Donde nace el miedo

La cinta negra

Hace muchos años, en un mercado de objetos usados, una estudiante llamada Martina encontró una vieja cinta de video VHS completamente negra.
No tenía título.
No tenía etiqueta.
Solo una frase escrita con marcador blanco:
"No la veas hasta el final."
Martina sintió curiosidad.
Compró la cinta por unas monedas y la llevó a casa.
Después de buscar un viejo reproductor, la puso.
La pantalla mostró estática durante varios segundos.
Luego apareció una habitación.
Vacía.
Oscura.
No ocurría nada.
Pasó un minuto.
Dos minutos.
Cinco minutos.
La misma habitación.
—Qué aburrido —murmuró.
Entonces notó algo.
Una puerta al fondo estaba ligeramente abierta.
Juraría que antes estaba cerrada.
Siguió mirando.
La puerta se abrió un poco más.
Y un poco más.
Hasta que apareció una figura oscura.
Demasiado lejos para distinguirla.
La cinta terminó.
Martina se quedó intrigada.
Al día siguiente volvió a verla.
Esta vez ocurrió algo distinto.
La figura estaba más cerca.
Mucho más cerca.
Y al final del video parecía estar mirando directamente a la cámara.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
La tercera noche reprodujo la cinta nuevamente.
La figura seguía acercándose.
Paso a paso.
Como si cada vez que la vieras avanzara un poco más.
Martina decidió investigar.
Preguntó al vendedor del mercado.
El hombre palideció al ver la cinta.
—¿La has visto más de una vez?
—Sí.
El vendedor cerró su puesto de inmediato.
—Tírala.
—¿Por qué?
—Porque cuando llegue al final... ya sabrá dónde estás.
Martina regresó a casa aterrorizada.
Decidió destruir la cinta.
Pero cuando abrió el cajón donde la había guardado...
No estaba.
La encontró dentro del reproductor.
Lista para reproducirse.
Sola.
La televisión se encendió.
La cinta comenzó.
La habitación apareció en pantalla.
Pero esta vez la figura ya no estaba allí.
La habitación estaba vacía.
Martina sintió un nudo en el estómago.
Porque comprendió algo horrible.
La figura no había desaparecido.
Había salido.
Entonces escuchó un ruido detrás de ella.
Un paso.
Luego otro.
Muy lento.
Muy cerca.
Con el corazón desbocado, giró la cabeza.
Y vio a alguien de pie al final del pasillo.
Inmóvil.
Oscuro.
Alto.
Exactamente igual que la figura de la cinta.
Martina corrió hacia la puerta principal.
Pero antes de salir miró por última vez la televisión.
La imagen había cambiado.
Ahora mostraba su propia sala.
Su propio sofá.
La puerta por la que acababa de correr.
Y una figura observando la cámara.
La figura era Martina.
Sonriendo.
Mientras algo oscuro permanecía detrás de ella.
Esperando.

Y dicen que la cinta sigue apareciendo en mercados de segunda mano. Siempre con la misma advertencia:
"No la veas hasta el final."
Porque nadie sabe qué ocurre cuando alguien finalmente lo hace.




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