Donde nacen las pesadillas

CAPÍTULO DOS

CAPÍTULO DOS

A la mañana siguiente, me levanté doblemente preocupado. Estar pensando en las palabras de Palíria y en lo que le pudo haber ocurrido a la madre de Francis, que era como mi segunda madre, me tuvo en vilo toda la noche. Era un mal día para convertirse en desterrador.

Rápidamente, tras salir preparado de mi cuarto, vi a mi madre. Ella, inadvertida de lo que había ocurrido la noche anterior, me preguntó si no había dormido bien.

—Tienes cara de cansancio.

Le dije que no era eso, que había sucedido algo. Ella me preguntó qué había pasado. Le conté que Matrierca había sufrido un ataque de varios murciélagos, y en casa. Me preguntó si estaba bien. Le dije que lo averiguaría tras ser nombrado desterrador. Dicho esto, iba a salir de casa. Cuando Francis me llamó.

—Gregor, buenos días.

—Buenos días, Francis. ¿Qué tal tu madre?

—Mi madre está bien. Está estable, pero no sabemos si va a recuperarse.

—¿Es muy grave lo que le ha pasado?

—Sí. Se ha contagiado de algo que aún no sabemos qué es. Te espero delante del Cuartel de los Desterradores, ¿vale?

—Vale.

Y colgó.

—¿Qué te ha dicho Francis? —preguntó mi madre.

—Me ha dicho que me espera delante del Cuartel de los Desterradores, que su madre está estable, pero que no saben si va a recuperarse. Tiene algo. Salgo, mamá.

—Vale. Te veré allí.

—¿Allí dónde?

—En el ala médica.

—Está bien.

Salí rápidamente de casa y me dirigí al cuartel. Durante el trayecto, pude ver algunas casas con las ventanas rotas. No sabía si dichas casas eran de desterradores o de civiles, pero mi madre, sin duda, tuvo suerte de no recibir ningún ataque. Además de ver ventanas rotas, vi algo que me dejó completamente consternado: cadáveres de desterradores, los cuales estaban siendo envueltos en mantas. Era tan macabro lo que estaba viendo, que no pude evitar quedarme quieto, pues algunos estaban siendo incinerados.

“¿Por qué atacaron esos murciélagos?”

Recordando que debía ir al cuartel, proseguí mi camino.

Cuando llegué, entre una multitud de gente entrando, Francis me estaba esperando. Tenía el rostro cansado y abatido.

—Francis, de verdad que no sé qué decir.

—No es necesario que digas nada, Gregor. Está estable.

—Ya, pero tu madre es como mi madre. ¿Saben que tiene?

—No, no lo saben. Por suerte, no pudieron cebarse con ella porque entró en el baño rápidamente, en donde se administró dimentrelina.

—Bien. Menos mal —dije sin decir nada más.

—¿Entramos? —preguntó él.

—Sí.

El Cuartel de los Desterradores, era un edificio moderno de tres plantas de altura que se encontraba en el centro del recinto. Era futurista. Estaba vinculado con tres edificios a los cuales se llegaba en línea recta. Dichos edificios eran caseras, donde había camas, comedores y depósito de armas. También había un gran establo, en el cual solo había caballos. Más allá de él, había un área de instrucción. Y un parking de coches para transportar detenidos y equipos de investigación. Nosotros nos dirigimos al Cuartel, en dónde había un amplio patio rectangular en medio del mismo. Ahí se celebraría la ceremonia. Extrañamente, el cuartel se encontraba en perfectas condiciones, como si todo lo que había ocurrido fuera en una dimensión alterna. No había muchos iniciados ese año, había por lo menos cincuenta personas de nuestra promoción.

Al llegar al patio, nos encontramos con nuestros padres hablando al otro lado de los soportales. No nos saludamos, en su lugar, nos sentamos en las sillas que había dispuestas. Delante nosotros, había unas mesas con un mantel rojo y amarillo que tenían varios relojes inteligentes. Cuando todos nos sentamos, esperamos un par de minutos. Debían llegar más, pues había algunos asientos vacíos. Espero que no les haya ocurrido nada. Ni a ellos ni a sus familiares.

Hubo un gran murmullo durante esos minutos. Pasado el tiempo, nuestros padres se movilizaron y subieron a un púlpito que había delante de ellos. No sabía si mi padre hablaría.

—Buenos días a todos. Aunque no son tan buenos. Hoy nos hemos reunido aquí para promocionarlos como desterradores. Sé que ha sido una hazaña para vosotros aprobar, pues las pruebas no son fáciles, he ahí que seáis tan pocos. Espero que estéis preparados para servir a este pueblo, para cuidarlo y protegerlo, pues como sabéis, somos agentes del orden algo especiales. No tenemos que ver ni con los agentes de policía, ni los Mossos d'Esquadra ni con la Ertzainza. Tampoco tenemos que ver con la Guardia Civil. Porque nuestro cometido, no es velar por la seguridad de una comunidad. Nuestro objetivo es proteger al mundo de toda deidad y de toda criatura que quiera conquistarnos como nos mandó Calídio, hijo de Dementrelina. Dicho esto, yo y mi mano derecha, Célestin , os vamos a hacer entrega de los relojes avanzados de identificación, los cuales os servirán tanto para identificaros como desterradores como para identificar a los civiles de la ciudad. Una vez dado los relojes, debéis ir a vuestro número de taquilla, el cual está grabado en vuestros relojes. Todo está en vuestros relojes, a excepción de las armas y el uniforme, que están también en vuestras taquillas. Dicho esto, podéis venir. Os vamos a entregar vuestros relojes. En ellos podréis ver a qué hora tenéis vuestros turnos y todo.




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