¡Mi queridísimo, mi valiente Mytyu!
La guerra. Es una palabra tan pesada y negra que todavía no puedo creer que concierna a nuestra vida tranquila y soñolienta. Dicen que no durará mucho, pero un pájaro helado se ha instalado inmediatamente en mi pecho.
Me pediste que no llorara, y no lo hago. Estoy ocupada. Lavé todas las ventanas de la casa, trasplanté tus queridas malvas (¿recuerdas cómo las plantaste?). Todo tiene que parecer como si simplemente hubieras salido al mercado, y no al frente.
¿Sabes lo que hice? Saqué nuestra fotografía conjunta del marco. Esa, donde estamos junto al río, y tú te reías tanto que hasta entrecerraste los ojos. La puse junto al icono de la Madre. Ahora cada mañana beso su esquina y rezo por ti el doble de fuerte: para que el poder celestial te proteja, y también nuestro amor terrenal.
Vuelve. Te espero.
Tuya para siempre,
Olesya
P.D. Hoy horneé tu pastel de semillas de amapola favorito. Lo guardo para ti.
Editado: 29.11.2025