Donde Las Estrellas Miran

Capítulo 17

Adrián despierta primero, con la luz pálida filtrándose por la ventana. El cuarto todavía guardaba el calor de la noche, ese silencio denso que queda después de algo importante, estaba de lado desnudo, con Jensen detrás de él, una mano apoyada con naturalidad en su cintura, como si siempre hubiera pertenecido ahí, no se mueve enseguida, hay una calma nueva en su cuerpo, una sensación de haber sido sostenido, cuidado. Adrián respira hondo y deja que esa certeza se asiente, no hay vergüenza, ni prisa por levantarse, solo una intimidad tranquila que lo envuelve. Jensen se acerca un poco más, todavía medio dormido, el gesto es inconsciente y protector. Adrián cierra los ojos un instante, aceptando ese contacto sin tensarse, sin pensar. La noche anterior vuelve a él en fragmentos, las manos firmes pero cuidadosas, la manera en que Jensen se detuvo cada vez que Adrián lo necesitó, esperando, asegurándose de que todo estuviera bien, Adrián recuerda haber soltado el control sin miedo confiando plenamente en él. Cuando Jensen despierta del todo, no habla, solo apoya la frente en la nuca de Adrián y lo besa con suavidad, como una pregunta muda. Adrián responde inclinándose apenas hacia atrás, un gesto pequeño que dice sí, que dice estoy bien, que dice me quedo, no necesitan nombrar nada, lo que ocurrió no los vuelve frágiles, los vuelve más ciertos. Adrián sonríe para sí mismo, sintiendo cómo esa seguridad nueva se acomoda en su pecho, por primera vez, no se pregunta qué pasará después, sabe que, sea lo que sea, ya no está solo.

Adrián permanece un rato en silencio, mirando la pared frente a él. No es incomodidad; es más bien la necesidad de ordenar lo que siente. Jensen parece entenderlo, no lo apura. Solo respira con él.

—¿Estás bien? —pregunta Jensen al fin, en voz baja, como si no quisiera romper algo frágil.

Adrián asiente primero, lento, y luego gira un poco el rostro para poder mirarlo.

—Sí —dice—. De verdad… sí.

Jensen lo observa con atención, como si buscara señales ocultas. Adrián nota esa preocupación y algo en su pecho se ablanda.

—Tenía miedo de… no saber cómo iba a sentirme después —admite Adrián—. Pero no me siento raro, me siento tranquilo.

Jensen suelta el aire que parecía haber estado conteniendo.

—Yo tenía miedo de ir demasiado lejos —confiesa—. No quería que pensaras que… que te estaba llevando a algo que no querías.

Adrián niega despacio. —No fue así —responde—. Me sentí cuidado. Todo el tiempo.

Las palabras quedan suspendidas entre ellos, pesadas y honestas. Jensen acerca una mano y la apoya sobre la de Adrián, sin apretar.

—Gracias por confiar en mí bebé —dice.

Adrián entrelaza sus dedos con los de él.

—Gracias por esperar cuando lo necesité y que me llamaras bebé, eso me gusto demasiado... – sonríe mientras sus ojos brillan.

Se miran un momento más, sin sonreír, sin dramatizarlo, no hace falta decir algo más, lo que pasó no necesita grandes promesas, solo esa certeza compartida de que se eligieron sin miedo. Jensen se inclina y besa la frente de Adrián, un gesto simple, casi doméstico.

—Nos tomamos esto con calma —dice—. Lo que tú quieras.

Adrián cierra los ojos y apoya la frente en el pecho de Jensen.

—Me gusta que sea así —responde—. Con calma… Contigo.

Y por primera vez desde que empezó todo, ambos sienten que no hay nada que explicar. Solo algo que seguir construyendo, paso a paso.

La mañana había comenzado distinta en la casa de los hermanos, no solo por Adrián, que aún estaba allí, sentado a la mesa con una taza de té entre las manos, mirando cómo Jensen se movía por la cocina con una calma nueva, casi luminosa. Tampoco por Nyra, que los observaba en silencio, con esa media sonrisa de quien ve un hilo invisible tensarse y sabe exactamente qué significa. Era otra cosa, una presión sutil en el aire, un eco que no pertenecía a la Tierra.

Nyra lo sintió primero, fue un estremecimiento breve, como si alguien hubiera rozado su conciencia con dedos ajenos. Cerró los ojos apenas un segundo, respiró hondo, y cuando los abrió, su expresión había cambiado.

—Está cerca —murmuró.

Jensen alzó la mirada de inmediato.

—¿El nexo?

Nyra negó despacio.

—No. Ella.

No hubo tiempo para decir más, un golpe suave en la puerta resonó en la casa, rompiendo el hilo de la mañana. No era insistente, pero sí urgente, como si quien estuviera al otro lado no supiera cómo pedir permiso sin romper algo, Nyra se levantó antes que nadie. Cuando abrió la puerta, Kory estaba allí, pálida, los ojos brillando de una forma inquietante, no parecía asustada, pero sí atravesada por algo que no había pedido sentir.

—Necesito hablar contigo —dijo sin rodeos—. Ahora.

Nyra no hizo preguntas, se hizo a un lado y la dejó pasar. Adrián sintió el cambio de inmediato. El ambiente se tensó, como cuando el cielo se oscurece sin nubes. Jensen se acercó a él instintivamente, rozando su mano, un gesto pequeño pero protector.

Kory no se sentó, caminó un par de pasos por la sala, respirando hondo, como si estuviera ordenando pensamientos que no eran del todo suyos.




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