Dónde los culpables aprenden a amar

La fecha

Lucía

No debería haberme llevado el expediente a casa.

Ni una hoja.
Ni una copia.
Ni una fotografía mental.

Nada.

Pero la fecha no se quedó en la sala.
Se vino conmigo.

La cocina está en silencio. Demasiado limpia. Demasiado ordenada. Todo en su lugar, como si el mundo pudiera mantenerse estable a fuerza de rutina. Me sirvo agua. No tengo sed. Apoyo la espalda en la encimera. El vaso tiembla apenas en mi mano.

La fecha.

No el nombre.
No el delito.
No el relato técnico.

La fecha.

El cartón del expediente estaba frío cuando lo toqué. Profesional. Neutro. Inofensivo. Como si no cargara nada. Como si no pudiera pesar.

Pero pesó.

Porque mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza.

El mismo año.
El mismo mes.

No el mismo día.

Pero demasiado cerca.

Demasiado.

Me siento en la silla. Respiro. No sirve. El aire entra, pero no ordena nada. Me llevo la mano al cuello. La piel está caliente. Húmeda. El cuerpo otra vez traicionando.

Recuerdo luces.
No sirenas.
Luces blancas.

Un pasillo.
Un olor a desinfectante.
Un sonido constante que no se detenía.

Recuerdo la palabra “accidente”.
Dicha como si eso la volviera menos brutal.

No fue culpa de nadie, dijeron.
Fue una suma de factores.
Fue mala suerte.

Las frases limpias siempre hacen eso:
ordenan lo insoportable.

Cierro los ojos. La imagen no se forma completa. Nunca lo hace. Siempre es fragmento. Siempre es sensación.
Una mano fría.
Una voz que no escucho.
Un silencio demasiado grande para un cuerpo tan pequeño.

No pienso el nombre.
No pienso el vínculo.

No puedo.

Abro el laptop.

Eso sí puedo.

Tecleo sin pensarlo. El gesto ya estaba decidido antes de que yo lo admitiera. Nombre. Caso. Año. Palabras clave.

La pantalla tarda segundos que se sienten largos.

Resultados.
Artículos viejos.
Notas breves.
Titulares pequeños.

No es famoso.
No es mediático.
No es un caso “importante”.

Es justo lo peor:
es común.

Leo.

No todo.
Fragmentos.

“Accidente de tránsito.”
“Conducción bajo efectos del alcohol.”
“Mujer embarazada.”
“Pérdida fetal.”
“Homicidio involuntario.”

Las palabras no están juntas en la misma frase, pero mi cabeza las une igual.

Cierro la computadora de golpe.

El sonido es seco. Violento en la quietud del departamento.

Me llevo la mano a la boca. Respiro por la nariz. No lloro. No tiemblo. No hago nada espectacular.

Solo siento ese peso interno que no tiene forma, pero ocupa todo.

La imagen de él aparece sin permiso.

No en la cárcel.
No en la celda.
En la sala.

Sentado frente a mí.
Quieto.
Controlado.

La forma en que me miró cuando bajé la vista hoy.

No curiosidad.
No defensa.

Reconocimiento.

Como si supiera.

Como si hubiera visto algo en mí que yo me niego a mirar.

Me recuesto en el sofá. Cierro los ojos. Error.

La sala vuelve.
La mesa.
El vidrio.
El silencio.

Su mano.
El roce.

Mínimo.
Innegable.

El sueño no es narrativo. No hay historia. No hay escenas claras.

Hay cuerpo.

Hay cercanía sin espacio.
Hay respiración compartida.
Hay calor.

No sexo explícito.
No imágenes definidas.

Solo sensación.

Presencia.

Despierto con la sábana pegada a la espalda. El cuello húmedo. El corazón rápido, como si hubiera corrido.

Me quedo mirando el techo.

La culpa llega después.

Siempre llega después.

Lo profesional.
Lo ético.
Lo correcto.

Todo eso que debería ser más fuerte.

Pero no lo es.

Me incorporo. Tomo el celular. Abro notas. Escribo una sola frase:

“Accidente. Embarazo. Fecha.”

Nada más.

Eso es cruzar otra línea.

Guardar información.
Conectar datos.
Personalizar un caso.

No soy objetiva.
Ya no lo soy.

Me visto mecánicamente. Me preparo para el día siguiente con movimientos automáticos. Café. Ducha. Ropa. Rutina.

Pero por dentro, todo está decidido.

No voy a seguir mirándolo como si no supiera nada.
No voy a seguir jugando a la neutralidad.

No voy a fingir que el paralelismo no existe.

En la próxima sesión…

No lo voy a tocar.
No lo voy a insinuar.
No lo voy a rodear.

Le voy a preguntar.

Directo.

Por el accidente.

Por la mujer.

Por el hijo que no nació.

Porque si no lo hago, lo que está creciendo entre nosotros va a convertirse en algo peor que el deseo.



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En el texto hay: darklove, dark romances

Editado: 03.02.2026

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