CAPÍTULO 1
La jaula de las ocho bocas (La economía de la supervivencia)
Es casi un chiste de mal gusto encender el televisor. En las noticias, un periodista con traje impecable habla con ligereza sobre la importancia de ahorrar. Dicen que hay que guardar un porcentaje del sueldo, que hay que planificar el futuro. Yo los miro desde mi cocina y me dan ganas de gritarles: ¿PERDÓN? ¿Cómo se supone que vas a ahorrar cuando todos los días suben los precios de las cosas? ¿Cómo ahorras cuando todos los días pasan emergencias y todos los días, sin falta, ocho personas tienen que sentarse a la mesa a comer?
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PANTALLA DE DEBATE: LA BALANZA ROTA
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La televisión dice: Tu realidad responde:
"Hay que ahorrar para mañana" "Somos 8 en casa, todo sube a diario
y la comida no puede esperar".
La televisión dice: Tu realidad responde:
"Busque un trabajo extra" "Si trabajo, debo pagar un cuidador.
Trabajaría solo para pagarle a otro".
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En mi casa somos ocho bocas diarias. Ocho vidas que mantener con una realidad financiera que es un asco. La pensión de vejez que reciben mis padres discapacitados es un insulto a toda una vida de trabajo; no alcanza ni para cubrir sus medicamentos y pañales. El sueldo de mi esposo, aunque trabaja duro diez días fuera de casa, se evapora antes de tocar el suelo cuando se enfrenta a los gastos de una familia numerosa.
Muchas veces he pensado en salir a buscar un empleo, en volver a ser esa mujer independiente que generaba sus propios recursos. Pero la matemática de este sistema está hecha para atraparnos. Si yo salgo a trabajar, ¿quién cuida a los ancianos? ¿Quién muda a la bebé? ¿Quién contiene a los niños? Tendría que contratar a alguien externo para que se encargue del cuidado de mi hogar. Al final del mes, todo el sueldo que yo pudiera ganar con mi esfuerzo iría destinado íntegramente a pagarle a esa otra persona. Trabajaría solo para transferirle mi dinero a un extraño que haría lo que yo hoy hago gratis. Es una trampa perfecta. El sistema no cuenta el valor de mi tiempo, ni de mis manos, ni de mi vida. Mi trabajo es el motor invisible del hogar, pero para el resto del mundo, mi balance económico es cero.