Donde la luz nos encontró

Donde todo cambia

Apenas eran las 5 de la mañana cuando ya me había terminé de arreglarme. Bajé a la cocina para desayunar con mi hermano mientras mi madre sacaba el auto del garaje. Comimos rápido y, pocos minutos después, ya íbamos en camino a la escuela.

Como es costumbre, mi linda familia comenzó a cantar el baby shark con emoción.

Sonreí. Y, como siempre, me puse los auriculares.

Seleccioné la primera canción de mi lista de música de mi celular y me dejé llevar por la música. Durante todo el camino a la escuela miraba como mi hermano y mi madre cantaban sin vergüenza alguna hasta que llegamos a la escuela. No me gusta venir a este lugar ya que me hace recordar a ese joven de mis pesadillas que en un cierto tiempo fue muy especial para mí, pero lamentablemente me rompió, lo bueno es que él ya no estudiaba en este lugar.

—¡Miren quién volvió! ¡El rey de los casanovas! — gritó un compañero.

Fruncí el ceño

—¿Rey de los reyes de los casanovas? Si como no —pensé.

—Hola Ayla... ¿me extrañaste? —dijo aquel joven.

Mi cuerpo se tensó. Joseph se plantó frente a mí, esperando una reacción. Por suerte, la profesora de francés entró en ese momento, obligándolo a regresar con su grupo de amigos, estos siempre se sientan en medio del salón, que siempre se sentaban en medio del salón.

Yo, en cambio, estaba en el último asiento de la última fila, junto a la ventana, desde ahí podía ver las canchas.

—Como ya se dieron cuenta, volvió su compañero Joseph—dijo la profesora.

El salón estallo en aplausos y silbidos. Joseph hizo una reverencia exagerada.

—¡Silencio! —continuó ella— espero que también reciban de ese mismo modo en que lo hicieron con Joseph, pero esta vez con su nuevo compañero.

La profesora volteo a ver hacia la puerta mientras hacía un gesto con su mano indicando a aquella persona de que podía pasar. Todos voltearon hacia la puerta.

—Se llama Lucien, viene de intercambio. Pasa y toma asiento

Un chico alto entró. Llevaba una sudadera negra con capucha que le cubría parte del rostro. Camino en silencio, terminó sentándose a mi lado. Sentí varias miradas clavarse en nosotros.

—Seguro es otro como Joseph —pensé.

La clase comenzó. Joseph, como siempre, no dejo de hacer relajo. Después de horas interminables, por fin llegó el receso.

Joseph empezó a presumir sus "aventuras", todos lo escuchaban como si fuera una celebridad, mientras preferí salir del salón. Caminé por un pasillo vacío... y lo vi.

—¿En qué momento salió del salón? —pensé. Me acerqué.

—Cantas muy bien —murmuré— Perdón, no era mi intención interrumpirte — Di un paso atrás.

—No te preocupes—sonrió—Eres la primera persona que me lo dice— Se quitó la capucha. Y lo entendí todo. Sus ojos azules eran intensos. Hipnóticos.

—¿Qué tienes? —se rio—Parece que viste a un fantasma o un ángel-

—N-No es nada — sentí que me sonrojaba como un tomate— ¿Por qué dices eso?

—No por nada—se sonrió—Este lugar es tranquilo, parece un lugar olvidado....

De pronto comenzó a toser.

— Te vas a resfriar— bromeé. Él dejó de toser y se me quedó viendo, sentí que me volvía a sonrojar— Deja de mirarme así...—murmuré, bajando la vista.

—Te ves linda cuando te ríes.

Silencio.

—¿Qué tal si en todos los descansos nos vemos en este lugar y te canto las canciones que tú quieras, ¿Qué dices? — sonrió.

—Está bien, me gusta lo que propones, pero no es necesario que nos veamos aquí en específico también podríamos vernos en otros lugares...—Lucien sonrió. Y luego puso su dedo en mis labios.

—Aquí habrá tranquilidad. Y sin el payaso del salón —quitó su dedo de mis labios y se fue. Me quedé inmóvil.

—¿El payaso del salón? Acaso se refiere a Joseph —pensé.

Las clases continuaron. Lucien no volvió a hablarme ni una palabra o una mirada, es como si lo que pasó en el descanso nunca hubiera ocurrido.

A las tres, el timbre sonó. Lucien salió sin despedirse.

—Tal vez lo imaginé...—pensé.

— Ayla, ¿te gustaría ir con nosotros al boliche? — preguntó Joseph.

—No. —Tomé mi mochila y me fui.

Esa noche, en mi cama, no podía dejar de pensar en él. En su voz. En su mirada. En su cabello negro con puntas blancas. En como parecía un ángel ...que escondía algo más.




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