Al día siguiente, Julián lo encontró en la casa, sentado en el suelo, rodeado de cosas humanas que nunca había querido tocar demasiado.
—No va a volver —dijo Julián, sin dureza—. No así.
Jensen levantó la mirada, con los ojos cansados.
—No quería que se fuera.
—Lo sé.
—Solo… —tragó saliva— no supe cómo quedarme.
Julián se sentó frente a él.
—Cuando amas desde el miedo —dijo—, siempre terminas solo.
Jensen cerró los ojos ya que eso era lo que estaba pasando, Adrián no se había alejado para castigarlo, se había alejado para salvarse y Jensen entendió, con una claridad devastadora, que no había sido reemplazado por nadie, la existencia de un rival solo se la creo él, tampoco había traición, solo había consecuencias.
Esa noche volvió a pasar frente a la casa de Adrián, la luz estaba encendida, mientras por la ventana se veía el reflejo de la madre que estaba en la cocina, dentro se escuchaba música baja, una canción que reconoció de inmediato…Heaven Tonight de H.I.M, la canción favorita de Adrián.
Jensen se quedó ahí, invisible, incapaz de tocar la puerta ya que tocarla significaba decir la verdad y decir la verdad significaba dejar de huir.
Se apoyó contra la pared, respirando hondo, mientras algo dentro de él finalmente se quebraba sin hacer ruido.
—Te estoy perdiendo —murmuró—. No por ser un pleyadiano, tampoco por el universo, si no por mí…
Por primera vez desde que llegó a la Tierra, Jensen sintió miedo de verdad, realmente no quería perderlo, sentía que el enemigo paso a segundo plano y el destino en este momento le importaba bien poco, a lo único que le estaba temiendo es a la posibilidad de que, cuando por fin se atreviera a elegir, Adrián ya no estuviera esperando y esa idea, más que cualquier amenaza cósmica, lo dejó completamente solo bajo las estrellas, con ese último pensamiento decidió ir a despejar su mente al cerro.
Mientras tanto Julián que estaba en el cerro junto a Nyra no se permitió mirarla demasiado.
Nyra estaba de pie junto al borde del cerro, observando el cielo con esa calma que siempre parecía venir de otro tiempo. La luz suave que rodeaba su cuerpo se filtraba apenas, como un reflejo que solo algunos podían percibir.
Julián, en cambio, solo fingía normalidad, demasiada para el mismo.
—No sabía que te quedarías —dijo él, rompiendo el silencio, sin mirarla directamente.
—No suelo anunciar mis decisiones —respondió Nyra—. Tú lo sabes.
Él con una mueca intento sonreír para evitar que ella notara lo disgustado que estaba con su respuesta.
—Sí. Siempre fuiste así…
Jensen los observaba desde unos pasos atrás, conocía a Julián desde hacía años, sabía leerlo mejor que a nadie y algo en su postura —en la forma en que evitaba sostenerle la mirada a Nyra— no encajaba.
Nyra se giró entonces, sus ojos se encontraron con los de Julián por un segundo de más y el ambiente se puso tensó.
—Has cambiado —dijo ella, inclinando la cabeza—. Pero no tanto como crees.
–Tú tampoco. – Eso fue una mentira piadosa.
Nyra había cambiado estaba más presente y más peligrosa para alguien como él.
Jensen frunció el ceño y salió de entre los árboles para dirigirse a donde estaban ellos.
–¿Desde cuándo hablan así? – preguntó.
Nyra lo miró con calma, hace rato había sentido la energía de su hermano así que no le sorprendía que estuviera ahí, siempre le ha gustado husmear.
–Desde antes de que aprendieras a huir.
Jensen solo se dedicó a caminar un poco más alejado de ellos dos, ya tenía mucho que pensar como para estar pendiente de la tensión romántica que tenían esos dos.
Julián soltó una risa breve, nerviosa.
–Siempre tan directa, me pregunto desde cuando has estado observando querido Jensen.
Nyra dio un paso hacia él sin invadir su espacio, pero estuvo lo suficientemente cerca como para que Julián sintiera esa energía distinta, imposible de confundir.
—No deberías mirarme como si fuera una idea prohibida —dijo en voz baja—. No eres tan bueno ocultándolo como crees.
Julián bajó la mirada.
—No estoy mirando nada.
Jensen a la distancia sintió el golpe en el pecho, ahora lo entendía, no era solo admiración, tampoco curiosidad, era algo que él jamás se había permitido sentir… y que Nyra al parecer si estaba dispuesta hacerlo con Julián.
—Esto no es buena idea —murmuró Julián.
Nyra no apartó los ojos de Julián.
—Nunca lo son —respondió—. Y, aun así, siempre ocurren.
Julián respiró hondo, como si necesitara anclarse a la gravedad.
—No espero nada —dijo—. Solo… no podía no sentirlo.
Nyra lo observó en silencio, para luego, con una suavidad inesperada, apoyó dos dedos en su muñeca, el contacto fue breve, casi inexistente, pero Julián tembló cuando la sintió.