Cuando Lucía heredó la vieja casa de su abuela, encontró algo extraño en el ático.
Cubierto por una sábana polvorienta había un enorme retrato.
Al retirar la tela, apareció la imagen de una niña de unos diez años.
Cabello oscuro.
Vestido blanco.
Ojos negros.
Demasiado negros.
En la esquina inferior había una inscripción:
"No la mires después del anochecer."
Lucía pensó que era una broma de mal gusto.
Colgó el cuadro en el pasillo principal.
Los primeros días fueron normales.
Hasta que una noche, mientras iba a la cocina por un vaso de agua, pasó frente al retrato.
Y se detuvo.
La niña estaba sonriendo.
Lucía estaba segura de que antes tenía una expresión seria.
Se acercó.
Observó la pintura.
Parecía normal.
Pero al regresar a su habitación sintió una extraña inquietud.
A la mañana siguiente encontró algo raro.
La niña ya no estaba sonriendo.
Ahora tenía la cabeza ligeramente inclinada.
Como si estuviera observando algo fuera del cuadro.
Cada noche cambiaba un poco más.
Un dedo movido.
Un brazo en otra posición.
La sonrisa más amplia.
Los ojos más abiertos.
Lucía comenzó a fotografiar el retrato para comprobar que no estaba imaginándolo.
Las imágenes confirmaron sus sospechas.
La figura cambiaba.
Noche tras noche.
Entonces decidió investigar.
En el desván encontró un diario de su abuela.
La última página decía:
"Si la niña sale del cuadro, no la sigas. No importa lo que escuches."
Aquella misma noche, a las 3:14 a.m., Lucía despertó por un sonido.
Pasos.
Pequeños pasos.
Corriendo por el pasillo.
Abrió la puerta.
El retrato estaba vacío.
Completamente vacío.
Solo se veía un bosque oscuro pintado al fondo.
Nada más.
Lucía sintió un terror indescriptible.
Entonces escuchó una risita infantil detrás de ella.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Giró lentamente.
No había nadie.
Pero unas huellas húmedas de pies pequeños aparecieron en el suelo.
Una tras otra.
Alejándose por el corredor.
Lucía recordó la advertencia.
No la sigas.
Se encerró en su habitación.
Durante horas escuchó pasos alrededor de la casa.
Puertas abriéndose.
Susurros.
Risas.
Y una voz infantil cantando una canción que jamás había oído.
Cuando salió al amanecer, el silencio era absoluto.
Corrió al pasillo.
La niña había regresado al retrato.
Pero algo era diferente.
Ahora había dos figuras en la pintura.
La niña...
Y una mujer aterrorizada detrás de ella.
Una mujer que se parecía exactamente a Lucía.
Y desde entonces, cada noche, la mujer pintada parece estar un poco más cerca del borde del cuadro.
Como si estuviera intentando escapar.
Mientras la niña sonríe cada vez más. 😱🖼️👧🏻
Y cuentan que cuando la segunda figura desaparezca por completo...
el retrato necesitará a alguien nuevo para ocupar su lugar. 👁️🌙