Dónde muere el paraíso, nace la muerte

Capítulo 6: Verdades rotas

En 1692, en Salem, Massachusetts, se desató una histeria colectiva que resultó en los infames juicios por brujería. Más de 200 personas acusadas, y 20 fueron ejecutadas por supuesta brujería. El pánico fue impulsado por tensiones sociales, conflictos religiosos y evidencia espectral aceptada por un tribunal especial.

De 200 personas acusadas (la mayoría mujeres) por brujería, tan sólo 7 la practicaban.

En 1690, Cloe que había adelantado muchas sentencias y tenía algo de tiempo libre, por lo que decidió divertirse un poco, visitó muchos pueblos, hasta que decidió quedarse en uno en específico: Salem. Había escuchado que allí había brujas. Llena de curiosidad, fue preguntando habitante por habitante ¿En quiénes sospechaban de brujería?

Cloe visitó a las 200 personas que los habitantes de Salem decían. Quien practica brujería, en su alma tiene una mancha imborrable, el hilo de su vida se encontraba algo quemado, con presencia que dice quien practica artes oscuras.

Se podría decir que tardó años, pero no, fue estratégica y armó un plan infalible para alguien como ella: Rentó una casa por una noche y en ella organizó una fiesta, era bastante grande por lo que se vio obligada a invitar a más de 200 personas, además de que se vería sospechoso que solo invite a sospechosos de brujería. Ya en el día de la fiesta, fueron más de 300 personas, de las cuales todos los sospechosos por prácticas “ilegales” se hicieron presentes. Cloe utilizó el lente con el que puede ver el estado del alma, y de allí identificó a 7 brujas.

Al terminar la fiesta, ya estaba planificando el siguiente paso de su plan. Citó a las 7 a un lugar remoto en el bosque. Allí les comentó su plan: quería aprender la magia que hacían. Las brujas, algo desconcertadas le preguntaron ¿Por qué quería aprender magia? ella les respondió que las había visto haciendo sus hechizos y le había encantado. Las 7 aceptaron su propuesta: ellas le enseñan todas sus técnicas y secretos para que pueda controlar la magia y el poder de la naturaleza, y ella no le diría a nadie su secreto, es más, las cubriría si llegase a ser necesario.

Le tomó 7 meses aprender cada una de las técnicas, fue bastante rápido, a ellas les tomó toda su vida controlar su poder.

Su relación no fue solo de enseñanza-aprendizaje. Las 7 se encariñaron mucho con Cloe ya que para ellas, Cloe era una niña de 17 años superdotada. La más grande de las 7 tenía 48, la segunda más grande 41, otra tenía 35, la del medio 30, la segunda menor 25 y la más pequeña de todas tenía 18. Con esta última Cloe compartió muchos momentos, era su favorita de las 7, pero no porque se llevaban bien o porque era muy carismática y divertida, bueno tal vez sí, pero ambas sentían una atracción como la que un esposo sentía por su esposa, la época y la histeria no les ayudó en nada, cada muestra de cariño que se mostraban tenían que cuidar de que nadie las vea. Cuando llegó 1692, la hora de las 200 personas sospechosas por practicar brujería había llegado, uno por uno fueron cayendo, algunas fueron encarceladas, otras fueron quemadas, otras se suicidaban antes de ser atrapadas o cuando ya estaban encarceladas. De un día para otro, llegó la hora de las 7, una por una fueron perseguidas para luego ser encarceladas, ellas pactaron entre sí que acabarían ellas mismas con sus vidas si sentían que las estaban por encontrar. Una por una fueron cayendo, hasta que solo quedó en pie la más pequeña, no quería irse, no quería dejar sola a Cloe, la amaba demasiado para hacerle eso, se amaban demasiado para dejar a una sin la otra. A pesar de ser La Muerte, la mente de Cloe decidió por algún motivo y razón, la manera en la que la vida de su amada llegaría a su fin. No podría evitarlo, aunque sea una vez, salvar una vida, su vida.

Un día, a la mañana, Cloe dormía plácidamente, hasta que empezó a escuchar mucho ruido, gente gritando fuera de la casa. Se despertó por el ruido insoportable que no la dejaba dormir, se giró a ver si a su lado estaba su amante, sus ojos se abrieron de par en par, no estaba, de inmediato se levantó y salió hacia donde estaba la multitud, su corazón no paraba de latir, sus manos transpiraban frío, no sabía lo que se podía llegar a encontrar en el centro de todo ese ruido. Hace espacio entre la multitud, cuando logra ver al centro, su respiración se corta, es ella, la mujer que tanto amaba estaba por ser quemada viva. El fuego empezó a arder, las llamas se avivaron rápidamente, envolviendo todos los pedazos de leña que rodeaban a la mujer atada al tronco del centro. La mujer no gritó, no suplicó, se mantuvo fría y seria hasta el último momento. Cloe encontró la mirada de la joven. Cuando las llamas encontraron a la mujer, ella solo supo mirar al cielo, cerrar los ojos y dejar escapar las lágrimas.

—¡Astrid!—Cloe soltó un grito. Seco y suplicante. Desesperada, no quería perderla pero no podía interferir en el destino.

En el vehículo la tensión era palpable, Cloe sabía que Oliver no era el culpable pero no sabía cómo demostrárselo a Astrid sin revelar su propia naturaleza. Un chico que llora así no tiene la sangre fría para partir un skate y esperar a que alguien muera.

Observaba el perfil serio de la detective, cuyas manos apretaban el volante con una técnica perfecta, una herencia de su disciplina deportiva que ahora aplicaba a la caza de un asesino.

Cloe jugaba con sus lentes de sol, buscando las palabras adecuadas. No podía decirle que había visto el hilo de la vida de Oliver y que, aunque estaba deshilachado por el dolor, no estaba manchado por el karma de un homicida.

—Ese chico, Oliver...—Empezó Cloe, rompiendo el silencio.—Tiene el alma demasiado rota para haber sido él quien sostuvo el skate. Para matar así se necesita odio, o una indiferencia absoluta. Y él solo tiene pedazos de algo que ya no existe.

Astrid no apartó la vista del camino, pero sus cejas se contrajeron levemente.—En mi trabajo, Cloe, los “pedazos” de la gente son los que suelen causar los desastres. Pero tienes razón en algo: el impacto fue focal y preciso. Un ataque de ira de un enamorado suele ser más... desordenado. Esto fue una ejecución.



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En el texto hay: misterio, romance, ficcion

Editado: 05.04.2026

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