El camino al río fue una mezcla perfecta de risas, polvo y sol, Adrián caminaba adelante con Julián hablando de cualquier cosa, música, una cámara nueva, una anécdota absurda, mientras Nyra y Kory iban unos pasos atrás, descalzas, dejando que el pasto alto les rozara los tobillos, Jensen cerraba el grupo, observándolo todo con una atención tranquila, como si quisiera grabar ese momento en algún lugar más profundo que la memoria.
—¡Este calor debería ser ilegal! —se quejó Julián, tirándose la mochila al hombro—. Si el río no está helado, me lanzo de cabeza.
—Está helado —respondió Kory con una sonrisa ladina—. Siempre lo está.
—Perfecto —dijo Adrián—. Así despertamos.
Cuando llegaron, el río corría claro entre las piedras, reflejando el cielo limpio del verano, el sonido del agua llenó el aire de inmediato, borrando cualquier resto de tensión.
Nyra fue la primera en quitarse las sandalias.
—No puedo creer que sigamos viniendo acá como si nada —dijo, mirando alrededor—. Y aun así… se siente distinto.
Kory la observó de reojo.
—Porque lo es.
Adrián dejó su mochila sobre una roca grande y se sentó, cerrando los ojos un segundo. El sol le calentaba la piel, el murmullo del agua le aflojaba los pensamientos, sintió el pulso suave del nexo… y sonrió.
Jensen se acercó y se sentó a su lado, sin tocarlo, pero lo suficientemente cerca como para que la presencia fuera clara.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.
—Sí —respondió Adrián—. Es raro… pero me siento en paz, este rio trae demasiada tranquilidad.
Jensen asintió, mirando el río.
—Eso no solía pasarme en lugares así antes.
Julián ya estaba metido hasta las rodillas en el agua, quejándose dramáticamente.
—Confirmado, está congelada, si muero, avisen que fue una muerte digna.
Nyra rio y le tiró una piedra pequeña que cayó cerca, salpicándolo mientras seguía quejándose del agua.
—Exagerado.
Kory se quedó en la orilla un momento, observándolos a todos, sus ojos se detuvieron un segundo más en Adrián y Jensen, no necesitaba ver energía ni usar sus dones para saberlo, el vínculo está estable, pensó, y eso lo cambia todo…
Más tarde, el tiempo se volvió lento, rieron por todas las cosas graciosas que le pasaban a Julián, siempre había sido el más chistoso del grupo y a quien le pasaban cosas de la nada.
Comieron sentados sobre una manta que habían colocado en la poca arena que tenía el rio para crear un ambiente de picnic donde quepan todos, juntaron la comida que cada uno había llevado, frutillas, snacks, uvas, galletas y unas cervezas para cada uno.
Julián se lanzó al agua pese a las protestas y salió tiritando, pero feliz.
Adrián se metió al río con Jensen, el agua estaba fría, pero el sol compensaba con lo caluroso que se sentía, se quedaron quietos un momento, dejando que la corriente les golpeara las caderas.
—Nunca pensé que algo tan simple pudiera sentirse tan… importante —dijo Adrián.
Jensen lo miró, con una expresión suave.
—En mi mundo, estos momentos casi no existen, es totalmente diferente, las aguas no son así y el sol tampoco se siente de esta manera, me gusta acá.
Adrián lo miró de vuelta.
—Entonces quédate con estos.
Jensen no respondió, pero el nexo pulsó con una calidez clara y se dejó llevar mientras abrazaba a Adrián envolviéndolo con su energía pleyadiana.
Desde la orilla, Nyra los observó en silencio, no con preocupación, sino con una especie de orgullo tranquilo por su hermano, ella era feliz con la decisión que él tomara, solo quería que estuviera a salvo como cualquier hermana mayor.
—Míralos —dijo en voz baja a Kory—. Parece un día normal.
Kory sonrió apenas.
—Eso es lo más extraordinario de todo.
El sol empezó a bajar lentamente, tiñendo el río de dorado, ninguno quiso decirlo en voz alta, pero todos lo sintieron, ese día quedaría guardado como uno de esos recuerdos a los que se vuelve cuando todo se complica y para Jensen, quizá, el primero que realmente sintió como hogar.
El pulso se volvió demasiado intenso, Adrián lo sintió primero en la respiración, cada inhalación traía consigo algo que no era aire, una energía densa, antigua, que le recorría el cuerpo como una marea viva, el mundo parecía levemente desenfocado, como si estuviera mirando a través de otra realidad superpuesta.
—Jensen… —susurró, con la voz quebrada—. Es demasiado intensa tu energía.
Jensen lo sostuvo por los hombros, firme, anclándolo para regresar su propia energía a su cuerpo.
—Lo sé —dijo, con una urgencia contenida—. Se abrió más de lo que debía, si no lo cierro ahora… otros van a sentirte a ti también.
Adrián lo miró, asustado pero decidido.
—Entonces hazlo.
El viento nocturno se levantó alrededor de ellos, agitando el río, haciendo vibrar las hojas, a lo lejos, Kory cayó de rodillas por la energía que comenzó a circular en el ambiente, llevándose una mano a la sien.