Donde se detiene el miedo

Capítulo 7: Un empujón, dudas y un casco de moto

No puede ser que el mismo chico que no ha parado de mirarla en toda la tarde ahora se encuentre justo detrás de ella. Si se queda muy quieta, todavía es capaz de notar su respiración agitada. Desde luego, el empujón que se ha llevado el pobre chico de parte de ese desubicado ha sido gratuito y algo fortuito. Pero, como de todo se saca algo bueno, Luna comprueba que su amiga está bien antes de girarse por completo y enfrentar la mirada del chico.

La primera en girarse, con gesto brusco, es ella. Sus ojos se clavan en los de Eren. Lo reconoce al instante.

Y esta vez, él no se queda quieto.

—Perdón, no pretendía asustaros, ha sido un empujón desde atrás. ¿Está bien tu amiga? —pregunta Eren, atropelladamente, sin saber bien si va a decir algo más o quedarse ahí parado, como un idiota.

Ella lo mira con atención. Una mezcla de sorpresa y diversión se dibuja en su rostro. No parece enfadada. De hecho, hasta sonríe.

—No te preocupes, de verdad. La gente es imbécil —le responde, relajando la mirada.

Eren nota cómo su tensión se disipa. Y entonces, con el rabillo del ojo, reconoce a sus amigos en la barra, y decide enviar a las dos amigas de ella hacia allá.

—Si vas donde están esos dos chicos vestidos de negro, ellos te invitan a otra copa por las molestias —dice, mirando a la rubia, que se queja por su camiseta manchada.

Funciona. Mía y la chica rubia —Ara, recuerda de pronto— se van en dirección a Bruno y Lorenzo. Perfecto. Ahora puede quedarse a solas con ella.

—Bueno, ¿me vas a decir ya tu nombre, chica misteriosa, o voy a tener que llevarte con otro borracho para que hables?

Ella lo mira con una ceja alzada, divertida.

—Vaya, creo que la situación te ha subido el ego, EREN.

Él se detiene, sorprendido.

—¿Cómo sabes cómo me llamo, chica misteriosa?

Ella sonríe. No dice nada. Y Eren, por primera vez en mucho tiempo, siente que alguien le está ganando en su propio juego.

Charla con ella. Ríe. Juega. La mira. Se siente torpe, pero vivo. Demasiado vivo. Como si algo en su pecho, que lleva mucho tiempo cerrado, empezara a ceder.

Pero entonces, sin previo aviso, ella se gira y se aleja, desapareciendo entre la multitud.

Eren parpadea, confundido.

¿Dijo algo mal? ¿Fue demasiado pronto? ¿Se asustó?

La sigue con la mirada hasta la barra, donde se une a sus amigas. Decide no forzar nada. Ya bastante valiente ha sido por hoy.

Pero algo le dice que esto no ha terminado.

No después de haberla tenido tan cerca.

No después de haberle arrancado una sonrisa.

La sigue con pies de plomo hasta donde se ubica la muchacha

Luna ríe divertida, viendo cómo su espía de miradas está algo desubicado.

—Te lo diré si tú me dices por qué no has dejado de mirarme en las dos ocasiones en las que hemos coincidido.

—Ah, o sea que te acuerdas bien de la otra tarde en la cafetería. No tengo que sentirme mal por no haberte dejado de mirar.

—Bueno… punto en contra y punto a favor. Digamos que, en este caso, podemos dejarlo en empate.

—¿Me vas a decir tu nombre o tengo que seguir llamándote chica misteriosa?

—Puedes llamarme como tú quieras, Eren.

—Genial, chica misteriosa.

Luna sonríe como una tonta. Ese chico de ojos bonitos ha terminado por desarmarla. Lo ve tan tierno y tan transparente… Es misterioso, pero vacilón. Tiene gracia. Se queda callada durante un par de minutos, observando a sus amigas reír a escasos metros. Para ser totalmente sincera, le apetece mucho más irse con su acompañante de última hora, lejos, y hablar, seguir con ese vacile tonto, saber su nombre… y que para él solo sea la chica misteriosa.

Pero le entra el miedo.

Quizás no debería. Todos saben lo que pasó la última vez, y no está dispuesta a volver a pasar por lo mismo. No puede confiar en nadie. No puede volver a dejar que la destruyan de forma tan cruel. Sin mediar palabra, Luna le da la espalda a Eren, dejándolo confundido, y se adentra en la multitud en busca de sus dos amigas.

Cuando llega a la barra, ve cómo Mía se apoya de forma coqueta en el hueco que hay entre un vaso y otro. Conoce de sobra a su amiga, son muchos años juntas. Sabe que solo está jugando, y también ve cómo los ojos del camarero —el amigo del chico misterioso— recorren el cuerpo de la pelirroja con unas intenciones que no parecen coincidir con las de Mía.

Nota la presencia de Eren otra vez tras ella. Está claro que ese chico no va a ser de los que se rinden rápido ni de los que aceptan un no por respuesta.

—Casi te escapas, chica misteriosa —dice Eren. En respuesta, solo recibe un leve encogimiento de hombros por parte de la chica, que ya no se muestra tan receptiva.

Eren decide no insistir más, y Luna suelta un pequeño suspiro del que luego se arrepiente. El pobre muchacho no tiene la culpa de que ella tenga tantos prejuicios ni traumas.

La noche transcurre serena. Ríen y comentan cosas irrelevantes, juegan a dos verdades y una mentira, bailan y beben. Mucho. Quizás demasiado. Sobre todo Mía y Lorenzo, quienes acaban despidiéndose juntos un rato antes que el resto. Luna sabe que para Mía eso mañana no será nada, pero le preocupa el amigo del chico misterioso.

—Dile a tu amigo el camarero que no se ilusione mucho. Mía es un alma libre. Posiblemente, con la cogorza que lleva ahora, mañana ni se acuerde de esto.

Quizás ha sonado algo más cruel de lo que pretendía, pero Luna sabe por experiencia que eso puede causar problemas más adelante.

—Tranquila, Lorenzo no usa a las mujeres para más de una noche.

Guau. Hasta él mismo se da cuenta de lo despectivo que ha sonado.

Con bastante cara de asco, Luna lo mira. Ese comentario solo puede soltarlo un hombre que ha sido tremendamente despechado.

—Qué asco, de verdad. No sé cómo podéis ser así y quedaros tan anchos.

—Perdón. No quería sonar tan bruto. Solo quería decir que… parece que ambos quieren y buscan lo mismo.




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