Dónde La Luz Se Atreve A Mirar

Romper la jaula desde adentro

El dolor no se fue. Y, por primera vez, Nash dejó de pedir que lo hiciera. Despertó con el cuerpo rígido, los músculos tensos como si hubiera corrido durante horas sin moverse del lugar. El techo era el mismo. La habitación, idéntica. Pero algo en él había cambiado de forma irreversible.

Ya no buscaba calma. Buscaba verdad. Se sentó en el borde de la cama, respirando con dificultad. Cada inhalación dolía. Cada exhalación parecía arrancarle una capa de anestesia. Era insoportable… y profundamente real.

—Esto soy —susurró— Incluso así.

La voz regresó, más firme, más urgente que nunca.

Detente. Estás dañándote. Yo puedo hacer que pare.

Nash cerró los ojos con fuerza.

—No —respondió— Tú puedes hacer que no sienta. Y eso ya no me sirve.

El pulso le golpeaba en las sienes. La presión era brutal, como si alguien intentara empujarlo de regreso a un lugar cómodo y vacío. Nash se llevó una mano al pecho, justo donde guardaba el anillo.

—Elegí esto antes de ti —dijo— Elegí amar antes de tener miedo.

Elian apareció poco después. No llamó..No anunció su llegada. Simplemente estaba allí, de pie, observándolo como quien contempla un experimento que se resiste a concluir.

—Estás cruzando un límite peligroso —dijo— Tu mente no está preparada para sostener todo de golpe.

Nash lo miró largamente. Por primera vez, no vio protección..Vio necesidad.

—No me quieres tranquilo —dijo— Me quieres dependiente.

Elian frunció el ceño apenas.

—Te di estabilidad cuando nadie más supo hacerlo.

—Me la impusiste —corrigió Nash— Y ahora te aterra que descubra que puedo sostener el caos sin ti.

Elian dio un paso adelante.

—Sin mí, vas a derrumbarte.

—Tal vez —respondió Nash— Pero será mi derrumbe.

La presión aumentó de golpe. Un mareo violento. Imágenes superpuestas. Voces. Frases repetidas como mantras rotos.

Descansa.
Entrégate.
No decidas.

Nash cayó de rodillas. El dolor fue absoluto. Y entonces, hizo lo impensado..No intentó escapar del dolor. No pidió ayuda. No buscó alivio. Se quedó. Dejó que todo llegara de golpe.

El amor.
La pérdida.
La culpa.
El miedo.
La rabia.

Sara llorando cuando él no supo quedarse.
Sara alejándose porque ya no podía sostenerlo. La joyería. El anillo. La promesa no cumplida. El grito se le desgarró del pecho.

—¡Era mi vida! —rugió—. ¡No tu refugio!

Elian retrocedió un paso.

—Detente —ordenó— Te vas a romper.

Nash levantó la cabeza, con lágrimas corriendo libres, incontrolables.

—Eso es lo que nunca entendiste —dijo— Yo no me rompo cuando siento. Me rompo cuando me apagas.

Elian intentó acercarse, imponer su voz, recuperar el ritmo.

—Mírame —dijo— Respira conmigo. Déjame ordenar.....

—¡No! —gritó Nash— No vuelvas a tocar mi mente.

El silencio estalló. No hubo paz. No hubo alivio inmediato. Hubo un quiebre seco, brutal, interno. Como una cuerda que se rompe después de haber sido tensada demasiado tiempo. Nash se desplomó hacia adelante, respirando con dificultad, pero la voz ya no volvió..Elian lo miró, incrédulo.

—Esto no era posible —murmuró.

Nash levantó la vista, exhausto, devastado… libre.

—Nunca fue tu poder —dijo con un hilo de voz— Fue mi miedo.

Elian dio un paso atrás..Por primera vez, parecía pequeño.

—Te vas a arrepentir —dijo— Cuando el dolor vuelva.

Nash cerró los ojos un segundo.

—Que vuelva —respondió— Lo prefiero a no existir.

Elian no insistió..Se fue. No derrotado por fuerza, sino por algo que jamás había podido controlar: una voluntad que decidió despertar aun sabiendo que dolería. Nash permaneció horas en el suelo. Lloró. Tembló. Rió brevemente, como quien no sabe si está vivo o muriendo..Pero cada emoción era suya. Cuando finalmente logró ponerse de pie, caminó hasta el espejo. Su reflejo estaba destruido, ojeroso, frágil humano.

—Hola —dijo— Volviste.

La calma no regresó. El miedo tampoco se fue.nPero algo nuevo ocupaba su lugar: determinación. Tomó el anillo entre los dedos. Lo sostuvo con cuidado, como si fuera una reliquia.

—Llegué tarde —susurró— Pero no demasiado.

Porque en algún lugar, muy lejos de allí, Sara estaba construyendo una vida sin él. Y Nash, ahora libre, tendría que enfrentarse a la verdad más dura de todas: Recuperar la voluntad no devuelve el tiempo perdido. Solo te devuelve la capacidad de asumirlo. Y eso también dolía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.