Donde se detiene el miedo

Capitulo 11: Con café sin armaduras

El café no está especialmente bueno.

Ni el sitio es gran cosa. Ni siquiera hay buena música.

Pero Eren no se mueve. No se impacienta.

Porque ella está sentada enfrente.

Luna.

Con su chaqueta doblada sobre las piernas y la mirada atenta, pero todavía cautelosa.

Como si estuviera midiendo todo lo que dice. Como si no supiera si está donde debería estar.

Y él lo entiende.

Demasiado bien.

—¿Entonces te levantás todos los días a las siete para ir a la biblioteca? —le pregunta ella.

—Seis y media, en realidad. Me ducho, desayuno con los gatos y me encierro a estudiar con Bruno. Memorizo cosas que espero no tener que usar nunca —responde, con una sonrisa cansada.

Luna se ríe. Esa risa breve, algo seca, que suena como si no la usara muy seguido.

Pero a él le gusta.

Le gusta todo de ella, aunque no sepa por qué.

Hablan de cosas simples.

De las clases, del clima, del caos que es adaptarse a una ciudad sobre el agua.

Ella le cuenta, por primera vez, sobre su amor por el diseño. Sobre cómo necesita crear para no volverse loca.

Eren escucha, de verdad. Se lo graba todo.

Cada palabra. Cada gesto. Cada pausa.

—¿Siempre quisiste estudiar eso? —le pregunta, más por curiosidad sincera que por mantener la charla.

Ella duda. Baja un poco la voz.

—Siempre lo soñé en silencio. Pero solo me animé a decirlo hace unos meses.

Y ahí está, otra vez, ese muro invisible que ambos conocen demasiado bien.

El muro de los que han aprendido a vivir con cosas que no se dicen.

Eren lo reconoce, porque él también lo tiene.

Porque él también carga con una historia que no se atreve a contar.

Una historia que termina en un silencio definitivo, uno del que no se vuelve.

—Yo tampoco dije lo mío en voz alta hasta que... bueno, hasta que ya era lo único que me hacía sentir útil —responde él, bajando la mirada.

No le cuenta más.

No puede contar más.

Anica.

A veces todavía se le escapa el nombre en sueños.

A veces la ve en todos lados, en gestos, en canciones, en una bufanda azul idéntica a la suya.

Y otras veces… solo hay vacío.

Como si el dolor hubiera taladrado tan profundo que ya no doliera, pero siguiera ahí.

---

La conversación gira, y por un rato se olvida del pasado.

O lo intenta.

Hasta que Luna, sin querer, dice:

—¿Tienes a alguien especial por ahí? ¿Una Anica, quizás?

El corazón de Eren se detiene un segundo.

No porque sepa nada.

Ella no sabe.

Pero duele igual.

Traga saliva. Evita mirarla.

—Tuve. Una. Hace mucho —dice, intentando mantener la voz firme.

Luna se disculpa.

Eren asiente. No tiene fuerzas para explicarle que Anica se quitó la vida, que él no lo vio venir, que lo dejó roto de una forma que todavía no ha aprendido a nombrar.

Que desde entonces ha tenido miedo de volver a querer a alguien.

Porque el amor —para él— terminó siendo una especie de ruleta rusa.

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Salen del café caminando despacio.

Eren va con las manos en los bolsillos, observando sus pasos como si el mundo se hubiera vuelto muy frágil de golpe.

Luna camina a su lado, cruzada de brazos, como siempre.

Él no dice nada, pero puede intuir que también se está protegiendo de algo.

Se detienen cerca del canal.

Las luces parpadean sobre el agua.

No hay mucha gente.

Y por primera vez, Eren siente que el silencio no lo aplasta.

Que quizás, esta vez, alguien lo entienda.

Sin preguntar. Sin juzgar.

—¿Te arrepientes de haber venido? —se atreve a decir.

Luna lo mira. Tarda en responder.

Pero cuando lo hace, le basta con una sola palabra:

—No.

Y esa pequeña respuesta le da algo que no sentía desde hacía mucho.

Esperanza.

—Entonces… ¿puedo invitarte otro día? —pregunta, con el corazón más expuesto de lo que quisiera—. Uno sin café malo. Prometo intentarlo.

—Solo si no hay más preguntas trampa —dice ella, con una sonrisa ladeada.

Eren levanta las manos, fingiendo rendición.

—Trato hecho.

Y mientras vuelven a caminar, Eren piensa que no sabe si esto va a salir bien.

No sabe si Luna va a quedarse o a huir como todos.

No sabe si su historia encajará con la de ella.

Pero por primera vez desde Anica…

tiene ganas de averiguarlo.




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