Abrí los ojos de golpe.
Oscuridad.
Un lugar desconocido cubierto por un manto tan oscuro y espeso que parecía tragarse el aire. Caminé. Un paso, luego otro y otro más. No había dirección, no había fin. Una soledad sofocante me acompañaba en cada paso que daba.
Estaba en un lugar desconocido y oscuro, pero sobre todo donde no había nada ni nadie alrededor mío, lo único que hallaba en ese lugar era oscuridad y soledad, comencé a caminar y a caminar sin sentido alguno de hacia dónde me dirigía, pero no llegue a ningún lado, todo era igual.
—¿Dónde estoy? — susurré.
Nadie me respondió. La soledad me rodeaba como un eco silencioso
— ¿Por qué estoy aquí? — pensé.
Estuve a punto de llorar, hasta que vi algo a lo lejos: una luz.
Comencé a caminar hacia ella, sin pensarlo dos veces; quería llegar a ese lugar. La luz crecía, más y más conforme iba avanzando. En cuanto la luz me envolvió, la oscuridad dejó de existir. El canto de los pájaros llenó mis oídos, risas de niños que corrían. Flores de colores adornaban este lugar desconocido.
—¡Ayla! — la voz de un hombre me hizo girar.
Esa voz ... la conocía. No sabía de dónde, pero mi cuerpo lo supo antes que mi mente.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
Y entonces lo vi.
No. No podía ser él.
Mi mente gritaba—¡Aléjate de aquí, corre! —pero mi cuerpo no respondía; tan solo podía ver a ese hombre sonreír. Me quemaba como una herida vieja.
—Ayla... Sé que no puedes olvidarme— dijo con tono burlón, caminando hacia mí.
Retrocedí un paso, y luego otro. No quería que me tocara. No otra vez.
Comencé a correr, pero mi tobillo cedió bajo mi peso. Caí al suelo, mi respiración se volvió un temblor. Intenté levantarme, pero mi cuerpo no reaccionaba.
Él estaba cada vez más cerca. Su sombra se alargaba sobre mí.
—Aléjate... —susurré.
Me cubrí el rostro con las manos. Cerré los ojos con fuerza.
Esto no es real. Esto no es real. Esto no es real — susurré.
Sus risas se fueron apagando... y cuando abrí los ojos, estaba en mi cama. La luz gris del amanecer entraba por la ventana. Mis mejillas estaban húmedas
—Tan solo era un sueño...un recuerdo que se disfrazó en una pesadilla, pesadilla que pronto olvidaré. —susurré varias veces esas palabras. Pero yo sabía la verdad: no podía olvidarlo.
Me pregunté si alguna noche podría dormir sin verlo, si algún día sería feliz sin su sombra. Pero la respuesta llegó rápido, como un susurro amargo en mi mente: no.
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romance, juvenil d de estar juntos y no poder, apto para todo publico
Editado: 16.03.2026