«Londres, 6 de agosto de 1874»
La joven de cabello rubio miraba aquellas hermosas flores con dulzura. Sus ojos verdes se perdían entre las gardenias y su respiración en el exquisito aroma de las rosas.
Nunca había oído hablar de ese lugar, pero era tan mágico que no parecía ser real.
Cerró los ojos disfrutando de la brisa tranquila y el silencio del bosque. Por fin había encontrado la paz que buscaba en ese lugar, o eso creía Hana, hasta que escuchó un par de pisadas detrás de su espalda.
Giró el rostro curiosa ¿Acaso habían más personas en ese lugar?
Vio a un chico de cabello oscuro y mirada radiante mirándola con curiosidad. Vaya, si vienen personas aqui, pensó con una sonrisa.
Ese fue el primer encuentro que tuvieron, no fue mucho, solo un par de palabras compartidas, miradas tímidas y risas contagiosas. Pero, la historia una vez más se repetía como si el tiempo no hiciera más que imitarse a sí mismo.
Aquella joven de dieciocho años fue atraída por el bosque. Era linda, delicada, tímida. Tan inocente que el bosque la quiso.
Una tarde, despertó en una casa que no era suya. Con mil preguntas rompiéndole el cerebro, pero con la tímida mirada de aquel chico de cabello oscuro sobre sus ojos verdes.
Los meses pasaron, y con ellos, la incertidumbre crecía cada día un poco más. Sabía dónde estaba, el chico, Victor, le confesó la cruda verdad. Le presentó su realidad, la que ella tuvo que enfrentar tiempo después.
Victor le enseñó el bosque. El lago mortal. La maldad que escondía el bosque detrás de esa fachada de paz. Le contó la verdad sobre su padre, un hombre que podía ser bueno y cruel a la vez. Pero no todo fue gris, también le regaló rosas. Le tomó la mano a escondidas. Se entregaron a la vida, al amor, al bosque y las consecuencias que traía amarse.
Así floreció un amor que nunca debió ser cultivado. Y de él, brotó una semilla. Una nueva alma destinada a la soledad: Ian.
Hana y Victor escribieron una trágica historia de amor que al igual que una flor estaba destinada a marchitarse. Ahora, la tinta está lista y otra historia está a punto de ser escrita.
Y una vez más, el bosque calla lo que sabe. Porque solo los que han amado entre las gardenias conocen el verdadero precio de un amor verdadero.
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