El aire parecía contener la respiración, Jensen estaba frente a Adrián, demasiado cerca para retroceder, demasiado consciente de todo lo que habían dicho y sentido. Cada palabra había encendido algo que no se podía apagar, un fuego que se había acumulado durante años de silencios, miedos y secretos.
Adrián dio un paso adelante. Lentamente, medido, pero con decisión. Sus ojos no buscaban un acuerdo, no pedían permiso. Solo buscaban a Jensen, entero, aquí y ahora.
Jensen tragó saliva y la distancia desapareció en un instante. Se inclinó hacia Adrián, sus labios temblando apenas, su respiración mezclándose con la de él.
—Adrián… —susurró Jensen, como si nombrarlo lo anclara a la realidad.
—Siempre —respondió Adrián, con los ojos cerrándose de golpe—. Siempre te quise.
Y entonces, como si todo el tiempo de espera y miedo se condensara en un solo movimiento, se encontraron.
El beso empezó suave, con un roce primero, explorando, tanteando… y luego se convirtió en necesidad. En deseo contenido que no podía esperar más. Las manos de Adrián se enredaron en la nuca de Jensen, tirando de él hacia su cuerpo, buscando sentirlo entero. Jensen respondió con igual intensidad, abrazándolo, apretando, queriendo borrar meses de distancia en un solo instante.
El mundo desapareció.
El frío de la plaza, las estrellas, la presión de Lysara, la amenaza del nodo… todo dejó de importar. Solo estaban ellos, respirando, presionando, gritando silenciosamente lo que nunca habían dicho.
El beso era urgente y dulce, salvaje y tierno al mismo tiempo. Se perdían y se encontraban entre cada roce, cada suspiro, cada latido. Nadie podía detenerlos, porque no querían ser detenidos.
Cuando finalmente se separaron un poco, solo para tomar aire, Adrián apoyó la frente contra la de Jensen. Sus respiraciones se mezclaban. Sus ojos brillaban.
—Te elegí —dijo Adrián, con voz ronca—. Te elijo ahora y siempre.
Jensen apenas pudo sostenerlo. Un nudo en la garganta le impedía hablar.
—Y yo… yo ya no puedo huir —susurró—. No de ti.
Se fundieron de nuevo en un beso, esta vez más lento, más consciente, como si el mundo entero pudiera esperar mientras ellos resolvían años de miedo, distancia y amor contenido.
El corazón de Jensen y Adrián latía al mismo ritmo, y por primera vez, Sauzal, el cielo, y hasta las estrellas parecían inclinarse hacia ellos, observando que por fin… ambos habían encontrado su lugar.
Se separaron apenas, respirando con dificultad.
Adrián apoyó la frente contra la de Jensen, y por un momento ninguno habló. Solo sentían. Cada latido, cada respiración, cada calor compartido se mezclaba con la emoción que habían reprimido durante años.
—No puedo creer que finalmente… —dijo Adrián, su voz apenas un susurro, ronca por la intensidad del beso—. Que esto… que tú… —se detuvo, respirando hondo— …estés aquí conmigo.
Jensen cerró los ojos, dejando que la cercanía le llenara los vacíos que había intentado ignorar tanto tiempo. Cada miedo, cada duda, cada silencio que los había separado, ahora estaba al borde de desvanecerse.
—Yo tampoco… —susurró Jensen—. No puedo creer que me permitiera sentir esto. Contigo. Y que no huyas.
Adrián sonrió débilmente, apoyando su mano sobre el rostro de Jensen.
—No huiré —dijo—. No esta vez.
El silencio que siguió no era incómodo. Era cómplice. Un espacio donde podían existir solo ellos, sin amenazas, sin secretos, sin distancias.
Jensen sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No de miedo, sino de emoción. Por primera vez desde que llegó a la Tierra, dejó que alguien lo viera completamente, sin máscaras.
—Todavía tengo miedo —admitió—. Miedo de perderte.
Adrián lo sostuvo más cerca, sin palabras, dejando que la presión de sus brazos dijera lo que necesitaba oír: que no lo dejaría solo, que no se iba a ir, que lo eligió.
—Y yo siempre volveré —murmuró Adrián—. Incluso si todo el mundo conspira contra nosotros, incluso si Lysara nos está observando… siempre volveré a ti.
Jensen dejó caer la cabeza contra su pecho, cerrando los ojos y dejando salir un suspiro que había estado reteniendo desde que se conocieron.
—Entonces… —dijo— puedo… quedarme?
—Siempre —respondió Adrián, con una sonrisa cálida y suave, mientras acariciaba su cabello—. Puedes quedarte para siempre.
El mundo parecía contener la respiración mientras ellos permanecían así de juntos y quietos, dejando que ese instante se alargara todo lo que quisiera, no había más miedo, solo estaba la verdad, el calor en el ambiente y la certeza de que, al fin, se habían encontrado.
En ese silencio compartido, ambos comprendieron que la conexión que creían peligrosa… ahora era su refugio.
Nyra fue la primera en notarlo, no hizo falta que los mirara directamente, lo sintió en el aire, en esa vibración suave que no pertenecía del todo a la Tierra ni a las estrellas.
Adrián y Jensen estaban sentados un poco apartados, hablando en voz baja, demasiado cerca para ser casualidad… demasiado conectados para pasar desapercibidos.