-Capítulo 5-
La lluvia había cesado antes del amanecer.
El jardín de la familia Debussy estaba cubierto de pequeñas gotas que brillaban bajo los primeros rayos del sol. Todo parecia tranquilo.
Pero dentro de la mansión, nadie había podido dormir.
Giselle caminaba de un lado a otro en su habitación.
La conversación de su padre y Felix no dejaba de repetirse en su cabeza.
"Prometi el futuro de mi hija..."
Aquellas palabras la perseguían. ¿Qué significaban?
¿Por qué Felix había salido de aquel despacho con el corazón rotó?
Un suave golpe en la puerta interrumpió sus pensamiento.
-¿Puedo pasar? -preguntó Colette.
-Adelante.
La doncella entro llevando una bandeja con el desayuno.
-No ha probado bocado desde ayer señorita.
-No tengo hambre.
Colette dejo la bandeja sobre una pequeña mesa cerca de la ventana.
Después permanecio inmóvil.
Como si quisiera decir algo.
Pero no encontraba el valor; Giselle lo noto enseguida.
-¿Qué ocurre?
-Nada.
-Colette...te conozco desde que aprendí a caminar, cuando dices "nada", siempre ocurre algo.
La mujer sonrio con tristeza.
-Se parece demasiado a su madre.
-¿Por qué todos hablan como si estuvieran escondiéndome la verdad?
Colette bajo la mirada.
-Por que no toda la verdad nos pertenece para contarla.
Giselle se levanto con un movimiento brusco.
-!Estoy cansada de escuchar lo mismo!
Su voz retumbó por toda la habitación.
-Mi padre dice que algún día entenderé, mi madre dice que debe protegerme y ahora tu dices que la verdad no te pertenece...¿¿Acaso soy la única que no sabe que esta pasando??
Colette dio un paso hacia ella.
-No, señorita; usted es la única que aun puede conservar la inocencia.
Aquellas palabras hicieron que Giselle guardará silencio.
-¿Qué significa eso?
La mujer cerro los ojos un segundo.
-Significa...que hay personas capaces de hacer cualquier cosa por proteger a quienes aman, incluso sacrificar su propia felicidad.
Giselle sintio un escalofrío.
-¿Mi padre esta haciendo eso?
Colette no respondió.
Y ese silencio volvio a ser una respuesta.
En ese momento Bernard apareció en la puerta.
-Señorita Debussy, su padre la espera en el despacho.
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Henri estaba de pie frente a la chimenea.
Sobre el escritorio descansaban varios documentos.
Y sobre ellos...
Un pequeño estuche de terciopelo azul.
Cuando Giselle entro, el levanto la vista.
-Siéntate porfavor.
-No, primero quiero respuestas.
Henri suspiro.
-Las tendrás.. hasta donde me sea posible.
-¿Le prometiste mi fututo a otra familia?
Henri tardo varios segundos en responder.
-Sí.
El corazon de Giselle dio un vuelco.
-¿Desde cuando?
-Desde antes que nacieras.
-¿Y jamás pensaste preguntarme si estaba de acuerdo?
Henri bajo la mirada.
-No...
-¿Por qué?
-Por que en aquel momento...no existía otra forma de salvar a nuestra familia.
Las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Giselle.
-¿Entonces solo soy una deuda?
Henri dio un paso hacia ella.
-!No vuelvas a decir eso!
Ella retrocedio.
-¿Y qué otra cosa debo pensar? Me envías con personas que no conozco, arruinas la vida de Felix y pretendes que crea que todo es por amor.
Henri respiro con dificultad, por primera vez las palabras parecían no alcanzarle.
Entonces tomo el pequeño estuche azul.
Lo abrio lentamente.
Dentro descansaba un antiguo medallon de oro.
En el estaban grabados dos escudos familiares entrelazados.
Uno pertenecía a lus Debussy y el otro...era completamente desconocido para Giselle.
-Llévalo contigo.
Ella lo observa confundida.
-¿Qué significa?
Henri levanto la vista.
-Significa que cuando llegues a Italia...comprenderás por que ninguna promesa puede romperse.