CAPÍTULO 6
El reloj de las 4 AM y el descanso cancelado
Son las cuatro de la mañana. La casa está en un silencio profundo, pero mi mente ruge. Mi esposo duerme plácidamente a mi lado, respirando con la tranquilidad de quien tiene el derecho ganado a descansar. Mientras tanto, yo no he podido pegar un ojo. Mi bebé, inquieta, duerme sobre mí, literalmente encima de mi cuerpo, como si su peso fuera un recordatorio físico de que no me pertenezco. La acomodo, cambio de postura, pero el sueño no llega. Sé perfectamente lo que viene en tres horas y el reloj avanza como una amenaza.
A las siete de la mañana se desata la tormenta diaria: preparar a las niñas para el colegio. Hay que peinar a la pretenciosa del medio, regañar a la mayor para que se mueva y alistar a la bebé para el jardín. En mi mente, sostengo una pequeña y desesperada ilusión: “Si dejo a la bebé en el jardín, por fin tendré algo de tiempo para mí, por fin podré acostarme a dormir”. Pero es una farsa. El tiempo de la mujer nunca le pertenece a la mujer.
Cuando regreso a la casa, con el cuerpo molido, mi esposo está levantado y quiere desayunar. Nos antes, comemos juntos y conversamos, pero siempre de lo mismo: deudas, problemas, la logística del día. Termina el desayuno y camino hacia la cama con la urgencia de quien se está muriendo de sueño. Pero la cama tampoco es un refugio. Mi esposo decide que, como los niños no están en la casa, es el momento perfecto para "jugar". Aprovecha la soledad obligatoria. Y yo, en mi rol de compañera, tengo que cumplir. Cuando terminamos, la promesa de la siesta vuelve a cancelarse: ya es hora de levantarme a preparar el almuerzo. Mi cuerpo no descansa; solo cambia de una exigencia a otra.
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PANTALLA DE DEBATE: ¿ESTOY BIEN O ESTOY MAL?
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Tu rutina minuto a minuto: La "ayuda" del esposo en el día:
- 04:00 AM: Sostener el peso de - Lava la loza del almuerzo (pero
la bebé sin poder dormir. deja las ollas sucias).
- 07:00 AM: Peinar a la del medio, - Prende la estufa.
regañar a la mayor, jardín. - Muda a la bebé.
- 09:00 AM: Desayuno obligatorio,
cumplir en la cama como pareja. Su veredicto desde el sillón:
- 11:00 AM: Cocinar, limpiar, "Yo no aguantaría tanto grito de
atender y servir a los padres. las niñas, me volvería loco".
- 04:00 PM: Recibir peleas, gritos,
manejar psicólogo, dentista, Tu respuesta interna:
pastillas, leche y exámenes. "Tú no aguantas un día. Yo llevo
el mes completo, la vida entera".
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Preparar el almuerzo, limpiar los servicios de mis padres, atenderlos en cada una de sus necesidades. Mis padres son discapacitados; afortunadamente aún tienen algo de movilidad y no están postrados, pero eso no quita que exijan una alerta constante de 24 horas: que las pastillas a la hora exacta, que el médico, que los exámenes, que esto y que lo otro. Y cuando por fin logro ganarle un minuto al día para sentarme en el sillón, la puerta se abre de golpe. Llegan las mayores del colegio.
En un segundo, la poca paz que quedaba en el aire se evapora. Comienzan los gritos y las peleas absurdas de la adolescencia: “¡Sale de mi pieza!”, “¡no uses mi perfume!”, “¡ese pantalón es mío!”. La casa se vuelve un manicomio de hormonas y reclamos insignificantes. Mi esposo me mira en medio del caos, suspira y me dice: “Yo no aguantaría tanto”.
Yo lo miro y por dentro me da una risa amarga. ¡Ja! Digo en mi mente. Tú no aguantas ni un solo día con este ruido, pero yo tengo que aguantar el mes completo, los 365 días del año sin derecho a pedir licencia. Para no volverme loca, decido dejar de discutir con las niñas por esas niñerías. Prefiero ignorar el perfume y el pantalón con tal de no sumar más decibeles a mi dolor de cabeza. Y ahí es cuando me pregunto, cuando les pregunto a ustedes, chicas que me leen: ¿Estoy bien o estoy mal? ¿Es normal que prefiera el silencio a educar? ¿Es normal sentir que la casa me traga?
Mientras todo esto pasa, ¿qué hace él en su día de "descanso" en la casa? Lava la loza del almuerzo —pero ojo, solo los platos y los vasos, las ollas las deja ahí porque según él eso es otra cosa—, prende la estufa y muda a la bebé. Para él, eso ya es "hacer de todo". No ve la carga mental que hay detrás. Él no tiene que acordarse de los controles de las niñas, de la compra de la leche, de las citas con el psicólogo, de las visitas al dentista. Pobrecito de mí si se me llega a olvidar algo, porque toda la responsabilidad de que esta maquinaria humana funcione cae sobre mi cabeza. Es asfixiante, es demandante, es una vida donde el olvido es un pecado que no me puedo permitir.