Donde la niebla me reclamó

Capitulo 2

Aurenhall brillaba tanto que ocultaba todo lo que no quería ver.....

Pues donde el mármol es blanco, las mentiras son más fáciles de pulir.

Elara no volvió a dormir.

Pasó el resto de la noche sentada en el borde de la cama, con las rodillas presionadas contra el pecho y los ojos fijos en la ventana, esperando—no sabía qué. Una sombra, un susurro, un movimiento, algo. Pero el cielo siguió igual de inmóvil.

La luna, pálida como la piel del hombre que había visto en el sueño, parecía observarla sin parpadear.

“Un sueño.”

Así lo había llamado mientras trataba de convencer a su corazón de dejar de latir tan rápido, así lo había susurrado entre dientes mientras daba vueltas por la habitación, sin poder detenerse, pero la palabra empezaba a resultarle ridícula.

Un sueño no debería dejarte marcas en la piel.

Ni una voz grabada en la mente. Ni la certeza de haber sido… observada.

Acarició la línea rojiza en su muñeca. Era tenue, casi imperceptible, pero ahí estaba.

Como si unas manos frías la hubieran sujetado.

—No puede ser —murmuré— Ashh debo estar completamente loca

La luz de la madrugada comenzó a filtrarse por la ventana, desvaneciendo poco a poco las sombras en las esquinas. Tuve que obligarme a respirar. Con la luz del día, todo dolía menos. Todo parecía más absurdo, incluso él.

Aquella figura imposible, surgida de la bruma como si el bosque hubiera decidido darle forma, aquella perfección antinatural y ese rostro que no había sido creado, sino diseñado para destruirme al parecer, y, esa voz.

Aquella voz…

—¿Por qué tiemblas, si fuiste tú quien me llamó primero?— cerré los ojos con fuerza— No, no iba a seguir pensando en eso.

El primer ruido del día llegó en forma de golpes suaves en la puerta.

—Elara, ¿sigues dormida? —la voz de Lina, sonó apagada por la madera—. Mamá dice que bajemos a desayunar.

Elara respiré hondo antes de responder—Ya voy.

La voz me salió raspada, como si hubiera pasado la noche gritando.

Cuando me miró en el espejo, lo entendí: estaba más pálida de lo normal, con ojeras violáceas y ojos que parecían agrandados por el cansancio… que horror.

Me lave la cara y baje.

La casa estaba en silencio, con ese aroma familiar a pan recién hecho que siempre la reconfortaba. Pero hoy no funcionó. Hoy, el olor se mezclaba con un presentimiento desagradable.

Su madre la miró apenas entró.

—Pareces enferma —comentó con el ceño fruncido—. ¿No dormiste?

—Un mal sueño —respondió Elara, fingiendo una sonrisa.

Lina dejó la taza en la mesa. —¿Otra vez el mismo? —preguntó con tono despreocupado, como si hablara del clima.

Elara sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Cómo que “el mismo”? —preguntó despacio, se inundaba la cabeza de dudas, pero Lina se encogió de hombros

—Ya sabes. Ese en el bosque. Siempre te quejas de que te despiertas sin poder respirar… ¿no?—Su madre la miró ahora con más atención.

Elara quiso responder, quiso decir algo, cualquier cosa, pero las palabras no salían. Ella no recordaba haberles contado nada, jamás había mencionado el bosque.

Mucho menos… a él.

Tragó saliva—Habrá sido casualidad —dijo finalmente, intentando convencerse más a sí misma que a ellas, su madre no insistió, pero Lina sí.

—A veces hablas dormida —dijo, dando un sorbo a su leche—. Anoche dijiste algo raro, Elara sintió su corazón detenerse un latido—¿Qué dije?

Lina frunció el ceño, tratando de recordar.

—Algo como… “no mires atrás”… y luego algo de… “por fin”… Creo— Elara dejó caer la cuchara, el sonido metálico retumbó en la cocina, demasiado fuerte, demasiado incomodo.

—Debe haberlo soñado —murmuró su madre sin darle importancia, pero Elara no podía apartar la mirada de su hermana.

Por fin.

Él había dicho eso.

La voz seguía allí, aferrada a su mente como un eco pegajoso que no quería desaparecer. “Por fin.”

El día siguió su curso, pero nada se sentía normal, solo, en el mercado, notó que las personas se le quedaban mirando o eso creyó.

Sus ojos parecían detenerse un instante demasiado largo sobre ella, como si reconocieran algo que la propia Elara no lograba ver. La brisa olía a bosque. No debería se decía a si misma, estaba lejos de cualquier zona forestal. Pero cada esquina olía a tierra húmeda, a raíces, a niebla y la sensación constante de que alguien caminaba a su lado, aunque no hubiera nadie.

A media tarde, decidió dar un paseo fuera del pueblo, pensando que el aire fresco la ayudaría. Se equivocó. El sendero que conducía al río siempre había sido un camino soleado, bordeado de flores.

Hoy, sin embargo, la luz parecía evitarla, como si se quebrara antes de alcanzarla.

Los árboles más cercanos eran normales, pero había algo en sus sombras, algo que vibraba con familiaridad.

Como si la estuvieran esperando.

Fue entonces cuando lo escuchó. Un susurro, no viento, no hojas, si no, su nombre.

—Elara…—Su sangre se congeló, se dio la vuelta de inmediato, pero, no había nadie. El corazón le latía tan rápido que le dolía.

—Basta —se dijo a sí misma—. No está aquí, no puede estar aquí. Fue un sueño.

Pero el aire detrás de ella respiraba distinto, era más frío, más denso. Y, entonces, lo persivio....

—¿Qué te dije?- ¿De verdad creíste que podrías escapar solo despertando?—Sintio como el sonreia, pero una sonrisa muy incomoda.

Elara retrocedió un paso, el sonido venía desde el bosque cercano. Desde un punto donde la sombra era más oscura que el resto.

No había figura. No había cuerpo. Ni había rostro, solo la presencia. Aquella presencia.....

La misma que la había mirado a través de unos ojos demasiado claros en el sueño.

—No… no eres real —susurró, pero, una risa suave, casi tierna, casi dulce, respondió—Los sueños no desaparecen solo porque cierras los ojos, Elara. Algunos… te siguen—Su respiración se quebró.




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