Donde Las Estrellas Miran

Capítulo 4

Después de la llegada de Nyra al pueblo, nada volvió a sentirse del todo real, Jensen lo notó primero en el silencio mientras Adrián seguía ahí, caminando a su lado por Sauzal, sentado frente a él en la mesa de siempre, escuchando la misma música que compartían desde chicos. Pero algo en él se había desplazado, como una estrella que cambia mínimamente su trayectoria y, aun así, altera todo el sistema.

Durante el día, Jensen se volvió distante y más indiferente, se mantenía alejado de Adrián, sabía que si seguía a su lado sus sentimientos serían más intensos.

—¿Vas a subir al cerro esta noche? —preguntó Adrián, fingiendo normalidad.

—No —respondió Jensen, sin mirarlo—. Tengo cosas que hacer.

Kory observaba en silencio, con esa intuición afilada que había dejado de ser solo humana. Desde la llegada de Nyra, su cabeza zumbaba como una antena mal sintonizada. Algo se movía bajo la superficie del pueblo.

Nyra, en cambio, no se ocultaba, caminaba por Sauzal como si el lugar les perteneciera a ellos. Su presencia no llamaba la atención de los demás, pero Adrián sentía cómo el aire se ordenaba a su alrededor. Como si la realidad supiera que ella no era de ahí… y aun así la aceptara.

—Estás cansado —le dijo Nyra a Adrián esa tarde, mientras lo acompañaba hasta el borde del pueblo—. No es solo miedo.

Adrián soltó una risa breve.

—Nunca fui bueno ocultando lo que siento.

—Lo sé —respondió ella—. Por eso confió en ti más de lo que debería.

Adrián se detuvo.

—¿Jensen te dijo eso?

Nyra lo miró con una seriedad suave.

—No necesita decirlo. Se le nota en cómo se rompe por dentro cuando te mira.

El comentario le atravesó el pecho.

—Entonces… ¿por qué se aleja?

Nyra tardó en responder.

—Amar para nosotros no es solo un riesgo emocional, es una sentencia.

El sol empezaba a caer, tiñendo Sauzal de tonos dorados mientras Adrián pensaba que nunca el pueblo se había visto tan frágil. Esa noche, no fue Jensen quien buscó a Adrián, fue el cielo.

Adrián subió solo al cerro, con su cámara colgando del cuello y el corazón latiendo demasiado fuerte. El viento olía a pasto húmedo por el riego de los campos sembrados y las estrellas parecían más cercanas, más atentas.

—Siempre vuelves aquí —dijo una voz detrás de él.

Adrián no se dio vuelta de inmediato.

—Aquí fue donde te vi por primera vez de verdad.

El silencio se extendió entre ambos.

—Nyra se irá pronto —dijo Jensen—. Y yo con ella.

Las palabras cayeron como un meteorito tanto que Adrián giró lentamente para mirarlo.

—¿Eso es una decisión… o una forma de protegerte?

—Es la única forma de protegerte a ti.

—No te pedí eso —susurró Adrián—. No te pedí que eligieras por mí, tampoco que me protejas si estoy es algo que debo decidir por mí mismo, ya no soy un niño, no tengo 12 años.

Jensen lo miró entonces, de verdad. En sus ojos había una batalla que no se veía desde fuera.

—Si me quedo —dijo—, te condeno a una guerra que no entiendes del todo.

Adrián dio un paso hacia él.

—Y si te vas, ¿qué pasa conmigo?

Jensen tragó saliva mientras cerraba los ojos con fuerza evitando que sus ojos comenzaran a verse lagrimosos.

—Sobrevivirás…

—Eso no es vivir —respondió Adrián—. Tú me enseñaste eso sin querer.

La luz comenzó a rodear a Jensen, tenue, inestable. No estaba transformándose del todo, pero su energía se filtraba, como si su cuerpo no pudiera contener lo que sentía, sus emociones se hacían más fuertes cuando estaba con él y siempre evitaba eso.

—No sabes cómo me siento cuando dejo de huir, ese miedo que se apodera de mí, saber que… ¡tú no sabes lo que podría hacer si te pierdo!

Adrián apoyó una mano en su pecho, sintiendo el pulso acelerado, distinto, profundo.

—Entonces no me pierdas —dijo—. Elijo esto. Te elijo a ti… incluso con miedo.

Por un instante, Jensen casi cedió, pero se apartó de él de forma brusca y distante, sabia las consecuencias de todo esto, pero no sabía que hacer, no tenía claro como seguir con este problema.

—Eso es lo que más me asusta —murmuró—. Que seas mi razón para quedarme… y mi punto más vulnerable.

Desde la distancia, Nyra observaba sin intervenir, ella sabía que esa órbita solo ellos podían resolverla.

Las estrellas siguieron brillando, indiferentes y eternas. Algo había cambiado, cuando el amor entra en juego, ni siquiera el universo permanece intacto.




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