Noah:
El reloj marca las 03:17 a.m.
He visto las cámaras de media ciudad, cruzado placas de autos, interceptado llamadas en frecuencias antiguas que apenas recordaba cómo usar. He vuelto a hablar con gente que juré nunca más contactar. Tipos con manos ensangrentadas y nombres borrados del mapa.
Y todavía no tengo ni una puta señal de Liz.
Golpeo la mesa. Las imágenes del monitor tiemblan. Mis nudillos sangran.
No me importa.
Ella está allá afuera. Sola. Y con él.
Con el hijo de Alexander Kane.
La traición se me clava en el pecho como un cuchillo oxidado. No solo nos engañó. Nos estudió. La tomó. Y ahora la tiene quién sabe dónde.
Me siento como un animal acorralado. Y un animal así… muerde.
—Noah…
Me giro. Claudia está en la puerta, envuelta en una bata que no logra ocultar el temblor de su cuerpo. Sus ojos están rojos. No ha dormido. Ni una hora.
—No puedo más —susurra.
La miro. Veo en ella a la mujer que conocí hace casi dos décadas. Asustada. Doblada por dentro. Como entonces.
—Está viva —le digo. No para consolarla. Para recordármelo a mí también.
Ella entra. Camina lento. Se sienta en el sofá frente a mí. Y empieza a llorar en silencio. Como si no quisiera molestar ni a la casa.
—¿Te acuerdas cuando me llevaste a ese lugar en las montañas? —pregunta, con la voz apenas audible—. Me dijiste que allí nadie podría encontrarme. Que me protegerías de todos. Incluso de ti mismo.
Asiento. Lo recuerdo todo.
—Y ahora nuestra hija está en algún sitio… y tú estás volviendo a ser él.
—No me queda opción, Claudia —le digo, sin mirarla—. Si quiero traerla de vuelta… si quiero mantenerlos vivos… tengo que volver a ser quien fui.
Ella se encoge. Tapa la cara con las manos. Tiembla.
—¿Y si no te reconocemos cuando esto termine?
No sé qué responder.
Porque yo tampoco sé si podré volver a ser Noah después de esto.
Tal vez el monstruo que enterré solo estaba dormido… esperando un motivo para regresar.
Llamo a Iván, un viejo aliado. Me debe la vida. En su voz hay miedo cuando responde.
—Estoy buscando a una chica. Mi hija. Tienen menos de 24 horas para rastrear la camioneta blanca que salió de la zona de Greenwood. Quiero saber cada lugar donde se detuvo. Si no tienes resultados para el amanecer… ya sabes lo que haré.
—Sí, señor.
Cuelgo.
Cuando vuelvo al salón, Claudia se ha quedado dormida en el sofá. Pero incluso dormida… parece rota. Murmura cosas que no entiendo. Tiembla como si tuviera frío.
La cubro con una manta.
Y me siento frente a ella, observándola.
Años atrás la protegí de un infierno que yo mismo alimentaba.
Ahora… tengo que protegerla de ese infierno nuevamente. De mí.
Y tengo que encontrar a Liz.
Porque si ese maldito muchacho le ha puesto un dedo encima…
Si le ha hecho daño…
No voy a detenerme.
No voy a tener piedad.
Voy a hacer que Alexander Kane se arrodille frente a mí.
Voy a borrar su nombre del mundo.
Y a su hijo…
Lo haré desear no haber nacido.
Editado: 10.01.2026