Año 2012 en Miami, el aire no olía a azufre ni a tierra mojada; olía a perfume caro, a salitre de mar y a la adrenalina de quienes piensan que vivirán para siempre.
Cloe había crecido, su cuerpo y su personalidad cambiaron mucho. Su cuerpo, además de crecer y desarrollarse, se hizo más fuerte y resistente. Su entrenamiento en el inframundo fortaleció su piel, ahora parece una capa de hierro impenetrable, nada podía lastimarla. Su fuerza incrementó descomunalmente, ahora es más veloz que un Bugatti Veyron Super Sport, logró controlar sus receptores del dolor y ahora puede apagarlo/modularlo cuando quiere.
6 meses pasaron desde la última vez que pisó el inframundo. Cree que Miami es más divertido, y lo es, su música electrónica, los clubes nocturnos con luces neón la hacían sentir viva, no era que el inframundo no lo haga, pero se había aburrido del ambiente de calor extremo que te quema hasta la médula, de sentirse a prueba en cada cosa que haga que no sea trabajo, los gritos de lamento ya la habían aturdido. Cambiar de ambiente le dejó sentirse viva, no solo como La Muerte sino como una humana más, común y corriente que “heredó mucho dinero de su abuelo” (ese abuelo no existe, solo obligó a un anciano con una gran fortuna que estaba por morir a que la ponga en su testamento) y ahora lo vive desparramando. Sigue cumpliendo con sus tareas como la que da la sentencia final.
Cloe estaba sentada en la barra de uno de los clubes más exclusivos de Miami. Llevaba un vestido negro que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, y sus ojos violetas brillaban bajo las luces de neón del lugar. En su mano derecha sostenía una copa de Martini; en la izquierda, escondida bajo la barra, jugueteaba con su pluma de azabache.
—Cloe, el jefe está perdiendo la paciencia —susurró una voz profunda a sus espaldas, camuflada por el estruendo de la música electrónica.
Ella no se dio la vuelta. Reconocía ese aroma a humo de tabaco y ceniza. Era Kharzuel, el demonio que una vez le enseñó a escribir y que ahora, por orden de Samael, se había convertido en su "perro guardián".
—Dile a mi Padre que estoy ocupada —respondió Cloe con una sonrisa traviesa, sin apartar la vista de su trago—. Tengo una sentencia a las 2:00 AM en el área VIP y después... bueno, después quizás me vaya a ver el amanecer.
—Sabes que no fue una sugerencia, tu padre tiene miedo de que tu reloj interno se empiece a mover y que crezcas. No quiere perder a su pequeña, y tú lo sabes —dijo Kharzuel, apareciendo a su lado. Su forma humana era la de un hombre alto y severo, vestido con un traje que valía una fortuna—. Samael dice que tu "recreo" en la superficie terminó. Los trece estamos cansados de cubrir tus turnos custodiando las almas que tú misma reclamaste como tuyas.
Cloe soltó una carcajada que atrajo la mirada de varios hombres en la barra.
—Que sigan trabajando. Les vendrá bien salir de sus cuevas —ella se terminó su trago de un golpe y se puso de pie—. Si mi Padre me quiere de vuelta, tendrá que enviarte con refuerzos, Kharzuel. Porque yo no pienso volver al inframundo esta noche.
Justo cuando Cloe se disponía a perderse entre la multitud, notó algo extraño. La temperatura del club bajó diez grados de golpe. La música pareció ralentizarse y las sombras de las paredes empezaron a alargarse de forma poco natural.
Samael no solo había enviado a Kharzuel. Había enviado a una patrulla de caza.
—No me dejaste opción Cloe; los tuve que llamar.
Las patrullas de caza son almas que cuando vivían eran sicarios, boxeadores, los hombres de negro, cazadores o policías de alto rango, básicamente, eran personas con habilidades de lucha que se pueden considerar “sobrehumanas”. La patrulla de caza de Kharzuel son los hombres de negro: figuras misteriosas, descritas como agentes gubernamentales o seres no humanos, que supuestamente intimidan y silencian a testigos de OVNIS y encuentros extraterrestres. Son hombres, personas como cualquier otra, pero con habilidades de combate extraordinarias que el gobierno Estadounidense utilizaba para silenciar a opositores y científicos locos que advertían sobre el calentamiento global . Pero no son solo hombres, eso es un mito que la gente se inventó para no decir que la mujer puede hacer algo más que el trabajo de casa . Pero ahora que están muertos cumplen con las órdenes de su amo Kharzuel, y ahora en la Tierra, su tarea es perseguir a Cloe y llevarla de vuelta al inframundo.
Kharzuel se desvanece entre la multitud. Cloe lo mira hasta que lo pierde de vista, su enojo es palpable. Se escabulle entre la multitud para que la patrulla no la encuentre tan fácilmente. Es muy buena escondiéndose, pero tampoco le gusta hacer las cosas de manera fácil, si en un momento están a punto de encontrarla es más divertido. Las cosas fáciles son aburridas. Aunque este no es momento de divertirse. La temperatura volvió a ser la misma de antes. La música retoma el ritmo y las sombras de las paredes vuelven a su forma natural.
Cloe se dirige al baño de mujeres. Entra en un cubículo vacío. Piensa en un plan para poder hacer la sentencia y poder escapar sin llamar la atención. De su bolso saca una hoja y la pluma que sentencia. Apoya la hoja en la puerta del cubículo, escribe la sentencia, guarda la pluma cuidadosamente en su bolso y sale del cubículo con la sentencia en mano. Se dirige a la zona VIP.
Cloe bosteza, mirando su reloj de lujo. —Mira, me aburres. El VIP de este lugar es pequeño, pero tengo negociaciones que hacer aquí con él dueño de este lugar: su jefe, en unos minutos y ni a él ni a mí nos gusta que nos hagan esperar. —Saca un fajo de billetes de cien dólares de su bolso y lo desliza en el bolsillo del guardia sin mirarlo—. Compra algo lindo para tu esposa y olvida que me viste entrar. Mi paciencia es mucho más corta que el tiempo que te dura tu sueldo, créeme.
Él guardia sin mirar a Cloe saca la cadena para que pueda entrar.—Gracias, grandulón.—Dice Cloe poniendo una mano en el pecho del hombre mientras entra a la zona VIP con una sonrisa victoriosa.