Donde Las Estrellas Miran

Capitulo 1

Adrián siempre había creído que las estrellas guardaban secretos, que había vida a parte de este planeta. Por eso siempre que podía salía a observar el universo desde el atardecer hasta pasada la medianoche, con su música de fondo, algunas veces solo o en compañía de sus amigos. Esa noche subió al cerro para sacar fotos para ver si en algún momento captaba un ovni, esa emoción que sentía cada vez que se ganaba a observar las estrellas, algo muy difícil de explicar para él en ese instante, siempre esperaba tener un encuentro extraterrestre desde que comenzó a ver videos de abducciones eh ir a encuentros de ufología lo hizo volverse aún más cercano a sus sueños, por eso mismo cuando entro el año pasado a la universidad, eligió la carrera de filosofía para entender la vida y saber por qué los aliens venían a este planeta.

Esa noche llevaba la cámara colgando del cuello y los audífonos puestos, con Heaven Tonight de HIM sonando bajo, como si la letra de esta fuera un secreto compartido solo con la oscuridad. Las luces del pueblo de Sauzal quedaban atrás mientras avanzaba entre la vegetación, siguiendo un sendero que conocía de memoria el cual recorría desde sus 15 años. Había subido tantas veces que podría hacerlo con los ojos cerrados, incluso en ese momento iba sin linterna, para aprovechar mejor la vista, además la luna estaba llena y con esa luz perfectamente podía ver el camino.

Se sentó en una roca plana para acomodar sus cosas, dejo la cámara en un trípode y apuntó al cielo ajustando el enfoque para una mejor calidad de fotos. Él sonrió, siempre había pensado que el universo observaba de vuelta, esperando a que alguien se atreviera a mirar más tiempo de lo necesario, fue entonces cuando la música se cortó, se escuchó como un estruendo lejano, pero a la vez cerca, casi como si cayera un rayo, fue algo extraño, su celular dejo de funcionar unos segundos y volvió a reproducir la canción, frunció el ceño bajando los audífonos. El silencio era tan inquietante que se le erizo la piel, solo vio como unos pájaros volaban de forma apresurada como si viniera una tormenta, primero pensó que quizás se aproximaba una tormenta eléctrica, era verano así que en su pueblo siempre pasaba ese tipo de clima, volvió a mirar la cámara para ajustarla de nuevo y entonces a lo lejos vio como una luz aparecía en el cielo, no era una estrella fugaz estaba muy debajo de la atmosfera, tampoco se movía como un avión ni parpadeaba como un satélite. Era grande, de color entre azul y blanco que se movía con lentitud, Adrián sintió cómo el corazón se le aceleraba mientras levantaba la cámara con sus manos temblando quizás por la emoción o el miedo de que algo extraño estaba pasándole por primera vez.

—No puede ser… que demo… es eso—murmuró.

La luz descendió lentamente, acercándose al cerro, iluminando los árboles con un resplandor irreal. Adrián dudó un segundo porque debería haber corrido, haber bajado el cerro y alejarse de eso, recordó una experiencia de un chico que conto en una de las conferencias de ufología, las abducciones y todo lo que les hacían los extraterrestres a los humanos si se los llevaban, pero siempre había sido curioso, lo extraño siempre le había llamado como si en otra vida hubiera nacido en un planeta o en una dimensión de fantasía.

Siguió la luz entre los árboles, con la respiración agitada y los sentidos alertas. Cada paso parecía alejarlo del mundo conocido para entrar en uno lleno de magia donde encontraría la verdad sobre esta vida. El aire vibraba, como si el espacio mismo estuviera alterado o impulsándolo para seguir la locura que estaba cometiendo, porque eso era lo que pensaba él, entrar a lo desconocido y que le hagan lo que muchos chicos y chicas contaban en las convenciones o conferencias.

La luz se apagó de golpe. No fue un desvanecimiento gradual ni un parpadeo inseguro, simplemente dejó de existir. Durante un segundo, Adrián sintió que el mundo entero había quedado suspendido en ese vacío repentino, y luego el bosque volvió a reclamarlo todo.

La oscuridad fue total, el canto de los insectos regresó de forma desordenada, como si también ellos hubieran estado conteniendo la respiración. Adrián parpadeó varias veces, intentando que sus ojos se acostumbraran, pero el contraste había sido demasiado brusco, el corazón le golpeaba el pecho con una fuerza que no recordaba haber sentido antes.

Sin pensarlo demasiado, se movió, se agachó y se ganó detrás del tronco más cercano, presionando la espalda contra la corteza rugosa. El árbol era ancho, viejo, con raíces que sobresalían del suelo como dedos retorcidos. Adrián apoyó una mano en una de ellas para mantener el equilibrio mientras inclinaba la cabeza, intentando escuchar algo más allá del ruido natural del bosque, su respiración sonaba demasiado fuerte en sus propios oídos.

Tranquilo, se dijo. No seas ridículo.

Se rio para sí mismo, una risa corta y nerviosa que murió antes de tomar forma real, no pudo evitar pensar en todas las películas que había visto, en las historias que había leído, en los foros nocturnos llenos de teorías absurdas que consumía cuando no podía dormir. Ideas sueltas comenzaron a desfilar por su cabeza sin orden, luces que atraen, seres que observan, pruebas, errores humanos.

—Estás siendo paranoico —murmuró en voz baja.

Seguramente había una explicación lógica. Siempre la había. Algún fenómeno atmosférico extraño, un reflejo, una ilusión provocada por el cansancio y la expectativa, tal vez incluso alguien jugando con un dron de alta potencia, nada más. Aun así, su cuerpo no parecía convencido.




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