Dónde muere el paraíso, nace la muerte

Capítulo 12: Cien Páginas de Vergüenza

Pasaron tres meses desde que Astrid y la Muerte se vieron por última vez. Cloe nunca dejó de investigar a la detective. Empezó a usar métodos poco ortodoxos; aquellos con los que estaba más familiarizada y no los que utilizaban los humanos.

Ella investigó de todas las maneras que se le ocurrieron, ninguna funcionó, no encontró ninguna pista sobre el origen de Astrid. Tampoco había mucho para hacer. No podía hacer mucho. Sus opciones se acabaron. Bueno. Eso es lo que ella pensaba.

El invierno de 2012 se transformó en un febrero gélido y amargo. Noventa días de silencio fueron suficientes para que Cloe entendiera que las respuestas no estaban en la Tierra.

FEBRERO 6, 2013 - OFICINA DE URIEL, CIELO

Paredes doradas, altas y con pequeños fuegos ardientes dibujados en ellas. En el centro un escritorio de madera naranja. Uriel entra a su oficina, deja unos papeles en su escritorio y suelta un suspiro. Se lo ve agotado, algo descuidado (lo máximo que puede llegar a estar un arcángel en el Cielo. Obvio).

—Hola, Uriel.

El arcángel se sobresalta. Da media vuelta para ver quién lo acompañaba.—¡Cloe!—Pone una mano en su pecho intentando calmarse.—¿Qué haces aquí?¿Cómo lograste entrar? No puedes darme esos sustos.

Uriel siempre fue el hermano tierno, el bueno e influenciable. Cuando desterraron a Lucifer del Cielo, él intentó convencer a Dios de darle un castigo menos irrevocable y categórico.

—Tengo mis métodos.

—Sabes que mi Padre no te quiere aquí.

—Él no va a verme aquí.

—¿Para qué viniste?

—Tú eres el ángel de la sabiduría ¿No?

—Sí.

—Bien. Necesito que me digas todo lo que pasó hace 34 años en la Tierra y en el Cielo.

Uriel se detiene un momento a pensar.

—Bueno, 1979 fue un año caótico: primero la revolución Iraní en enero y febrero , seguido por el accidente de Three Mile Island en marzo, la llegada de Margaret Thatcher al poder en mayo, el Skylab cayó en la Tierra en julio y la Madre Teresa recibió el Nobel de la Paz. Fue un año lleno de papeleo, pasaron demasiadas cosas y como siempre, Miguel, Gabriel y Rafael me dieron todo su trabajo, se creen que por ser los primogénitos tienen derecho a mi tiempo.

—¿Y en septiembre pasó algo?—Cruza sus brazos sobre su pecho.

—Bueno… No me acuerdo de mucho, el Incidente Vela el 22, el Huracán Frederic y el Pionero 11 llegó a Saturno el primero de ese mes. ¿Por qué preguntas?

Cloe lo observa. Duda en si decirle la verdad de su interrogatorio o mejor guardar silencio.

—¿Puedo confiar en ti? si te lo digo ¿No se lo dirás a nadie?

—Tú sabes que no.

Ella lo observa, aun desconfiando de su silencio.

—Te lo prometo.

—Bien.—Sonríe satisfecha.—Hay una… chica que no aparece en el Códice. Tal vez cuando Dios escribió el Códice en el momento de la iluminación se olvidó, de alguna manera, mencionar su existencia.

—Sabes cómo se llama la mujer ¿no?

—Se llama Astrid Soler de la Vega. ¿Por qué lo preguntas?

—Mi Padre estuvo 100 años reescribiendo el Códice. Aunque lo recuerde, cuando él no esté alguien debe llevar el orden del universo a pie de página. Así hay un Códice infernal y otro celestial, para que nadie más rompa las reglas como tú cuando eras pequeña.

Uriel se acercó a la parte trasera de su oficina, donde un atril de oro sostenía un libro cuyas páginas parecían hechas de luz líquida: el Códice Celestial. Sus dedos largos y pálidos pasaron las hojas con una velocidad sobrenatural hasta detenerse en el año 1979, mes de septiembre.

—Soler de la Vega...—Murmuró Uriel, recorriendo las líneas.—Aquí están los nacimientos de ese día. Un futuro panadero en Madrid, una científica en Tokio, un asesino en potencia en Bogotá... Pero no hay ninguna Astrid en Miami.

Uriel frunció el ceño y su mano tembló.

—Bueno, tal vez a mi Padre se le olvidó escribir su historia, debe estar en la parte de los perfiles.—Uriel pasa las páginas hasta llegar a la sección de los perfiles y la revisa por completo hasta que se detiene en seco.—¿Estás segura de que esa chica existe?¿No te habrás drogado mucho y la habrás imaginado o algo así?

—Tú sabes que ya no hago eso.—Cloe se cruzó de brazos, irritada.—¿Qué encontraste?

Él da media vuelta para ver a la chica.—No aparece en ningún momento. No hay ninguna mención de ella en todo el libro.

Ambos guardan silencio por un minuto que parece eterno.—Esa Astrid… la nueva ¿se parece a tu Astrid de 1692?

La mención de la Astrid de 1692 le hizo volver a sentir por un instante la misma desesperación que sintió esa mañana.—No… Son completamente distintas pero con ella estoy volviendo a sentir algo en mí que pensé que ya estaba muerto…

—¿No has pensado que la Astrid de Salem haya reencarnado en la de Miami? eso podría llegar a explicar por qué tu chica de ahora no está en el Códice.

—No. No reencarnó. Siempre que tengo tiempo libre visito su alma en el inframundo y en Halloween visitamos la Tierra. Además de que mi Padre me hubiera avisado si ella reencarnara.

—Entiendo.—Comenta Uriel.—Pregúntale a Camael, él debe saber algo, aunque no prometo nada. Ten por seguro que no se lo contará a nadie.

—¿Él no estaba visitando la Tierra por San Valentín?

—Sí. Ahora debe estar en Italia.

Cloe siente que el arcángel está evitando algo, como si no quisiera contarle que el Cielo también tiene errores.—¿Qué me estás ocultando?—Pregunta ella, completamente decidida a sacar los trapos al sol.

—¿Qué?—Se hace el tonto.

—Sabes algo y no me lo quieres contar ¿Qué viste en el Códice además de lo que no viste sobre Astrid?

Uriel duda por un momento, no quiere que la chica haga algo estúpido que ponga su vida en riesgo.—...Las últimas páginas del Códice celestial estaban bloqueadas. No eran más de 100, pero de todos modos, eso significa que mi Padre nos oculta algo a mí y al resto de ángeles, y no creo que sea algo bueno.



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En el texto hay: misterio, romance, ficcion

Editado: 20.04.2026

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