Dónde los culpables aprenden a amar

Nadie

El traslado se anuncia con un papel clavado en el tablero, como si fuera cualquier cosa. Un cambio administrativo más.

Un movimiento neutro.
No lo es.

Lo leo dos veces. Tres. El apellido de Lucía aparece al final, impreso sin énfasis, sin contexto, como si no arrastrara nada detrás. Como si no hubiera pasado horas mirándome a los ojos fingiendo que el límite todavía existía.

Área nueva. Turno vespertino. Fecha próxima.

El penal se traga las noticias así: rápido, seco, sin espacio para reaccionar. Yo sigo caminando, pero algo dentro ya va más lento. Como si el cuerpo supiera antes que la cabeza que esto no es un simple ajuste.

Esa tarde, el patio está más ruidoso de lo normal. Risas falsas. Golpes. El eco de una radio vieja. Todo sigue igual, y eso es lo que lo vuelve insoportable.

No debería verla otra vez.

Eso sería lo lógico.
Eso sería lo correcto.

La veo.

Está al fondo del pasillo de servicios, hablando con alguien que no reconozco. Trae el cabello recogido, más tirante de lo habitual, como si intentara borrarse. Cuando termina, se gira… y me encuentra.

No sonríe. Yo tampoco.

Se acerca sin apuro, midiendo cada paso. Hay cámaras. Hay reglas. Hay demasiadas cosas observando.

—No iba a buscarte —dice en voz baja—. Pero tampoco iba a fingir que no existes.

—Te vas —respondo. No es una pregunta.

Asiente.

—No como tú crees. No huyendo. Reubicación. Castigo elegante.

El silencio entre nosotros se carga de algo espeso. No es tristeza todavía. Es rabia contenida.

—¿Y eso arregla algo? —pregunto.

—Para ellos, sí —responde—. Para nosotros… no sé.

Caminamos juntos unos metros. No como antes. Ya no hay juego. Cada gesto pesa el doble.

—Van a revisar expedientes —continúa—. Entrevistas. Historiales. No buscan pruebas. Buscan grietas.

—¿Me usaron para tapar algo más?

Se detiene.

—No —dice, firme—. Esto empezó por nosotros. No le quites responsabilidad.

La miro. Está cansada, pero no arrepentida. Eso duele más.

—¿Te arrepientes? —pregunto.

Tarda en contestar. Demasiado.

—Me arrepiento de no haber sido más fuerte —dice al fin—. No de sentirlo.

Esa frase se me queda clavada.
Más tarde, ya en mi celda, el ruido baja. Es en ese momento cuando todo pesa. Cuando no hay uniforme, ni cargos, ni protocolos. Solo recuerdos recientes, todavía calientes.

La puerta se abre sin aviso.

—Tienes visita autorizada —dice el custodio, sin mirarme.

No pregunto. Ya sé.

El cuarto es pequeño. Neutral. Pensado para que nada ocurra. Justo por eso todo ocurre ahí.
Lucía entra sin bata. Sin carpeta. Solo ella.

—Cinco minutos —dice el guardia, cerrando.

Nos quedamos frente a frente. Demasiado cerca. Demasiado tarde.

—No vine a despedirme —dice—. Vine a ser honesta.

—Eso es peligroso aquí —respondo.

—Lo sé.

Da un paso. Siento el calor antes del contacto. No nos tocamos todavía. El cuerpo anticipa.

—Si me voy —dice—, va a ser porque no supe soltar esto a tiempo. No porque no lo quisiera.

—¿Y qué se supone que haga con eso?

Levanta la mano. La deja suspendida en el aire entre nosotros. No me toca, pero el gesto es más íntimo que cualquier caricia.

—Recuerda —susurra—. No inventes versiones más limpias de lo que fue.

Trago saliva. Me acerco lo justo para que su respiración me roce.

—No pienso hacerlo —digo—. Porque entonces sí perdería algo.

Por un segundo, el mundo se reduce a ese espacio mínimo. El impulso es brutal. Contenido a la fuerza. No por miedo, sino porque sabemos que cruzar esa línea aquí lo destruiría todo.
Baja la mano. Da un paso atrás.

—Cuídate —dice.

—Tú también.

Cuando se va, no miro la puerta cerrarse. No necesito. Ya entendí.

Esto no terminó.
Tampoco se salvó.

Solo cambió de forma.

Y lo que viene no va a ser más fácil…
solo más inevitable.



#4952 en Novela romántica
#1853 en Otros
#141 en Aventura

En el texto hay: darklove, dark romances

Editado: 03.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.