Hay días en los que mi casa está llena de personas, de voces, de pasos y de ruido, pero yo sigo sintiéndome completamente sola.
Nadie sabe cuántas veces cierro la puerta de mi habitación y dejo que las lágrimas salgan.
Nadie sabe cuántas noches me quedo mirando al techo preguntándome por qué me siento así.
A veces quisiera que alguien se acercara y me preguntara sinceramente:
“¿Estás bien?”
Pero no un “¿estás bien?” de esos que se dicen por costumbre. Quisiera que alguien realmente quisiera conocer la respuesta.
Porque muchas veces digo que sí.
Sonrío.
Hago como si nada.
Sigo con mi día.
Pero por dentro estoy cansada.
Cansada de sentir que tengo que guardar lo que siento para no molestar a nadie. Cansada de llorar en silencio. Cansada de preguntarme si alguien se daría cuenta de mi ausencia si un día dejara de hablar.
Y quizás por eso estoy escribiendo este libro.
Porque hay cosas que no puedo decir en voz alta.
Así que decidí escribirlas.
Aquí no tengo que fingir que estoy bien.
Aquí puedo llorar.
Aquí puedo decir la verdad.
Aquí puedo contar cómo se siente estar sola, incluso cuando no estoy sola.