Aconteció finalmente el día del primer aniversario. Un año completo cobijados bajo el título de novios. Elian la citó en el mismo parque donde solían refugiarse al concluir las clases cuando apenas descubrían su amistad. Valeria acudió a la cita con el alma en un puño; había encadenado noches de insomnio, asumiendo la amarga verdad de que no podía prolongar más aquella farsa. Continuar hubiese sido una crueldad tanto para Elian como para su propia integridad.
Elian llegó con paso presuroso, las mejillas encendidas por el entusiasmo y una luminosa sonrisa que eclipsaba la tarde. Entre sus manos sostenía un presente primorosamente envuelto en papel artesanal y sujeto por un lazo de seda. No obstante, al colisionar con la mirada gélida y distante de Valeria, su andar se ralentizó hasta detenerse por completo. Valeria inhaló el aire frío, sintiendo que este hería sus pulmones, y pronunció el veredicto que fracturaría sus vidas: "Tenemos que terminar, Elian. Ya no puedo continuar con esta relación". El obsequio se deslizó de los dedos del joven, cayendo desamparado sobre la hierba, mientras la luz de su rostro se extinguía en un instante.