Kory no durmió esa noche, cada vez que lo hacía… algo respondía.
Estaba sentada en el suelo de su habitación, la espalda apoyada contra la cama, las rodillas abrazadas al pecho, las luces apagadas y el silencio demasiado perfecto, como si el pueblo entero contuviera la respiración.
Su cabeza aún latía, no era dolor físico exactamente, era más bien una presión interna, como si su mente hubiese quedado abierta y alguien hubiera olvidado cerrarla del todo.
—Fue demasiado —susurró—. Me pasé.
Al llevarse los dedos a la sien, una imagen se filtró sin permiso:
ojos rojos,
energía densa,
una risa que no era humana.
Lysara.
Kory inhaló bruscamente.
La drak’thar no estaba ahí… pero había dejado una marca. Un eco. Como si ahora supiera exactamente por dónde entrar.
—No —murmuró—. No tienes derecho.
Intentó levantar barreras, las mismas que había usado toda su vida, pero estas temblaron al contacto con algo nuevo dentro de ella.
No solo había empujado la verdad de Jensen, había activado algo propio, en el cerro, desde la leyenda, desde el vínculo humano-pleyadiano… Kory ya no era solo una observadora psíquica, su frecuencia había cambiado y se había alineado.
Se levantó tambaleante y se miró en el espejo, por un segundo —solo uno— sus ojos no fueron del todo suyos, brillaron con una luz suave, antigua, como si el pueblo de Sauzal la reconociera.
—Genial —murmuró con ironía—. Bruja, antena cósmica y ahora probable objetivo intergaláctico.
Pero el miedo no fue lo que la quebró, fue la culpa, pensó en Adrián, en Jensen, en el beso que había sentido a la distancia como una vibración cálida… peligrosa.
—Los empujé —admitió—. A todos.
La habitación se enfrió de golpe, Kory se giró, pero no había nadie y, aun así, supo que ya no estaba sola en su mente como antes. —¡Si vas a mirar —dijo en voz alta y firme— hazlo desde afuera!
El aire vibró levemente, como una respuesta molesta, Kory respiró hondo, entendió entonces qué le estaba pasando, estaba segura de que había cruzado el límite entre percibir y participar y el universo no castiga eso de inmediato, primero observa.
Se sentó otra vez en el suelo, agotada, pero con una claridad peligrosa asentándose en su interior.
—Si me elegiste como puente —susurró—, más te vale que sepas que no me quiebro fácil.
A lo lejos, en algún punto entre estrellas y sombras, algo tomó nota y en Sauzal, mientras todos procesaban el beso, el miedo, la elección… Kory fue la primera en entenderlo del todo, la guerra no iba a empezar con naves, iba a empezar a través de ella.
Nyra fue a buscarla al amanecer, no tocó la puerta, tampoco hizo ruido, simplemente estuvo ahí, apoyada en el marco mientras observaba a Kory sentada en la cama con las cortinas corridas y ojeras que no combinaban con su sonrisa habitual.
—No dormiste —dijo Nyra.
Kory levantó la vista.
—Tú tampoco.
Nyra entró y cerró la puerta con cuidado.
—Anoche sentí una perturbación —dijo—. No vino del cerro, si no de ti.
Kory tragó saliva.
—Entonces no estoy loca.
—No —respondió Nyra con calma—. Tu conexión está abierta.
Kory soltó una risa nerviosa.
—Eso suena peor de lo que debería.
Nyra se sentó frente a ella, cruzando las piernas con una precisión casi ritual.
—Dime exactamente qué sientes.
Kory dudó, buscando palabras.
—Es como si… —cerró los ojos— el mundo estuviera un poco más cerca, las cosas no necesitaran tocarme para afectarme. – Abrió los ojos. —Y hay algo más, cuando Lysara entró en mi mente… no solo me atacó, dejó algo atrás.
Nyra se tensó.
—¿Un ancla?
—Un eco —corrigió Kory—. Como una puerta o una dirección de un mapa y ahora sabe dónde estoy.
El silencio se cargó de gravedad.
—Anoche sentí el beso de Adrián y Jensen —continuó Kory, bajando la voz—. No como chisme psíquico, fue una… vibración compartida y eso no debería ser posible.
Nyra la miró fijamente.
—A menos que seas un nodo.
Kory frunció el ceño.
—¿Un qué?
—Un punto de convergencia —explicó Nyra—. Alguien capaz de amplificar y traducir vínculos entre especies, es extremadamente raro.
Kory se quedó quieta.
—¿Raro como “especial”? —preguntó—. ¿O raro como “condenada”?
Nyra no respondió de inmediato.
—Ambas cosas —admitió al fin.
Kory exhaló, dejando caer la cabeza hacia atrás.