo no creía que fuera capaz de conducir, le pedí a mi madre que fuese ella la que llevara el coche y yo me senté en la parte de atrás con Amaia.

El camino al hospital se me hizo eterno, pero cuando llegamos todo sucedió muy rápido, ya que nos llevaron directamente a paritorio porque las contracciones de Amaia eran muy seguidas y ya estaba totalmente lista para traer a nuestros bebés al mundo.

Cuando nuestros hijos nacieron, no pude evitar emocionarme porque fue uno de los momentos más felices de mi vida, al igual que lo fue el nacimiento de Zara o cuando Amaia me dijo que se casaría conmigo.

Ahora son las 12,00. Amaia está tumbada en la cama algo cansada pero, según ella, no tiene ningún dolor y se encuentra perfectamente para poder recibir visitas, así que decido dejar a la familia entrar.

Al abril la puerta, entran mis padres, los padres de Amaia, sus hermanos y mis hermanos Tony, Helena y Bea. No debería haber tanta gente, pero como es un hospital privado y la habitación es individual, nos han pasado la mano un poquito.




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