Donde Las Estrellas Miran

Capítulo 19

Julián no sabía cuánto tiempo llevaba ahí, el concepto de tiempo había dejado de tener sentido cuando el dolor se volvió constante, no un dolor físico sabía que su cuerpo estaba lejos, sino algo más profundo, como si cada recuerdo suyo fuera estirado, examinado, usado en su contra, no dormía, no despertaba, solo existía, suspendido en un espacio que no era oscuridad ni luz, sino una ausencia espesa donde todo pesaba demasiado.

Al principio había luchado, había gritado pensado en Nyra como un ancla, repitiendo su nombre como si fuera una oración desesperada, había intentado recordar el río, el frío del agua, la risa nerviosa, el primer beso torpe que les había cambiado la vida, pero Lysana era paciente, no atacaba de frente, ella solo se filtraba, le mostraba versiones distorsionadas de sí mismo, le susurraba dudas que ya existían, solo que amplificadas hasta volverse insoportables.

No eres suficiente, ella te perderá igual, no eres más que un recipiente.

Y Julián, agotado, había empezado a creerle, no por ser débil, más bien nadie puede resistir eternamente cuando está solo, hasta que dejó de estarlo. Al principio fue apenas una vibración, un cambio mínimo en el vacío, como cuando el aire se mueve antes de una tormenta. Julián sintió algo rozarlo, no como una invasión, sino como una presencia que no exigía nada, luego vino el calor, no un calor físico, sino uno que reconoció de inmediato, aunque no supiera cómo, era la sensación de ser visto sin juicio, de ser sostenido sin condiciones y entonces la sintió, Nyra, no como un recuerdo, tampoco como una imagen, era efectivamente una realidad.

El alma de Julián reaccionó antes que su mente, se contrajo, tembló, y luego se expandió hacia ella como algo que había estado conteniéndose demasiado tiempo. Sintió sus manos, pero estas no eran humanas, sino algo más amplio envolviéndolo con una delicadeza que lo desarmó. Está aquí, la certeza lo atravesó con una fuerza tan intensa que casi dolió, Nyra no lo miraba desde afuera, estaba con él, compartiendo el mismo plano imposible, sosteniéndolo como si supiera exactamente cuán frágil estaba.

—Te tengo —oyó. No fue un sonido, fue una verdad que se instaló en cada fragmento suyo.

Julián quiso responderle, pero no sabía cómo, no tenía voz allí, no tenía forma, era apenas una luz humana, irregular, cansada, con bordes deshilachados. Sintió vergüenza, no por estar atrapado, sino por sentirse tan roto en sus brazos, quiso apartarse, por instinto, no porque no la quisiera, ya no quería que lo viera así, tan expuesto… tan cerca de rendirse, pero Nyra no lo soltó, lo acercó más a su pecho luminoso, y en ese gesto Julián sintió algo que no había sentido desde que Lysana lo había tomado, seguridad y esta vez era la ilusión de que todo estaría bien, la certeza de que, pasara lo que pasara, no estaría solo, los recuerdos comenzaron a filtrarse entre ellos sin permiso, el río, la noche, el miedo compartido antes del primer beso, él sintió el temblor que había recorrido a Nyra entonces, y entendió que ella también lo había sentido ahora, en este lugar imposible. Esa conexión intacta, viva, lo hizo querer llorar, aunque no tuviera lágrimas.

No deberías estar aquí, quiso decirle, es peligroso, te va a costar demasiado, como si lo hubiera oído, Nyra respondió, su presencia vibrando con una ternura feroz.

—No te voy a soltar.

Julián sintió la mentira de Lysana resquebrajarse, no desaparecer, pero sí agrietarse.

La invasora reaccionó de inmediato. Su energía se tensó alrededor del alma de Julián como una garra impaciente, intentó arrastrarlo de vuelta, imponerle el peso de la desesperanza.

Ella no puede salvarte, susurró Lysana, su voz deslizándose por sus pensamientos. Y cuando caiga, tú caerás con ella.

El miedo lo atravesó como una descarga, Julián sintió algo más, sintió el precio, cada segundo que Nyra permanecía en esa forma, algo se drenaba de ella, no solo fuerza, era futuro, posibilidades que se cerraban como puertas que no volverían a abrirse y el amor que Julián sentía por ella se convirtió en pánico, no, pensó con una intensidad que casi se volvió sonido, no hagas esto por mí. Pero Nyra lo sostuvo con más fuerza, no con violencia, con decisión.

—Mírame —dijo, aunque él no tuviera ojos—. Estoy aquí.

Y Julián entendió que ella había elegido, no porque creyera que ganaría, más bien había decidido que, si perdía, sería con él, esa comprensión lo rompió más que cualquier tortura.

El mundo alrededor empezó a colapsar. Julián lo sintió como un temblor en su propia esencia. La realidad no soportaba tantas verdades coexistiendo, dos naturalezas pleyadianas activas, un alma humana fuera de su cuerpo, una entidad invasora aferrándose a lo que no le pertenecía.

Escuchó voces lejanas… Jensen… Adrián… Kory. Pero estaban muy lejos, Nyra era lo único cercano, si caes, pensó Julián, caerá todo lo que amo.

Intentó reunirse, intentó fortalecerse, pero estaba demasiado agotado, no podía luchar y protegerla al mismo tiempo, entonces sintió algo nuevo, un alineamiento, otra presencia que no atacaba, no exigía, no forzaba, algo que simplemente estaba, sosteniendo el espacio para que Nyra no colapsara de inmediato, el equilibrio cambió apenas, lo suficiente para que Julián pudiera respirar si es que respirar aún significaba algo.

Nyra… —pensó, y esta vez ella lo sintió. Su energía se estremeció, sorprendida.




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