Adrián no anunció su distancia, no hubo discusiones, ni reproches, tampoco palabras grandes, solo empezó a estar menos cerca de él, dejo de enviarle mensajes como antes, ya no lo esperaba en la plaza para platicar con él o subir al cerro para sacar esas grandiosas fotos con su cámara, lo comenzó a buscar cada vez menos con la mirada, se alejó por su bienestar necesitaba tomar esa decisión por el mismo, en cada lugar que se encontraba intentaba de que no coincidieran, le costó demasiado, soñaba cada noche con él y era doloroso no tenerlo cerca sabiendo que ambos sentían lo mismo lo hacía aún peor.
Jensen lo notó al tercer día, no intervino, dejo que se tomara su tiempo, sabía que Adrián no era frío, pero dejo de insistir. Ya no subía al cerro por las noches “por si acaso”. Ya no preguntaba si Jensen iba a aparecer. Cuando coincidían, Adrián sonreía… pero era una sonrisa suave, educada, como la que se ofrece a alguien a quien no se quiere incomodar, ya después de la semana completa que paso no pudo tolerarlo, ser ignorado dolía más que el rechazo.
—¿Te pasa algo? —preguntó Jensen una tarde, encontrándolo en la biblioteca del pueblo, rodeado de libros viejos y fotografías impresas. Adrián levantó la vista, sorprendido, no parecía molesto más bien se veía cansado.
—No —respondió—. Solo estoy ordenando cosas.
Jensen frunció el ceño.
—¿Ordenando qué?
Adrián dudó un segundo.
—Lo que siento —dijo al fin—. Para que no me duela tanto.
El silencio se volvió espeso entre ellos.
Jensen dio un paso adelante.
—No tienes que alejarte.
Adrián cerró el libro que tenía entre las manos mientras se acomodaba para mirarlo.
—Sí tengo —respondió con calma—. Tú no estás listo… y yo no quiero seguir lastimándome esperando algo que no sabes si puedes dar.
No hubo acusación en su voz ni un tipo de tono tampoco solo fue calma, eso fue lo peor.
—Nunca te pedí que esperaras —murmuró Jensen.
—Lo sé, pero tampoco me pediste que me quedara tan cerca.
Jensen no encontró qué decir, solo quedo ahí parado como estatua, tampoco su cerebro le dejaba procesar lo que había pasado o mantener la conversación para relajar el ambiente, su única opción fue ver como él se alejaba lentamente y salía de la biblioteca.
Los días siguientes, Adrián empezó a cambiar rutinas, pasaba más tiempo con Kory, salía a sacar fotos solo o se quedaba en casa jugando con su celular, cuando antes habría salido a buscar estrellas.
Julián notó el cambio de humor de su amigo decidiendo que ya debían hablar. Así que lo acompaño esa noche para hablar de lo que le estaba pasando a Adrián.
—Te estás cuidando —dijo esa noche, parado en el borde del cerro con los brazos cruzados.
—Estoy aprendiendo —respondió Adrián—. A no ofrecerme donde no me eligen.
Julián no discutió eso, pero si lo acompaño esa noche apoyándolo, él también sabia por lo que estaba pasando así que se dedicó a escucharlo toda la noche mientras lo aconsejaba.
Jensen, en cambio, empezó a sentirse fuera de órbita, extrañaba cosas pequeñas de Adrián, como la forma en que Adrián le mandaba canciones, cuando se quedaba escuchándolo hablar del espacio por horas, la manera en que lo miraba como si no hubiera nada más importante. Ahora, Adrián lo miraba… solo cuando era necesario.
Una noche, Jensen necesitaba pensar a sí que subió solo al cerro.
El cielo estaba despejado dejándose ver los pequeños cúmulos de estrellas que se alcanzaban a ver del planeta, cosa que era brutalmente hermoso.
—Esto es lo que pasa cuando huyo —susurró—. Pierdo lo que me importa.
Pero no volvió, solo intento reprimir su sentimiento como de costumbre, admitirlo significaba elegir y tenía miedo de elegir sabiendo que eso traería problemas.
Y Adrián, desde la distancia que había creado para sobrevivir, miraba el mismo cielo con una certeza nueva y dolorosa, amar también puede ser saber cuándo alejarse y en ocasiones, eso es lo más valiente que se puede hacer.
Jensen tardó en aceptar que Adrián ya no lo buscaba, al principio se dijo que era una pausa. Un respiro necesario. Adrián siempre había sido sensible, siempre había sentido más de lo que decía. Se le pasará, pensó. Siempre vuelve, pero esta vez no volvió.
Los días comenzaron a acumularse con una pesadez extraña. Jensen despertaba con la sensación de que algo faltaba, como cuando se olvida un sueño justo antes de abrir los ojos, miraba el celular por costumbre, no por esperanza, no había mensajes tampoco fotos del cielo. No había canciones enviadas a deshoras absolutamente nada.
En la plaza, los bancos seguían ocupando el mismo lugar, pero Adrián ya no estaba esperando en ellos. La cámara no colgaba de su cuello, su risa no se filtraba entre el murmullo del pueblo. Jensen empezó a sentir que Sauzal se vaciaba… aunque todo siguiera igual.
Una tarde lo vio de lejos, saliendo de la biblioteca con Kory. Adrián hablaba totalmente animado como si no hubiera pasado nada, parecía más feliz, no miró alrededor y no buscó a nadie, no lo busco a él.