Donde Las Estrellas Miran

Capítulo 2

Al día siguiente, el pueblo Sauzal seguía igual de aburrido, gente paseando por la plaza manteniendo conversaciones banales o interesantes para cada uno de ellos. Eso lo inquietó más, sintió como si el mundo decidiera fingir normalidad ante lo que pasó la noche anterior.

En la plaza, Jensen estaba sentado en su lugar de siempre mientras se apoyaba contra la banca, con sus audífonos puestos con su expresión de indiferencia. Cuando Adrián lo vio, sintió un nudo en el estómago.

—Oye —comenzó acercarse—. ¿Estás bien? — Jensen levantó la mirada y sonrió, esa sonrisa sarcástica tan familiar.

—¿Debería no estarlo?

Ahí estaba. El mismo Jensen de siempre con su indiferencia cuando trataba de evitar el problema o hacer como si no pasara nada.

—Anoche… —empezó Adrián, bajando la voz—. Lo del cerro fue raro.

Jensen lo observó con atención, como midiendo cada palabra.

—Te asustaste…Vi tu expresión de susto desde que bajamos del cerro. — Adrián frunció el ceño.

—Vi algo caer del cielo.

—Ves muchas cosas —respondió Jensen con una voz cortante, encogiéndose de hombros—. De seguro fue un meteorito.

—No sé, yo sé que vi algo… el problema aquí es que tú no quieres confirmarlo.­ — Se acomodo en el la banca para estar más cerca de Jensen, mientras él solo observaba cada movimiento que hacía, Adrián solo quedo mirando al frente sin expresión en la cara.

—Si, posiblemente vi una luz, pero sabes que para esos lados siempre se ven cosas, talvez fue alguien con un foco que ilumino algo y resplandeció esa luz muy fuerte…— Quedo mirando la expresión de Adrián para escuchar su opinión.

—Supongo que esto que dijiste no lo pensaste — Lo miro enojado y levantando las manos moviéndolas de forma rápida — ¡Porque es la teoría más estúpida que estoy escuchando!, ¿si quiera piensas lo que estás diciendo o solo escupes las palabras sin sentido? –

—Estas insoportable hoy Adrián, lo que viste al parecer te estrujo el cerebro y todo lo que te hace razonar. Hablamos más tarde.

Se paro de la banca y sin despedirse se fue lejos de ahí. Adrián sintió una punzada de decepción mientras veía como se alejaba… y otra cosa más profunda, el saber que él no quiere creer y solo evita el tema por alguna razón que aún no logra entender.

La plaza estaba casi vacía a esa hora de la tarde. El sol aún no se ponía, pero ya no calentaba como al mediodía; se filtraba entre las hojas de los árboles altos y caía en manchas irregulares sobre las bancas de madera gastada. Adrián estaba sentado en una de ellas, inclinado hacia adelante, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida en algún punto del cielo, aunque las nubes lo cubrían casi por completo.

No recordaba cuánto tiempo llevaba ahí, había pasado la noche en vela, dando vueltas en la cama, repasando una y otra vez la imagen de la luz, el silencio del bosque, la mirada de Jensen. Cada vez que cerraba los ojos, sentía esa vibración extraña en el pecho, como si algo dentro de él no hubiera regresado del todo. Había intentado convencerse de que era solo cansancio, que su mente estaba exagerando detalles, pero el cuerpo no mentía: le dolía la cabeza, los músculos estaban tensos y tenía esa sensación persistente de estar siendo observado incluso a plena luz del día.

Fue consciente de la presencia de Kory antes de verla, no escuchó pasos ni el crujido de la grava. Simplemente supo que alguien se había sentado a su lado. El banco se hundió apenas bajo el peso adicional y el aire pareció cambiar de temperatura. Adrián giró el rostro lentamente.

Kory estaba ahí, con las manos entrelazadas sobre el regazo, mirando al frente, no sonreía, tampoco parecía sorprendida de encontrarlo.

Lo observó de reojo durante unos segundos y luego suspiró, un suspiro largo, cargado de resignación.

—No dormiste —dijo. No fue una pregunta.

Adrián soltó una risa breve y cansada.

—¿Tan obvio soy?

Kory asintió apenas.

—Cuando te pasa algo raro, miras el cielo incluso de día —respondió—. Como si esperaras que algo vuelva a aparecer.

Adrián tragó saliva. Desvió la mirada hacia el suelo, donde las sombras de las hojas se movían con lentitud.

—No me había dado cuenta —murmuró.

—Nunca te das cuenta —replicó ella con suavidad.

Se hizo un silencio cómodo, pero denso. Kory no insistió de inmediato ya lo conocía demasiado bien como para presionarlo sin necesidad. Sabía que Adrián necesitaba tiempo para decidir si iba a hablar o no.

Él dudó, parte de él quería guardar lo ocurrido solo para sí mismo, protegerlo del escrutinio ajeno, incluso del de su mejor amiga. Pero otra parte más honesta, más cansada sabía que Kory siempre había sido la única capaz de ver las cosas desde un ángulo distinto, donde otros se reían o descartaban, ella observaba, escuchaba y sentía.

—Anoche… —empezó Adrián, y se detuvo.

Kory giró la cabeza hacia él, atenta.

—Anoche vi una luz en el cerro —continuó—. Y Jensen estaba ahí… justo después de lo que pasó.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.