Donde Las Estrellas Miran

Capítulo 13

Adrián despertó antes de que sonara la alarma.

No fue por ruido, fue por una sensación suave en el pecho, como si algo lo hubiera llamado desde adentro, abrió los ojos despacio, acostumbrándose a la luz pálida que se filtraba por la ventana, su habitación era la misma de siempre los posters, la cámara, los libros y, aun así, algo no encajaba, él no era el mismo.

Se incorporó despacio, apoyando la mano sobre el corazón, el latido estaba ahí, tranquilo y constante, recordó cuando Jensen lo fue a dejar hasta su casa, solo reía al saber cómo las cosas cambiaron desde que subió al cerro esa noche y descubrió la verdad… ahora no solo era su mejor amigo, también algo a lo cual aún no le colocaban un nombre.

—No fue un sueño —susurró.

Mientras se lavaba la cara, su reflejo le devolvió una mirada distinta, no más valiente, no más fuerte, solo se veía más honesta, como si algo dentro de él hubiera dejado de resistirse.

Pensó en Jensen, en sus manos temblando cuando estaba cerca, en la forma en que lo había mirado, como si quedarse fuera un acto de fe y por primera vez, Adrián no dudó.

Jensen, a varios kilómetros de ahí, despertó con una inhalación brusca, se sentó en la cama de inmediato, algo alerta, como si hubiera sentido una señal invisible donde tardó unos segundos en darse cuenta de dónde estaba, el cuarto lleno de los cálidos rayos solares de la mañana, las paredes reflejaban ese color azul claro, la ventana semi abierta para que entrara el aire, observo un rato para luego volver a acostarse dirigiendo su mirada al techo blanco.

Cerró los ojos, expandiendo su percepción con cuidado y lo sintió, Adrián estaba despierto, no físicamente cerca, pero presente de una forma imposible de ignorar, su energía llenaba su cuerpo como si estuviera envuelto en él, abrió los ojos logrando ver esa luz azul rodeando su cuerpo, eso nunca había pasado antes.

—Qué hicimos… —murmuró, aunque no había arrepentimiento en su voz. Se pasó una mano por el rostro, respirando hondo sintiendo como el miedo seguía ahí…las consecuencias, Lysara, los Drak’thar, pero algo había cambiado de lugar dentro de él, el centro ya no era el control, era el vínculo.

Jensen se levantó, apoyando ambas manos en el borde de la cama, la última vez que se sintió así fue cuando llegó a la Tierra siendo niño, ese impulso de huir al amanecer, pensó en Adrián, en su forma humana de amar sin pedir garantías, cómo había aceptado el nexo sin entenderlo del todo y esa aceptación… lo había cambiado.

A la misma hora, sin saberlo, ambos se quedaron quietos por un segundo, Adrián, con una taza de café humeante entre las manos, Jensen, mirando el cielo por la ventana.

El nexo respondió, fue un pulso leve pero compartido, sin palabras, tampoco imágenes, solo la certeza silenciosa de que el otro estaba ahí.

Jensen exhaló despacio.

—Ya no puedo volver atrás, no regresare al pasado, no esta vez, ya no más…

Adrián mientras tomaba su café matutino sonrió sin saber por qué, solo presencio esa calidez que desprendía de su interior como si fueran llamas que apenas se sentían.

El día comenzaba, y con él, una verdad nueva, no era que el mundo hubiera cambiado, eran ellos los que decidieron juntos cambiar su historia y vida.

El día lo recibió sin ceremonia, el ruido de la calle, el murmullo lejano del pueblo despertando, el sol filtrándose entre las nubes bajas, Jensen caminaba por Sauzal con las manos en los bolsillos, la espalda recta y la mirada atenta… pero por dentro, todo era distinto.

El nexo estaba desplegado, no brillaba ni ardía, tampoco era algo visible para los humanos, era mejor que eso, estaba presente como una puerta abierta que durante años se había obligado a mantener cerrada, cada paso resonaba en su percepción, el pulso estaba ahí, acompasado, tranquilo. Adrián estaba lejos, pero no ausente, Jensen podía sentirlo como se siente una estrella durante el día, invisible, pero indudablemente sabía que era real.

Se detuvo un momento en la vereda, respiró hondo, en otro momento habría replegado su energía por instinto, habría comprimido el nexo hasta hacerlo indetectable como siempre, como le enseñaron para así sobrevivir.

Esta vez no lo hizo y el miedo llegó tarde, arrastrándose pensando seriamente si alguien lo siente… si Lysara… si los Drak’thar… cerró los ojos un segundo, el nexo respondió con un pulso suave pero firme, no como una advertencia, si no, un anclaje.

—No voy a esconderte —susurró, sin saber si se lo decía al vínculo… o a Adrián.

Siguió caminando, pasó junto a gente que no notó nada, que no sabía que un pleyadiano estaba rompiendo una de las reglas más antiguas de su especie solo por existir sin negarse, Jensen sintió el peso de eso en los hombros… y, aun así, no retrocedió, por primera vez, no estaba dividido entre quién era y a quién amaba.

En un reflejo de una vitrina se vio a sí mismo, era el mismo rostro serio, la misma expresión contenida, pero los ojos… los ojos habían cambiado, había algo abierto ahí que se sentía vulnerable, pero a la vez vivo.

El nexo volvió a latir, más fuerte por un instante, supo sin explicación lógica, que Adrián estaba pensando en él justo entonces sonrió apenas, una curva mínima en los labios, casi imperceptible.




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