Donde renace la sombra (libro 2)

Capitulo 10

Noah:

Había una tormenta afuera. Pero la verdadera tormenta vivía dentro de mí.

Claudia dormía mal. Su cuerpo se retorcía entre sueños y sus labios susurraban palabras que ya no podía ignorar. Liz… no dormía. Desde hace días su mirada se quebraba cuando nadie la veía.

Y yo… yo estaba a punto de hacer algo que juré nunca hacer: hablar.

Hablar de lo que fui.

Hablar de lo que todavía soy.

La encontré en el taller.

Había oscurecido, pero ella no encendió las luces. Solo estaba allí, sentada sobre el banco de trabajo, abrazándose las piernas.

—¿Puedo sentarme? —pregunté, con una voz que sonó más grave de lo que pretendía.

No respondió, pero tampoco me echó.

Me senté a su lado.

Ambos miramos el suelo, como si las palabras fueran cuchillas cayendo entre nosotros.

—Sé quién es Taylor —dije por fin—. Sé quién es su padre.

Liz parpadeó. No me miró.

—¿Lo seguiste?

—Sí. Y no solo eso. Lo confronté. Y a Alexander también.

Su cuerpo se tensó. Pero seguía en silencio.

Suspiré.

—Te mentí, Liz. Claudia también. Por amor, por miedo, por egoísmo… por muchas razones. Pero ya no podemos seguir haciéndolo. Porque esto nos está alcanzando. A los tres.

Ella se giró. Por primera vez en días, me miró directo a los ojos.

—¿Quién es él… ese hombre? ¿Y qué tiene que ver contigo?

Tragué saliva. Me apoyé contra la pared del taller y hablé.

—Mi nombre completo es Noah Darcourt. Antes de ser tu padre… antes de esta cabaña, antes del taller… yo era algo más.

Yo era el jefe de uno de los grupos criminales más temidos de este país. Controlaba rutas, hombres, armas, vidas. Durante años, fui el miedo en la noche. Y Alexander Kane… fue uno de mis rivales más ambiciosos. Traicionó a los suyos. Traicionó acuerdos. Intentó matarme más de una vez.

Fracasó.

Y por eso me odia. Porque lo hice arrodillarse. Porque lo obligué a desaparecer.

Vi cómo Liz apretaba los puños. La rabia, la sorpresa, el dolor… todo se mezclaba en su rostro.

—¿Y mamá?

—Claudia me conoció cuando ya estaba queriendo salir de ese mundo. Nos conocimos en una cafetería. Ella estaba rota. Y yo… yo aproveché eso. No soy un héroe, Liz. La manipulé, fui celoso, obsesivo, incluso cruel.

Pero ella… me salvó. Me obligó a verme. Me empujó a dejarlo todo.

Y lo hice. Por ella. Por ti.

—¿Por qué no me lo contaron? —dijo, con la voz temblorosa.

—Porque queríamos que tuvieras una vida limpia. Que no heredaras nuestras heridas. Pero fallamos, Liz. Porque el pasado siempre cobra lo suyo.

Y ahora está aquí. Frente a ti.

Ella bajó la mirada.

—¿Taylor… todo fue una mentira?

La pregunta me dolió más de lo que esperaba.

—Él fue enviado por su padre. Para acercarse a ti. Para estudiarnos. Para destruirnos desde dentro.

—¿Y todo fue falso?

—No lo sé —admití—. Algo cambió en él. Lo vi. Pero eso no borra lo que hizo. Ni lo que está dispuesto a hacer.

En ese momento, Claudia apareció en la puerta. Sus ojos estaban hinchados. No hacía falta preguntar si había escuchado todo.

Me acerqué a ella. Le tomé la mano.

—Tenemos que irnos —dije, firme—. No podemos seguir aquí como si nada pasara. Ya no es seguro. Ni para ti, ni para Liz, ni para mí.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó Claudia, temblando.

—Digo que Alexander no va a detenerse. Que Taylor está atrapado entre dos mundos. Y que, si no nos preparamos, vamos a perder.

Ya no hay vuelta atrás.

—¿Quieres… volver a ser ese hombre? —Claudia susurró, como si le costara respirar.

—Quiero ser el hombre que los proteja. El que ustedes necesiten. No el que quieren recordar.

Liz se acercó. Me abrazó. Fue un gesto torpe, tenso. Pero estaba ahí.

—No sé si puedo perdonarte —dijo, con la voz baja—. Pero prefiero conocer la verdad… que seguir siendo una pieza más en un juego que ni sabía que jugaba.

La apreté contra mi pecho.

Y sentí, por primera vez en años, que estaba listo para pelear otra vez.

No por venganza.

Por mi familia.

Por lo único real que alguna vez construí.




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